25 agosto 2008

RELEYENDO: Rock Springs (Richard Ford)


Estos últimos días he estado releyendo Rock Springs, un grupo de diez relatos donde la mala suerte, la desilusión, la derrota y la desesperanza campan a sus anchas en cada una de sus páginas. Lo releí porque me gusta releer, de vez en cuando, las obras que me impactaron. Tiendo a pensar que al leerlas por segunda vez el deslumbramiento será menor, pero casi siempre me equivoco.

La primera vez que llegó este libro a mis manos, hace ya muchos años y en una edición antigua que me dejó un amigo, yo pensaba que en los relatos tenía que pasar algo, pero algo inmenso como un cataclismo al que se tenían que enfrentar los personajes. Mi amigo me dejó este libro de relatos y me encontré con varias historias donde, desde mi punto de vista de ese momento, no pasaba nada, porque lo que pasaba era tan aparentemente insignificante que yo, acostumbrada a una literatura menos sutil, no lograba captarlo. Tenía diecisiete años y estos relatos cambiaron mi concepción de la literatura en general y del relato en particular. Después vinieron Carver, Salinger, Cheever y tantos otros, pero Ford fue el primero que me mostró que los pequeños incidentes del día pueden cambiarnos tanto la vida como un desastre natural o la muerte de un ser querido.

Estos relatos, que transcurren en su mayoría en Montana, nos cuentan las historias de parejas y ex parejas, de hombres que están a punto de entrar a la cárcel y, antes de eso, quieren ver a la mujer que amaron y que ya no les ama, u hombres que, para evitar ir a la cárcel, suben a toda su familia a un coche y se van a otro estado. Personajes, todos ellos, sin un sitio al que ir, sin una esperanza para continuar adelante o con ilusiones que la mala suerte se encarga de destrozar.

Si tuviera que quedarme con un relato de este libro, a pesar de que todos ellos me parecen estupendos, elegiría Niños. Cuando lo leí por primera vez, tenía la misma edad que los protagonistas y fue un verdadero shock encontrarme frente a frente con esos muchachos sin ilusiones, sin posibilidad de salir de ese mundo gris en el que viven. Lucy es una adolescente que huye de su casa buscando quién sabe qué y acaba acostándose con un hombre que conoce en un bar. El hijo de ese hombre y su amigo, de la misma edad que la chica, la llevan a pasar el día cerca del río. Los tres son personajes heridos, bien porque desean lo que nunca podrán tener (o porque ni siquiera saben lo que desean y eso les genera dolor), bien porque están completamente solos, y esa soledad, esa incapacidad para comunicarse con los demás y decirles lo que verdaderamente les ocurre, la muestra Ford como ningún otro autor que yo haya leído. Quizás esto es lo que más me gusta de él: la capacidad para hacerte sentir la soledad de sus personajes como si fuera un abismo que se aloja en tu propio estómago.

4 comentarios:

marisa dijo...

Me gusta eso que dices de "releer". Es fantástico volver de nuevo a un texto. Como siempre te felicito por tu reseña. Me apunto este título. Besos

M dijo...

La verdad es que Ford es de los pocos cuentistas a los que les aguanto que acaben los cuentos discursivamente (cuando la acción y el sentido secreto del texto están más que cerrados), sólo porque me parece tan bello y luminoso -herido también sería la palabra- eso que, casi siempre, llega a apuntar.

Creo que es posible que, una vez más, me acerque a Rock Springs con el desvelamiento de la primera vez.

Warren/Literófilo dijo...

Cuando uno relee un texto a veces lo encuentra mas chico o mas grande, por ello prefiero a quedarme con la primera impresión de un texto, y bueno Richard Ford es de los escritores importantes en estos momentos a nivel mundial, sin duda alguna. Un saludo.

LEOFUMOPIO dijo...

Mi libro perfecto de Ford , es el día de la independencia , recuerdo incluso los lugares donde leí ese libro. Ford un grande.