En Amarillo, Félix Romeo habla de Chusé Izuel, su amigo: escritor, crítico literario y jovencísimo suicida (24 años). Rescata fragmentos de sus relatos, de sus reseñas en la prensa y de cartas que le enviaba. Rescata también los recuerdos (aunque él dice que es imposible recordar). Romeo habla de Izuel y esto le sirve para hablar de sí mismo, para ahondar e indagar en la pérdida de un amigo. Imagino que es imposible evitar la culpa cuando algo así ocurre, ¿qué podríamos haber hecho que no hicimos? Amarillo es una interrogación. Parece como si el autor quisiera entender por qué su amigo se tiró por ese balcón y qué parte de culpa ha tenido él en eso. Y al final, la pregunta queda sin respuesta y aparece una pregunta nueva: ¿pueden las palabras explicar la vida y la muerte?Amarillo es un libro hermoso. Carece de sensiblería. Muy al contrario: trata de mostrar a Izuel y al propio Romeo con la objetividad del microscopio. El autor se abre en canal con un bisturí y vomita lo que lleva dentro. Es, por lo tanto, un libro necesario. Al menos es necesario para su autor y, por extensión, para todos los que quieran bucear en las profundidades de la culpa, de la amistad y de la pérdida. Los lectores asistimos emocionados a la justificación de una vida, la de Chusé Izuel. Es un libro que nos deja con ganas de leer más cosas de Félix Romeo y, sobre todo, nos deja con ganas de leer los relatos de Izuel (Todo sigue tranquilo, ed. Libertarias).
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