21 agosto 2008

Las virtudes cardinales (Natalia Menéndez)


Las virtudes cardinales (Premio Ana de Valle, 2006) es un libro de poemas para enfrenarse a los reveses del amor, para sacar fuerzas de alguna parte (e indagar de dónde se pueden sacar esas fuerzas) que nos ayuden a continuar. Los versos -limpios, sencillos, candorosos y con un punto de melancolía- nos descubren a una poeta replegada sobre su mundo y sus vivencias para tratar de buscar dentro aquello que puede ayudarla a comprender lo de afuera. El amor y la distancia, la desorientación ante las pérdidas, los finales civilizados que nos dejan con la resaca del porqué y con el dolor prendido en alguna parte de la memoria o los finales que son paréntesis para posteriores caídas, esto es lo que vamos a encontrarnos en este poemario que se divide en cuatro partes, tomando como elementos unificadores las cuatros virtudes cardinales: fortaleza, templanza, prudencia y justicia.

Son constantes de estos versos la memoria como algo doloroso y el olvido como algo no deseado. Me recuerda un poco a aquel poema de Aleixandre: “Recordar es obsceno./ Peor: es triste./ Olvidar es morir”. Muy frecuentes son también las exaltaciones del momento amoroso. Los poemas finales me gustan especialmente. Están escritos desde una mayor distancia que todos los anteriores y con una visión menos cegada por la pasión y el amor. Muestran la fortaleza y la debilidad del yo poético frente a esa imagen empequeñecida y derrotada del ser que había amado, y aun así, todavía perviven destellos de deseo. No hay concesiones ni siquiera hacia sí misma en estos versos. “No te demores y dime un no/ que me aniquile lentamente”, dice. Dejo aquí, para que lo leáis, mi poema favorito del libro (los tres últimos versos me parecen fabulosos).


Eso que ves en el espejo es tu propio rostro
que muda su gesto vanidoso igual que las hojas
se desprenden de la escarcha.
Hasta tú mismo, que te creías torre férrea,
dejas tras de ti un rastro amargo
de héroe derrotado.
La realidad que no muere se transforma.
Te sorprendería la flor carnívora
en la que me he convertido.



4 comentarios:

Le Santi dijo...

Me gustaron mucho esos versos, a pesar de mi desconfianza hacia la poesía que expresa explícitamente reflexiones filosóficas. Por eso me gustan más los dos últimos versos, que son más íntimos y no tanto el antepenúltimo, que es como una sentencia filosófica.

Qué cosa eso de los espejos. Qué miedo. Pero está todo ahí. Coraje para mirarlos es lo que hace falta.

Warren/Literófilo dijo...

Gracias por la reseña, nunca se termina de leer por lo que veo. Si querés literatura de acá podemos hacer un trueque, ahí me decís y te armo un buen combo.

Molly Bloom dijo...

"Te sorprendería la flor carnívora
en la que me he convertido" Me ha encantado esta frase

Marta dijo...

Muchas gracias por el ofrecimiento, Warren.