La palabra clave para describir este libro es “inquietante”. Son relatos de temáticas muy distintas, pero donde la familia aparece de manera constante, seguramente por eso en la versión española lo titularon Mi hermano Stanley, que es el relato que abre el libro y donde la narradora habla de su medio hermano, el hijo que su padre había tenido con su anterior esposa, que había muerto antes de nacer ella y al que sólo conoce a través de un retrato que cuelga de la pared y un álbum de fotos, esto la hace fantasear con otra vida y ayuda a que no se sienta tan sola. En la versión inglesa, el título del libro es The vanishing princess, como el segundo relato (La princesa evanescente o El origen del cubismo), pero también hace referencia a otros dos relatos de princesas, escritos con mucha ironía, a la manera de los cuentos de hadas tradicionales. Lo interesante de estos relatos de princesas es cómo se cuestiona el papel de la mujer en esos cuentos tradicionales, donde ellas tenían que ser rescatadas de su triste vida (Cenicienta) o esperar a que el príncipe las despertara de un largo sueño (La bella durmiente). La princesa evanescente de Jenny Diski ha vivido siempre en una torre en lo más profundo del corazón de un bosque. Siempre ha estado sola, con una cama y muchos libros, esperando a que vinieran a visitarla sus parientes, que la tenían encerrada, aunque siempre engrasaban la cerradura para que ella no oyera la llave, y como nunca sintió necesidad de salir de allí, no tenía conciencia de estar encarcelada. Nunca le dieron de comer, así que no lo necesitaba. Poco a poco dejaron de ir a verla sus parientes y ella no lo notó porque no tenía con qué medir el paso del tiempo. Pasados unos años, llegó un soldado hasta la torre y poco después otro que comenzó a escuchar la historia de la princesa encerrada. Ellos, independientemente, le hicieron probar la comida, le regalaron un espejo, un calendario, y ella comenzó a descubrir lo que era el paso del tiempo, cómo era ella misma o lo que significa esperar a alguien… No cuento el final, porque es precioso y es mejor leerlo.
Encontramos otros relatos maravillosos llenos de personajes inolvidables, suicidios en el metro, amas de casa agobiadas por la monotonía de su vida que se inventan historias fabulosas, mujeres que recuperan lo que fueron en otras épocas a través de los cuartos de baño que tienen en sus casas… Pero hay uno que para mí es especial: Strictempo, donde la música es la mejor medicina contra la angustia existencial y los deseos autodestructivos. Me gustó mucho este relato al leerlo, pero me gustó aún más después de saber que la autora se había basado en una experiencia personal para escribirlo: los meses en los que estuvo internada en un psiquiátrico, a los quince años, porque sus padres no se veían capaces de educarla ni ocuparse ella (¡!). Era su madre la que tenía graves problemas psiquiátricos porque no logró superar que su marido la abandonara, pero en cambio fue Jenny Diski la que estuvo meses encerrada.
Hacía mucho tiempo que no leía unos relatos que me emocionaran tanto. Creo que son, además, una master class de cómo escribir narrativa breve.



