A veces, al leer a Yasunari Kawabata, tengo la sensación de que nos transmite esa idea de que sólo se puede amar profundamente aquello que ni se tiene la seguridad de poseer, ni es del todo real, sino más bien fruto de nuestra imaginación. El amor, en las obras que he leído de Kawabata, nunca es solución ni calma, sólo caos y destrucción.Lo bello y los triste nos narra la historia de varios personajes cuyas vidas se van entretejiendo como preludio de la fatalidad: Oki es un escritor de relativo éxito, cincuentón, casado y con dos hijos mayores. A finales de diciembre viaja solo a Kyoto para escuchar las campanas del nuevo año, aunque en realidad lo que desea es reencontrarse con Otoko, su antigua amante. Cuando se conocieron, Oki rondaba los treinta y Otoko sólo tenía dieciséis. La suya fue una pasión abrasadora. La intensidad del amor de la muchacha era tal que se plegaba a todos los deseos de Oki. Él estaba casado y la joven lo sabía, pero aun así siguieron con el romance. Otoko se queda embarazada y pierde la criatura debido a la patética clínica a la que la llevan Oki para no ser descubierto. La muchacha casi enloquece al perder al bebé y, más tarde, cuando su madre se la lleva a Kyoto para separarla de Oki, enloquece totalmente y pasa varios meses en un hospital psiquiátrico. Otoko jamás olvida a su primer amante, pero llega un punto en el que no sabe si ama a Oki, al recuerdo de Oki o a ese Oki que ha idealizado con el paso de los años precisamente por ser un amor imposible. Por su lado, Oki no ha podido olvidarla tampoco, de hecho se hace famoso con la novela Una muchacha de dieciséis, en la que narra esta historia de amor. Ese sentimiento perdura en su corazón porque la belleza de Otoko es incomparable y su forma de amarlo y complacerlo es para él algo sagrado e irrepetible. También ama a una Otoko idealizada, a un amor que le parece más dulce por haber sido imposible. Ese día de finales de diciembre, Oki y Otoko se vuelven a encontrar. Han pasado veinte años desde la última vez que se vieron. Ella es ahora una famosa pintora. A su reencuentro con Oki no va sola, lleva a Keiko, una joven de belleza perturbadora que es alumna de Otoko y vive con ella. Otoko evita en todo momento que haya nada demasiado personal y comprometido entre ella y Oki. Keiko, la joven y bella pintora, es amante de Otoko y decide vengarse de Oki por todo el daño que le ha causado a su adorada maestra… En esta novela, se muestra el deseo de Kawabata por comprender el universo femenino. Los personajes masculinos (Oki y su hijo Taichiro) permanecen más bien ajenos a las tormentas interiores que se desatan en las mujeres que los rodean. Actúan, creen comprender, pero no comprenden nada. La obra nos muestra tres modelos de mujer: Otoko, la amante perfecta, la mujer perfecta que ama, y sufre, y perdona; Keiko, la joven dura y cruel que quiere vengar a su maestra y sale malparada de esa venganza; Fumiko, la esposa de Oki, que sabe de sus infidelidades, de su amor por Otoko e incluso transcribió la novela Una muchacha de dieciséis, que se siente humillada y al mismo tiempo disfruta de los beneficios de la venta de la novela de su marido que tanto la humilla, que siente celos, es violenta en ocasiones, pero aguanta. El autor parece querer decirnos lo peligroso que es el amor para la mujer: la subyuga, la convierte en esclava de sus propios sentimientos, la hace infeliz. Keiko dice en un momento de la novela: “¡Qué estúpidas somos las mujeres!”. Ella no comprende a su maestra y amante Otoko hasta que se ve en una situación similar. Cabe destacar de esta novela, además de lo ya dicho, la descripción de los paisajes de Kyoto, especialmente de los jardines, la elegancia con la que se nos habla de árboles y plantas, de telas y lugares. Y el erotismo. En Kawabata, el erotismo alcanza una cima tan magnífica que merece recibir un nombre aparte. La exquisita delicadeza con la que se describe la desnudez femenina, el contacto de una mano con un pecho, los mechones de cabello que se sueltan de un moño, un pezón erecto y unos labios que se besan es muy diferente a la forma de escribir erotismo que se acostumbra en Occidente. Para Kawabata, es erótico cada pequeño detalle de una mujer bella: un párpado que se cierra, la luz iluminando la curva de una mejilla, un perfil, unos labios pálidos por el deseo. Todo en Kawabata respira erotismo.
3 comentarios:
Hoy terminé la novela de Kawabata y creo que estoy muy de acuerdo con tu reseña. Me gustó mucho.
Estoy leyendo este libro, creo que hoy "se me termina". Lo echare de menos. Uno de los libros que he leido ultimamente que mas me ha llegado. Y un descubrimiento, la verdad. NO habia leido nada de Kawabata.
Coincido contigo en la diferencia sustancial entre las descripciones occidentales y las orientales, no solo en el erotismo, diria yo. Me viene a la cabeza ahora el fragmente en el que se recrea con las gotas de agua que se sostienen en el extremo de las agujas de los pinos. Bellisimo.
Japon principio de la decada de los 50.Buen estudio de personajes femeninos, los masculinos son ambiguos y predecibles.Aunque el sentimiento sobre el que gira la historia es el amor, al acabar la novela se descubre que es la fatalidad.El autor percibe el mundo de una forma elegante(descripciones de paisajes, el amor de otoko, la locura de keiko, el erotismo...) Me gusta
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