02 julio 2008

Deseo (Elfriede Jelinek)

Este es uno de esos raros libros que escandalizó en su momento por el (supuesto) alto contenido erótico, dejando en un segundo plano lo más importante: la manera en la que Jelinek nos narra la historia y la crítica feroz de cada una de sus páginas.

Deseo nos cuenta la vida de Gerti, una mujer atrapada en un mundo y una relación que la esclaviza. Su marido (Hermann), director de una fábrica de papel, es adicto a los prostíbulos, pero abandona estos lugares por miedo al sida y comienza a dar rienda suelta a todas sus fantasías con su mujer sin importarle lo más mínimo ésta, que es un mero “objeto” para su propia satisfacción. Ella, alcohólica y desesperada, decide huir de casa, liberarse, pero en su viaje conoce a un joven (Michael) con el que mantiene relaciones sexuales. Él la devuelve a casa, pero ella quiere acostarse con él de nuevo, así que lo busca y cuando lo encuentra, Michael y sus amigos la someten a todo tipo de vejaciones. Su joven amante se convierte también en su verdugo.

La historia que se nos cuenta encierra una crítica profunda: critica nuestra patética existencia, manipulados por la televisión, con trabajos mal pagados y sin quejarnos; critica la destrucción del medioambiente en nombre del progreso, pero va mucho más allá aún: Jelinek hace sobre todo una crítica feroz a la sumisión y opresión de la mujer en la sociedad del supuesto bienestar burgués.

El estilo que utiliza es duro y complejo. Es una novela difícil de leer. El propio lenguaje la hace áspera al lector. No hay palabras bonitas ni devaneos poéticos en sus páginas, sino la dureza de quien utiliza las palabras con ánimo de no dejar indiferente, incluso de hacer daño, de despertar a quien lo lee de su letargo de autocomplacencia.

La deshumanización de los personajes es total, carentes de nombre (excepto los tres que nombré más arriba), de rostro y hasta de rasgos descriptivos. Sabemos que el marido es una bestia que la tiene sometida, que ella es alcohólica y poco más. Después de leerla, uno se da cuenta de que Jelinek no ha dejado a nadie sin criticar: el gobierno, la Iglesia, la situación de sometimiento de la mujer… Y sobre todo, después de leerla, uno se da cuenta de que ésta no es en absoluto una novela erótica, porque aquí el sexo se utiliza como arma de dominio y humillación contra la mujer. Es una novela de denuncia.