12 agosto 2008

Cuentos completos (John Cheever)

Picnic, de Joshua Logan, es una de mis películas favoritas. En ella, William Holden -un trotamundos, un perdedor con un pasado familiar muy triste- llega a un pueblecito de Kansas para que un amigo rico le dé un puesto de trabajo. La contraposición entre éste personaje y la gente del lugar, insatisfecha y fácilmente “escandalizable” por la forma de ser y de comportarse del protagonista, es lo más interesante del film. En todo momento, mientras leía los cuentos de Cheever, pensaba en el personaje de William Holden en esta película y, sobre todo, en los personajes secundarios de ese pueblecito de Kansas.

Emecé Editores publica estos cuentos de Cheever en dos volúmenes. Por más que se denominen “cuentos completos”, no lo son. Hay muchos otros que el autor fue publicando en diversas revistas y que nadie ha recopilado aún, en parte por la reticencia de la familia, que los considera obras menores que fueron escritas por encargo y para poder comer.

Siempre he oído decir que la gente de los cuentos de Cheever es gente normal y corriente. Que sus historias son del día a día. Pero también he leído en alguna parte, que mirada desde cerca, ninguna persona es normal. Eso es lo que hace Cheever: mirar a sus personajes tan de cerca que la aparente normalidad de sus vidas y sus actitudes cae por su propio peso y muestra lo extraordinario, ese pequeño destello de asombro que hace que un texto deje de ser una estampa para convertirse en un cuento. La clase media norteamericana es puesta por el autor bajo un microscopio para conseguir hacer un retrato de la manera que tiene de entender la vida y cuáles son sus vicios, sus miserias.

Entre el amplio número de relatos, nos encontramos un poco de todo: piezas brillantes como El ladrón de Shady Hill, El nadador, Metamorfosis o Adiós, hermano mío y otras piezas no tanto. A pesar de eso (que, por otra parte, es normal; es imposible que todo lo que se escribe sea genial), es recomendable y hasta necesario leer a Cheever. Nadie como él convierte un pequeño detalle en metáfora de la forma de vivir y en la infelicidad de toda una nación. Nadie como él crea personajes aparentemente anodinos para descubrirnos unas páginas más tarde su vida y su pasado cargados de secretos.

Las historias de estos relatos nos llevan por la geografía americana de la mano de personajes infelices. En algunos cuentos, el autor introduce una nota de esperanza que redime a los protagonistas y al propio lector. En otros relatos ni siquiera eso: asistimos a la existencia desoladora de personajes que han perdido la fe en sí mismos y en el mundo que les rodea.

6 comentarios:

Warren/Literófilo dijo...

Cheever es maravilloso, me leí una antología de cuentos, pero en inglés y hubieron dos cuentos de los muchos y magnificos que posee, que me llamaron poderosamente la atención, el Nadador como no, y una visión del Mundo. Cheever es como Monterroso, un caramelo de cianuro. Un beso y te linkeo.

mariano skan dijo...

Tengo que comentar. Cheever es sensacional. Lei Bullet Park y relatos, mi preferido de ese libro: el ladròn...Cheever escribe mucho sobre los alcohólicos, no son nada normales sus personajes. La mayoría atormentados, reprimidos, adictos e infelices.

Leíste su Diario?


Cheever, un grosso¡¡¡¡

saludos

Sentenciero dijo...

Qué clase de hallazgo este blog. Me gustaría comentarte más de la obra de Cheever, pero de él no he leído más que tres cuentos (recuerdo bien The Hartleys porque es imborrable su marca). Voy a pasar por acá a menudo.
Saludos.

LEOFUMOPIO dijo...

Es muy bueno que gracias a las reediciones, podamos disfrutar de la maravillosa prosa de Cheever y Onetti. Escritores que antes solo, se podían encontrar en librerías de viejo, sí la suerte estaba de nuestros

ana. dijo...

aquí regresaré siempre!!! Precioso desván.

Anónimo dijo...

no se llaman cuentos completos, sino relatos