20 agosto 2008

Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll)


Marisa me ha comentado que le gustaría que un grupo de amigos que tenemos blogs dedicados a libros hiciéramos un repaso sobre los veinte que nos han marcado. Yo quiero empezar por éste porque, cronológicamente, es el primero que recuerdo que me hubiera sacado de la realidad y metido ente sus páginas. Como Marisa también ha querido imponer una condición para hacer estas reseñas (que se hable del libro de una manera emotiva, no crítica) me gustaría recordar cómo llegó hasta mis manos.

La primera vez que me leyeron el cuento de Alicia en el País de las Maravillas era tan pequeña que mi padre me tenía sentada en sus rodillas y los pies me colgaban, veía el suelo muy lejos. Me lo leyó una tarde de verano, probablemente en agosto, en la cocina de la casa de mi abuela, que es una de esas casas viejas asturianas de aldea que tiene la cocina como primera estancia (entras a ella directamente desde la calle) y es enorme y oscura, con una ventana pequeña por la que penetra la luz a duras penas. Sentados cerca de esa ventana, me leyó mi padre el cuento de Alicia. Era un librito pequeñísimo, con unas diez hojas llenas de dibujos y donde las aventuras se contaban resumidas al máximo, pero me encantó. Solía jugar después en la parte trasera de la casa, cerca de una figal (higuera) enorme y viejísima que fue testigo de todas mis roturas de brazo y mis esguinces (me encantaba escalar). Pensaba que si de algún lado iba a salir el conejo blanco que me llevara al mundo en el que había estado Alicia, era de debajo de esa figal, de entre las raíces que se levantaban del prado, oscuras y retorcidas como los dedos de una bruja. Esa figal estuvo en pie hasta hace unos seis años, cuando un vendaval logró tumbarla. Me pareció gracioso que, al enterarme de lo que le había pasado a la figal, me vinieran a la cabeza el conejo blanco y el gato de Cheshire (a quien siempre imaginé descansando sobre sus ramas, desde la primera vez que me leyeron el cuento).

Es especial para mí este libro porque es el primero que me compré yo. A mí siempre me regalaron muchísimos libros desde pequeña. De hecho, siempre me regalaban libros y muñecas, que no me gustaban demasiado. Y una vez me regalaron un camión estupendo y enorme que tenía un botoncito en la parte delantera para poder cargarlo y descargarlo de piedras. Aun así, seguía prefiriendo los libros. Asunción, una tía de mi padre que era tacañísima y que pensaba que las cosas eran como en sus tiempos, que costaban una perrona, solía darme dinero por Reyes y por el cumpleaños. Una vez se estiró y me dio cien pesetas. Yo metía las monedas en una caja metálica de galletas suizas, junto con cromos y las postales que me enviaba mi tía Lola desde América. Lo que más me ilusionó de aprender a leer fue poder leer yo sola esas postales.

A mí me enseñó a leer mi madre en casa porque no empecé al colegio hasta los seis años (en mi época los niños hacía parvulario, pero no era obligatorio). Como me gustaba tanto que me leyeran, puse mucho interés en aprender porque me imaginaba que iba a disfrutar el doble leyendo yo los cuentos (desde pequeña he llevado a cabo ese lema punk de make yourself). Y en cuanto supe leer bien, quise comprarme el libro de Alicia en el País de las Maravillas, pero el de verdad, no esos cuentos abreviados que me habían leído. No consentí que me lo regalaran mis padres, quería comprarlo yo con el dinero que me había ido dando la tacaña tía Asunción. Recuerdo que el libro costó cuatrocientas pesetas y que mi madre tuvo que poner cinco duros porque no me llegaba.

