03 septiembre 2008

Entrevista: Juan Carlos Márquez

Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) ha ganado premios como el Unión Latina 2003 (Premio Internacional Juan Rulfo al mejor escritor novel), el VIII Certamen Internacional "Rafael González Castell" (2005) y el Premio Tiflos de cuento en 2008, año éste en el que aparecen publicados sus libros de relatos Oficios y Norteamérica profunda. También está presente en la antología Parábola de los talentos. Compagina, además, la escritura con su labor como profesor de la Escuela de Escritores.


1. Oficios y Norteamérica profunda tienen dos estilos claramente diferenciados. He leído en una entrevista que fuiste escribiendo los cuentos de ambos libros casi al mismo tiempo y, sin embargo, yo hubiera dicho que fueron escritos en épocas distintas. ¿El propio relato te impone el estilo o hay un ejercicio consciente para no repetir fórmulas y estilos de unos libros a otros?

Pudiera decirse, como bien afirmas, que es el propio relato el que determina el estilo. No obstante, reconozco en mi escritura cierta bipolaridad: historias concebidas de forma visceral y lúdica (la mayoría de Oficios) que se alternan con otras más cerebrales (el grueso de Norteamérica profunda), derivas frente a cauces. No sé qué ocurrirá en los próximos años y en los próximos libros, sí es que los hay, pero sí que me atrae, y mucho, seguir escribiendo libros distintos, desaparecer como autor reconocible o, al menos, reinventarme.

2. Creo que todos los autores tienen una serie de temas obsesivos, temas de los que probablemente tratan de huir en ocasiones, pero que acaban imponiéndose casi sin poder evitarlo. ¿Cuáles son los tuyos?

Supongo que todos los que no tienen remedio: la muerte, la estulticia, lo oculto, lo que parece y no es o bien es algo muy distinto.

3. Al leer tus cuentos, queda en el paladar del lector un regusto muy especial: humor, ternura, poesía. Me llama la atención, por ejemplo, la manera en la que rompes los momentos realistas o la cotidianidad del día a día con destellos de surrealismo y hasta de absurdo. ¿Qué importancia tiene para ti, como escritor y como lector, precisamente esto: el humor, el absurdo y el surrealismo?

El humor es para mí un antídoto contra la certidumbre de la muerte, es pura vitalidad, y surge básicamente de lo absurdo y de lo surreal, de aquello que trastorna, descoloca o le da un vuelco a lo real. Lo que nos hace reír o sonreír tiene difícil acomodo en lo real, queda al margen.

4. Como lectora, agradezco mucho el estilo que se diferencia de Carver y de Richard Ford. No porque no me gusten (al contrario: los considero maestros del relato), sino porque a veces he tenido la sensación, al leer a algunos autores, de que leía a alguien que trataba de escribir como Carver. Tú, sin embargo, te consideras deudor de estos autores y también de Cheever, Salinger o Capote, pero ni siquiera en los cuentos de Norteamérica profunda se ve un calco del estilo de ninguno de ellos. Da la sensación de que has interiorizado estas lecturas y las clases de buen hacer que ellos nos muestran en sus relatos, pero te han influido a un nivel más profundo. Me gustaría que nos comentaras con qué te has quedado de cada uno de ellos.

Más que de con qué me he quedado, he de hablar de con qué me hubiera gustado quedarme. La contención de Carver, ese afrontar las relaciones humanas sin caer en la pornografía sentimental, fue para mí un descubrimiento, así como la minuciosidad y el tino con que elige y despliega las metáforas de situación. De Ford me quedo con su gusto exquisito por los detalles, que consigue convertir en piezas de un mecano narrativo de gran calado. Cheever es un maestro a la hora de afrontar los temas universales, lo hace sin aspavientos, como que no quiere la cosa. Salinger quizá sea el mayor turbador de la literatura del siglo XX. Capote es el rey de la fluidez y el dueño de una de las mejores prosas que pueden leerse. Todos ellos forman parte de mi altar privado de escritores, donde también figuran muchos no norteamericanos.


5. Me parece que hay mucha deuda al cine en Norteamérica profunda. Al leer algunas descripciones de lugares y personajes, incluso en el tono de los relatos, veo destellos de viejos films y también de otros más actuales. ¿Qué películas piensas tú que han creado ese imaginario que plasmas en este libro?

