SCHULZ, B., Obra completa. Siruela (1998)
Para mí, Bruno Schulz es uno de los autores más fascinantes de la literatura europea del s. XX. Supe de él como traductor al polaco de El proceso de Kafka, pero tardé mucho en leer sus relatos.
Lo primero que llama la atención de este autor es su vida solitaria, sin apenas haber salido nunca de su pequeña ciudad de Drohobycz (Galitza), un territorio que perteneció al imperio austro-húngaro, a Polonia, a la URSS y, actualmente, a Ucrania. Fue artista plástico y escritor, y esto último lo fue por casualidad: sus primeros relatos están basados en cartas que enviaba a una amiga hablándole de sus vecinos y de su familia. Era profesor de dibujo en un instituto y desde muy joven, tras la muerte de su padre, tuvo que hacerse cargo de su familia: su madre, su hermana –cuyo marido se había suicidado delante de ella degollándose con una navaja de afeitar–, dos sobrinas y una prima de terrible carácter. Este gineceo que lo rodeaba será capital para la visión que tiene de las mujeres y que se refleja en su obra. Durante la ocupación nazi de su ciudad, Schulz, que era judío, fue protegido por un oficial que admiraba sus dibujos y finalmente fue asesinado de un tiro en la nuca, en plena calle, por otro oficial de las SS enemigo de su protector. Hablaba polaco, alemán y yiddish. Se carteó con Joseph Roth y Thomas Mann. Fue, junto a Witkiewicz y Gombrowicz, el máximo exponente de la literatura polaca de vanguardia y una de las voces más originales de la literatura europea del s. XX. Y todo ello sin haber salido apenas de la pequeña ciudad en la que vivía.
Los dos libros de relatos de Schulz, Las tiendas de color canela y Sanatorio bajo la clepsidra, son en gran medida autobiográficos. Dice Juan Carlos Vidal, en sus notas a la edición de Siruela (1993), que los tres pilares de su obra son el padre, la provincia y la mujer con látigo. Quizás por esta obsesión con la figura del padre se le compare tanto con Kafka (también la transformación de ese personaje de Schulz, el padre, puede recordarnos un poco a La metamorfosis del checo). Ambos, Kafka y Schulz, describen un mundo oscuro y misterioso, incomprensible en muchos aspectos, laberíntico, pero mientras en Kafka se nota una visión casi desde el desconcierto y la inocencia, en Schulz se descubre una mirada desde el centro mismo del mal. Kafka lo mira desde fuera y Schulz está en el ojo del huracán.
Las mujeres de los relatos de Schulz son de una feminidad y un erotismo casi doloroso, mostradas en todo su esplendor a través de los ojos del autor que las rememora tal y como las veía desde su adolescencia. Recuerdo especialmente a Adela, la hermosísima y carnal criada, de la cual decía el autor en uno de sus relatos: “(…) volvía en las mañanas luminosas cual Pomona de fuego de día acalorado y vertía en su cesta la belleza policromada del sol”, o a Magda Wang, vestida de cuero y con látigo. Estas mujeres de sus relatos se ve
n complementadas con los dibujos del autor recogidos en El libro idólatra. Se trata de dibujos con claros tintes masoquistas (una de sus grandes influencias fue La Venus de las Pieles de Sacher–Masoch) donde los hombres, feos y monstruosos, se arrastran y humillan a los pies de mujeres hermosas y dominadoras.La obra de Schulz quizás peca de un cierto barroquismo lingüístico y, según los cánones actuales, no entraría dentro de lo que llamaríamos estrictamente relato, sin embargo son relatos. Relatos que no persiguen más fin que mostrar el mundo del autor y sus múltiples obsesiones, como el deseo de escapar de un lugar que le atrapaba y la constante del fracaso erótico. No son relatos fáciles de leer. En ocasiones uno tiene que obligarse a seguir adelante y mantener una concentración máxima, no sólo por el lenguaje ornamental, sino por la gran cantidad de imágenes y temas que se nos van apareciendo página a página. Pero leerlo merece la pena: es original, desgarrador y posee un mundo interior tan doloroso y conmovedor como el de Kafka, con quien tanto se le compara. Aunque Schulz tiene un toque pérfido que no encontramos en el checo.

3 comentarios:
He estado buscando este libro por las librerías de por aca sin suerte. Hace un rato, relyendo Estrella Distante de Bolaño, el narrador en uno de los últimos pasajes se encuentra leyendo ese libro traducido por Juan Carlos Vidal.
Siruela ha editado en estos días la obra completa ampliada de Schulz con dibujos del autor incluidos. El título es "Madurar hacia la infancia"
Muchas gracias por el dato, Carlos Roberto. No lo sabía.
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