21 julio 2008

Guerra de identidad (Déborah Vukusic)

Guerra de identidad (Ediciones Baile del Sol) es un libro de poemas valiente y desgarrador. Se dice en la contraportada que está a medio camino entre el testimonio poético y el monólogo teatral. Es cierto.

La autora, Déborah Vukusic, afronta y rememora su pasado para comprender su presente. Rasca todo lo superfluo de la niñez y la adolescencia para quedarse con lo esencial y averiguar de dónde sale la mujer que es, el porqué de vicios y virtudes, tristezas y alegrías. El juego hermoso de su lenguaje nos lleva por momentos de gran ternura y otros de angustia. La abuela que prepara comidas y es nexo de unión de la familia, el recuerdo del abuelo fallecido con el que compartía cigarrillos, la madre que trabaja de sol a sol y es norte y referente de su hija, su padre presente/ausente y fantasma doloroso, un hombre cuyos ojos “no tienen fondo/ salvo para la mentira”. Y dos mundos: Galicia y la ex Yugoslavia o nueva Croacia. Su madre es gallega y su padre croata, soldado durante la guerra. Y eso, precisamente la guerra, es una constante en estos versos que tienen mucho de testimonio, tienen mucho de discurso en el que se dice: “Mirad, esto he vivido, esto he oído, todo esto perdí y también esto gané. Esta, por lo tanto, soy yo”.

Déborah se presenta como una niña “sola/ aburrida/ crecida entre adultos”, una niña cuyos padres se divorcian cuando ella es muy pequeña. Nos habla de su casa, sus abuelos, su madre, su complejo de “Electra, Edipo femenino” con esa constante de “tú no eres mi padre” a los hombres que se acercaban a su madre. Se nos muestra como una niña que guarda con lacito azul las cartas que su padre le envía, un padre que no está cuando hace falta, pero que regresa cuando a ella se le ha olvidado recordarle, vuelve como un fantasma. Déborah pisa, después de años, otra vez Croacia y huele el horror de la guerra, de la desaparición de dos amiguitas con las que jugaba de niña y que nadie le quiere contar qué les ha ocurrido. Comprende y sufre por el valor de cada víctima. En un fragmento de un poema escribe, refiriéndose a su padre:

(…) atravesando montañas de cartón piedra dice:
“este pueblo lo tomé con mis hombres en 2 días
¡cabrones, hijos de puta! me costó 3 vida”
¿y él?
niño con pelota mujer joven imberbe
viejo niña con su muñeca un bracito
¿de niña o de muñeca?

No se le puede contar a una niña
16 años 17
que su padre es un asesino
no puede enorgullecerse de asesinar
no
delante de su hija

Pero al mismo tiempo la autora no es víctima de las circunstancias: se revuelve, patalea, quiere saber y sabe, y le duele lo que sabe pero lo asume, deja sangrar las heridas y las cura. La autora es hacedora de sí misma, tal y como dice en estos versos hermosos:

(…) me cuento el mismo cuento cada noche
para decirle al futuro
cómo tiene que ser

Este es un libro de versos valientes escritos por una autora que asume todas sus esquinas y sus miedos para comprender quién es ella y quiénes son los que la rodean, y sobre todo para saber qué debe a cada cual en el camino hacia la madurez.

5 comentarios:

LEOFUMOPIO dijo...

Leí en relataria que estas leyendo los cuentos de Cheever , yo estoy leyendo Bullet Park ,y esta buenísimo ¿Cómo va la lectura de los cuentos?.

Marta dijo...

Me está gustando mucho. Había leído algún que otro relato de Cheever hace años, pero en ese momento no me llamó tanto la atención. Ahora, en cambio, me encanta. Escribe ese tipo de relatos que sorprenden por lo bien construidos que están y por toda la marejada de fondo de los personajes.

LEOFUMOPIO dijo...

Personajes: simples , sencillos , la historia de un vecino o de una persona que camina por las calles.
El libro que estoy leyendo esta traducido por Juan Forn , un escritor que también tiene libros muy bellos.
Ahora estoy terminando mi jornada de trabajo en la biblioteca , y llueve sobre la cuidad. Ideal para leer a Cheever en casa junto a un café

marisa dijo...

Gracias por seguir recomendando libros. No hay nada más hermoso que compartir palabras, lecturas, vidas... Que disfrutes en Coimbra.

VUK dijo...

sigo leyéndote... da gusto. quisiera tener tus ganas para no olvidar lo que leo. normalmente pintarrajeo los libros y años más tarde me vuelvo a llevar sorpresas. un abrazo.