Mi deuda con el cine es enorme. Antes de dedicarme a la escritura, fui un cinéfago de tomo y lomo, y en cierta forma, aunque en menor medida, lo sigo siendo. A lo largo de mi vida es seguro que he visto mucho más que he leído, como supongo que les ocurre a la mayoría de los escritores contemporáneos, incluso a quienes reniegan de la imagen. No sé exactamente (no puedo saberlo) cuáles son los filmes que contienen el imaginario del libro, pero sí que puedo nombrar algunas de mis películas y mis directores favoritos: Centauros del desierto, Pasión de los fuertes, Las uvas de la ira y Qué verde era mi valle, de Ford; los ríos y La fiera de mi niña, de Howard Hawks; casi todo Capra y Lubistch; Billy Wilder al completo; Los viajes de Sullivan, de Preston Sturges; El emperador del Norte, de Robert Aldrich; Deliverance, de Boorman; El increíble hombre menguante, de Jack Arnold; Freaks y Muñecos infernales, de Browning; Ultimátum a la tierra, de Robert Wise; el cine de pocos medios, doncellas enterradas en vida y neblinas en el bosque de Roger Corman; Coppola, Lucas, Spielberg, Eastwood, Tarantino, etcétera. La lista sería interminable.

6. Oficios es uno de esos libros que se lee con envidia insana: personajes maravillosos, historias asombrosas, en definitiva, un libro que engancha y que, desde luego, es diferente. El libro que cualquiera querría haber escrito. Visto ahora desde la distancia, y haciendo referencia al título, ¿cómo dirías tú que influyen en tus personajes los oficios que desempeñan?

Los oficios condicionan en el libro las distintas personalidades de una manera determinante, funcionan como generadores o proyecciones de estados mentales. El protagonista de Desinsectadores, madres posesivas y prostitutas es un exterminador de plagas que se lleva el trabajo a casa, y el de Agentes de mudanzas y pintoras parisinas no consigue encontrar su lugar en el mundo, es incapaz de “establecerse” sentimentalmente, por citar un par de ejemplos. De la misma manera, la protagonista de Faquires, decoradoras de interiores y geishas acaba perdiendo la perspectiva de lo que es real y lo que es un decorado, puro atrezo. Ya lo dejó dicho Aristóteles: “Somos lo que hacemos cada día.”

7. El espacio parece marcar el comportamiento de tus personajes. También el tiempo. ¿Qué importancia tienen ambos cuando te enfrentas a la escritura de un relato? ¿Y el narrador? Porque he observado que sueles utilizar narradores en primera persona, los que más fácilmente traicionan al escritor y caen en sensiblerías, pienso, porque son los que más “chirrían” si no se da con el tono adecuado y creíble, sin embargo, los tuyos son muy logrados.

Me gusta jugar con el espacio y el tiempo. Es arriesgado, lo reconozco, pero si se tiene la suerte de atinar, puede conseguirse un “plus” para el cuento. Voy a poner un par de ejemplos que espero que sean clarificadores. La sombra de las acacias, el cuento que encabeza Norteamérica Profunda, está narrado en presente histórico. Se narran en presente una serie de hechos que transcurrieron hace tiempo (Al poco de morir papá victima de una granada que le estalla entre las manos cerca de Saigon –de eso hace ya más de quince años-, mamá se emplea de camarera en Magic…). Con esa apuesta, que asumí tras un período de reflexión, se corre el riesgo de descolocar un poco al lector, sobre todo en el comienzo del texto, pero se obtienen dos ventajas claras: por una parte, desaparece en buena medida o pasa a un segundo plano en la mente del lector la sombra alargada del típico relato de un adulto recordando su infancia; por otra, da la impresión de que lo que ocurre está pasando aquí y ahora, con lo cual el interés se supone mayor, porque siempre será más atractivo asistir a lo que pasa que a lo que ya pasó.
En Salvajes, en cambio, lo que me interesaba era crear un efecto poco frecuente mediante el uso del espacio. Por lo general, los cuentos opresivos, que orbitan en torno a una amenaza, se desarrollan en lugares cerrados. Sin embargo, yo intenté trasladar el clima opresivo de la casa de los protagonistas a los grandes espacios, al bosque, los trigales, el río, como ocurre en muchos westerns y en el cine bélico. Intento mediante el espacio transmitirle al lector la sensación de que los protagonistas no están seguros en ninguna parte, ni lo están ni van a estarlo jamás.
En cuanto al narrador en primera persona, me siento cómodo con él porque es el que más y mejor me permite desdoblarme o convertirme en otro, pero es cierto que para llevarlo a cabo con cierta solvencia se precisan un tono y una atmósfera muy apropiados.

8. Parábola de los talentos es una antología de jóvenes cuentistas. Coméntanos cómo surge este proyecto y háblanos un poco de los otros “parabolistas” que te acompañan. A mí me han parecido especialmente interesantes los relatos de Matías Candeira.

