Con Norteamérica profunda Juan Carlos Márquez ganó el VIII certamen de relatos Rafael González Castell en el año 2005, aunque no fue hasta este año cuando apareció publicado.
Este volumen está formado por cinco relatos que se desarrollan en esa Norteamérica profunda de la que nos habla el título, pero no como un lugar geográfico, sino como un lugar que está en el imaginario de todos los que han visto cine y han leído a determinados narradores americanos. El autor se hace eco de tópicos (la viuda de un soldado de la Gran Guerra, las descripciones de lugares desérticos, los colonos que construyen sus casas en territorio indio, los presidiarios que tanto nos recuerdan a las grandes películas del género…) y les da una vuelta de tuerca hasta hacerlos aparecer como algo nuevo.
La primera de las historias, La sombra de las acacias (el relato favorito del autor, según él mismo ha dicho) nos acerca a la vida del joven John Middleton, huérfano de un soldado de la Gran Guerra que ve cómo un hombre, que dice estar en deuda con su padre porque le ha salvado la vida, les saca a él y a su madre del miserable Bronx para instalarlos en una granja de Minnesota. El chico nota la atracción entre su madre y este benefactor, y pone todas sus esperanzas en Linda, la hija adoptiva de un hippie que va a trabajar a la granja, para acabar con esa situación. Se dice que el coño de la joven tiene poderes mágicos porque todos los que se acuestan con ella consiguen lo que quieren: formar parte de un importante equipo de baloncesto, superar la tartamudez… Jonh Middleton descubrirá si estos supuestos poderes le ayudan a él a separar a su madre de ese hombre o no.
Los jueves de Pleasent me recuerdan, por su atmósfera aristocrática y decadente, a la Savannah que nos muestra Clint Eastwood en Más allá del jardín del bien y del mal. El protagonista, un aristócrata venido a menos, hereda una casa tras la muerte de su madre y, mientras baraja la posibilidad de venderla, invita a un amigo y su familia. Somos testigos entonces de las aventuras amorosas de ambos personajes masculinos y del instante en que lo que parecía bello se transforma en un problema y pierde toda su magia. El amor y el sexo, en definitiva, parecen salvarles del vacío de la existencia hasta que todo se complica y entonces desean volver a ese vacío cotidiano, una manera absurda de tranquilidad.
Salvajes nos narra una historia de indios y colonos sin caer en esa división de buenos y malos según los cánones de las películas de vaqueros. No hay buenos y malos aquí, sino seres que buscan una oportunidad en la vida, se afanan en conservar las tierras y temen a los antiguos habitantes, los indios. Se hace referencia al pasaje bíblico de Isaías (“Habitará el lobo con el cordero…”) indicándonos quizás que éste es el verdadero problema entre indios y colonos: no haber sido capaces de convivir.
La tierra en pedazos es la historia de una amistad entre dos veteranos de guerra que se encuentran veinte años después en una prisión, uno como preso y el otro como guarda. Pasan el rato charlando y haciendo puzzles. El guarda vive para recordar a su esposa fallecida y el preso está en la cárcel por haber matado a un hombre para defender a la mujer a la que éste estaba maltratando. Es una historia de segundas oportunidades donde el preso, una vez liberado, debe enfrentarse a una situación similar a aquella que lo llevó a la cárcel.
La última de las historias, El espíritu del norte, nos cuenta el viaje en caravana de un hombre y su mujer, a la que le queda un año de vida, para ver la aurora boreal. Es, para mí, el relato más conmovedor de todo el libro. Ese viaje en el que el tiempo se les va escapando entre los dedos y en el que se van enfrentando a la muerte es en realidad, como lo son casi siempre las road movies, un viaje a través de uno mismo y la aurora boreal me pareció en realidad una metáfora del esplendor y el milagro que es la vida cuando uno la vive con la conciencia de que se acaba.
En todas estas historias el autor utiliza un imaginario popular que está en la mente de todos (historias de indios y colonos, presidiarios, road movies…) dándoles un sorprendente giro y transformándolas en algo nuevo, una recreación de toda esa Norteamérica que nos ha llegado a través del cine y de la literatura pasada por la mano personal y acertada de Juan Carlos Márquez. Este es, sin lugar a dudas, uno de los mejores libros de relatos que he leído en mucho tiempo.

2 comentarios:
A mí me ha encantado este libro de relatos, y eso que cuando me lo recomendaste pensé (por el título) que me iba a encontrar con un imitador de Carver y nada de eso. JC Márquez es un escritorazo y estas cinco historias, además de perfectamente engarzadas y construidas, son hermosas y profundas.
Es que te tengo que hacer caso cuando me recomiendas a un autor, Martus, porque tienes muy buen ojo.
Un beso.
Una enorme sorpresa esta bitácora. La de "Norteamérica profunda" es la reseña más exacta y más aguda que he leído sobre el libro.
Y la entrevista con JK no tiene nada que envidiar (todo lo contrario) a las del Síndrome Chéjov, referencia bloguera en estas lides, tanto por las buenas, sesudas preguntas como por las buenas, sesudas respuestas. Enhorabuena a los dos.
Publicar un comentario en la entrada