Leí las aventuras de Alicia en el sótano de casa de mi abuela, un cuartucho al que se accedía por la parte de atrás y al que los adultos sólo podían entrar a gatas de lo pequeña que era la puerta, así que me sentía bastante metida en el País de las Maravillas. Ese sótano, tan pequeño que sólo había servido para que los hermanos de mi abuela se escondieran durante la Guerra Civil, fue el lugar en el que leí tantos libros y tantas veces me escondí jugando, porque había telas de araña y ninguno de mis primos se atrevía a entrar. Era el lugar donde guardaba mis libros, mis tesoros, en una caja de madera que había servido antes para guardar botellas de vino. Pero cuando tenía siete años, los libros desaparecieron del sótano. Nunca tuvimos constancia de quién había sido, pero siempre creímos que la culpable era una vecina de mi edad a la que me negué a dejar más libros después de que me devolviera El flautista de Hamelin todo manchado de chocolate.

Hace un par de años, paseando por Oviedo, vi en el escaparate de una librería este libro de Alicia cuya imagen aparece en este post. Me lo compré y volví a leerlo. Me pareció tan mágico como la primera vez.

Alicia en el País de las Maravillas no sólo es un libro para niños, sino para todas aquellas personas con imaginación y ganas de desafiar la lógica. Es un libro sobre la libertad y la valentía. Y para mí es muy especial porque, de pequeña, al ver por primera vez las ilustraciones de Alicia, yo creí que el dibujante me estaba retratando a mí y que, en realidad, Alicia era yo.

8 comentarios:

rohit dijo...

Hola
Hola
¿Cómo fue su día?
me gustaba su blog
usted es fantástico!

muy bonito blog
fabuloso fantástico
adiós
ten cuidado
nos vemos

hi
hello
how was your day?
i liked your blog
you are fantastic!!!

really nice blog
fabulous fantastic
bye
take care
see you


oi
Olá
Como foi o seu dia?
Gostei de seu blog
você é fantástico!

realmente agradável blog
fabulosa fantástico
tchau
cuide-se
vejo você

Warren/Literófilo dijo...

Es curioso con este libro Marta, aún hoy en día muchos todavía se debaten si es un libro para niños o para adultos, yo en lo personal considero este libro un texto hermético por la cantidad alegorías que posee y las ricas metáforas, Carrol, decía un amigo mio,se tuvo que fumar un leño de mariguana con hongo para escribir algo tan loco, yo en lo personal creo que ese libro hoy en día continía llleno de misterios, un hermoso libro sin embargo. Besos.

marisa dijo...

Gracias por sumarte a la iniciativa. la historia que hay detrás de cada lectura aporta un nuevo matiz. ¡Me encanta el enfoque! En cuanto prepare la sección haré el enlace. Un abrazo

Delia dijo...

Pero mira que eres tierna, que leo estas cosas y te imagino en plan Alicia en el País de las Maravillas. Tuviste que ser una niña maja, maja. Y lo de que te gustaba subirte a los árboles me resulta nuevo, nunca lo hubiera dicho, con lo fina que tú eres. Hombre, eso se puede decir de mí, que soy un poco brutilla :) Pero no te imagino subida a un árbol.
¿A qué se debe tanto cambio de look del blog? ¿Ayer tenías otra plantilla, no?

Marta dijo...

Sí, Delia, es que me confundí subiendo la plantilla y después no podía cambiarla. Un beso. A lo del árbol ni te contesto, pero menos pitorreos, guapina.

marisa dijo...

Ya subí la sección. Gracias por todo. Ahora a ver cuántos se animan. Un besazo.
http://enredandopalabras.es/blog/enredandopalabras/libros-que-nos-marcaron-para-siempre/

La Maga dijo...

Después de leer este post me estoy planteando volver a leer "Alicia en el país de las Maravillas". ¿Has tenido la oportunidad de leer la segunda parte? Creo recordar que se títula "Alicia a través del espejo y lo que encontró allí".

Considero que todos los libros pueden llegar a marcarnos, a ser mágicos, depende del momento en que los leamos.

Besos guapa.

LEOFUMOPIO dijo...

Que historia más bella la tuya y la de Alicia. Te imagino en ese sótano acompañada con esos silenciosos amigos que son los libros.

Lo que es para ti Alicia, para mi es Papelucho un Joven de 7 años, que contaba cosas muy parecidas a las mias.

Saludos

Muy bonito el nuevo diseño tu blog