Hace dos veranos, a la vuelta de un viaje por China, me topé con un correo electrónico en el que se me invitaba a participar en la antología, pero se me advertía de la dificultad para ser seleccionado. Me consta que una serie de escritores y profesores de escritura, bajo la coordinación de la editorial Gens, dedicaron mucho tiempo y energías a la selección de los relatos, que abarcó centenares de autores y cuentos. Una vez leída la antología, me sentí muy honrado de formar parte de ella, porque la mayoría de los relatos me parecieron muy buenos. Digamos que Parabola de los talentos fue mi primera publicación “seria”, aunque Norteamérica profunda ya estaba por entonces pendiente de edición. A raíz de la publicación del libro, los parabólicos hemos mantenido un contacto bastante estrecho, muy amistoso, así que a la admiración literaria se ha unido la personal, por lo que me resulta muy difícil exhibir mis preferencias. No obstante, me parecieron excelentes los relatos de Ignacio Jáuregui, Enrique Triana, José Luis Pereira, Aldara Fernández de Córdova y, como bien apuntas, Matías Candeira. Creo que Matías, buen amigo, es una realidad prometedora y le deseo mucha suerte con La soledad de los ventrílocuos, su primer libro de relatos, que será editado en los próximos meses por Ediciones Irreverentes.

9. Me gustaría que nos comentaras cómo es tu proceso de creación, cómo transformas ese primer destello de idea en un relato. Es más: cómo sabes que ahí donde has posado la mirada hay una historia que contar.

Depende. A veces el proceso es como desmadejar una bobina de lana. En realidad no sé si hay o no una historia hasta que no toco con mis dedos el extremo final de la lana. Otras, por el contrario, es un destello el que me ilumina la historia, como ocurrió con Braceros, oficiales de primera y amas de casa, cuyo germen fue un error de mecanografía: una alumna mía tecleó sin querer teníamos un bracero bajo la mesa en lugar de teníamos un brasero bajo la mesa. A mí, en principio, me hizo mucha gracia el desaguisado, pero luego le vi posibilidades poéticas y simbólicas en el marco del desarrollismo español, así que le pedí permiso a la autora de la errata y me puse manos a la obra.

10. Desde tu punto de vista, ¿qué es imprescindible para que un relato sea considerado como tal y no simplemente un texto, una estampa o una anécdota?

Que se plantee y se resuelva un conflicto, aunque sea mínimo. Que al terminar el relato al menos alguno de los protagonistas haya experimentado un cambio o haya tomado conciencia de algo que hasta ese momento le había pasado inadvertido.

11. Dinos cuáles son tus autores favoritos (los que te han marcado como escritor) y qué libros de cuentos has leído últimamente y te han impresionado.

No sé cuáles me han marcado, así que escribiré a vuela pluma algunos que hubiera querido que me hubieran marcado: Chéjov, Dovstoiesky, Tolstoi, Cortázar, Borges, Arreola, Proust, Joyce, Melville, Stevenson, Conrad, London, Bradbury, Carver, Poe, Ford, Faulkner, Capote, Salinger, Bukowski, Hemingway, Steinbeck, Mihura, Celaya, Aldecoa, Beckett y un larguísimo etcétera.
Entre los últimos libros de cuentos que he leído, me impresionaron los cuentos de la primera mitad de Mil cretinos, de Monzó; varios de Sicilia, invierno, de Ignacio Ferrando; y el libro de microrrelatos Cuentos del jíbaro, de Juan Gracia Armendáriz. Aunque en el último año se han publicado muchos libros buenos de cuentos, casos por ejemplo de Gritar, de Ricardo Menéndez Salmón, Porvenir, de Iban Zaldua o Nosotros, todos nosotros, de Víctor García Antón, por citar algunos.

12. Me gustaría que nos hablaras del cuento en España actualmente. ¿Crees que es un género que goza de buena salud y del reconocimiento que merece o piensas que algunos siguen viéndolo como un género menor? Las grandes editoriales apuestan poco por él y la mayoría de la gente le pregunta a los cuentistas cuándo darán el salto a la novela, como si el cuento fuera un escalón a superar para llegar a otro lugar y no un lugar en sí mismo. ¿Qué piensas al respecto?

El cuento, hoy por hoy, no tiene la repercusión mediática de la novela a no ser que el autor disponga de un engranaje de promoción a su servicio, pertenezca a la generación de moda o se muera; pero eso tiene poco o nada que ver con la salud del cuento, que en estos momentos es muy buena. Las grandes editoriales, salvo casos excepcionales como el de Anagrama, van a seguir sin apostar por él con fuerza, y casi mejor que sigan así porque, cuando lo hacen, el resultado no suele ser muy edificante y eso puede confundir a los lectores que se aproximan al género. Por otra parte, lo del salto a la novela y ¿pero escribes cuentos para niños? son dos de las preguntas con las que tenemos que convivir los cuentistas. Lo mejor es no airear por la familia y el barrio que uno es cuentista para no ser objeto de un interrogatorio atroz en las comidas familiares, el zaguán o la pescadería. Es preferible mantenerlo en secreto, como un desliz inconfesable. Pssssssss.

13. Como profesor que eres de la Escuela de Escritores, tengo que hacerte una de esas preguntas de Perogrullo que nunca pasan de moda porque siempre hay quien piensa que el escritor nace siéndolo y está destinado a ello sin que tenga que hacer nada especial para conseguirlo. Por eso te pregunto: ¿se puede aprender a escribir? Es más: ¿se puede enseñar a escribir?

Sí, se puede instruir a los alumnos en un conjunto de técnicas narrativas y asesorarles y motivarles en la elección de sus lecturas, que tienen una función esencial en la formación de un escritor. El aprendizaje, como ocurre en cualquier otra disciplina, artística o no, dependerá de la capacidad de docencia del profesor y de la asimilación del alumno, además del trabajo, la mirada personal sobre el mundo y el talento del segundo. Yo, en los años que llevo como profesor, no conozco el caso de ningún alumno que no haya progresado y sé de algunos que tienen buenos libros publicados.

14. Por último, Juan Carlos, dinos cuál es tu relato favorito de cuantos has escrito y háblanos un poco de él.

Sin duda, La sombra de las acacias, que me valió el premio Unión Latina, porque es el relato que más se aproxima a la idea de él que me había hecho antes de escribirlo y porque lo escribí sin apenas esfuerzo, en un estado casi hipnótico. Lo fui escribiendo como si me lo dictaran al oído, como si yo fuera una barrica y el relato fuera un vino que llevara años madurando dentro de mí. De hecho, es el único relato propio que releo de cuando en cuando. En La sombra de las acacias se encuentra como en ningún otro relato la Norteamérica profunda y todo el imaginario del cine y la literatura que me inició como escritor. Se trata de un relato bastante largo pero de lectura ligera que incluye elementos surrealistas en un marco completamente realista, diálogos, humor ácido, ternura, crudeza. Me gusta.



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9 comentarios:

beltrán dijo...

Ayer encargué ambos libros, a ver si me llegan pronto. Me ha encantado la entrevista. El escritor me parece un tipo interesante e inteligente que se ha tomado muy en serio la entrevista y nos da respuestas hondas y pensadas. Sólo con que sus relatos sean la mitad de buenos que sus respuestas en esta entrevista los voy a disfrutar mucho.
Gracias Marta por acercarnos a un autor tan interesante.

Literófilo dijo...

Hola, que interesante este escritor, cuyo blog de vez en cuando paso, lastima que viva del otro lado del Oceano, y no sé cómo hacer para obtener dichos libros.

marisa dijo...

Qué interesante Marta. Me gusta muchísimo.Feliz reinicio de curso. Un abrazo

Hache dijo...

Marta, si te interesa, te invito a que te pases por http://revistahache.blogspot.com

Gracias por tu tiempo.

H.

M (2) dijo...

Hombre, pues gracias a la entrevistadora por lo de "especialmente interesantes" (va, en consecuencia, un abrazo y un bombón de licor para ti), y a JK, mi amigo —conviene remarcar la palabra en su fraternidad— con quien sigo siempre al borde de esta brecha (extraña, dúctil) del relato.

Por cierto, que en otra entrada hay un comentario larguísimo de un tal M acerca de una poeta. No soy yo, que casi siempre leo cubierto por la sombra y sólo asomo la pata en ocasiones.

M (1) dijo...

jajaja Perdón por la confusión. Mi "M" es la inicial de mi nombre, que no me apetece poner aquí. De todos modos, Marta ya sabe quién soy, que por algo somos paisanos y nos encontramos por esta Asturias nuestra muy fecuentemente. Saludos.

Marta dijo...

¿Te conozco? Pues ni idea. El único dato que das es que tu nombre empieza por eme. No sé, no caigo.

David González T. dijo...

Marta, saludos. Soy David, de El Hueco del Viernes. No conocía tu blog. Interesante. Sobre todo las reseñas. Lo enlazo ipso facto Un saludo.

Ignacio Jáuregui dijo...

Marta, lo dicho en otro lado.

A Literófilo: En www.tresrosasamarillas.com puedes conseguir "Norteamérica profunda" y cualquier otro libro de cuentos publicado en castellano, por difícil de encontrar que sea.