El que posee un talento puede ocultarlo, pero tarde o temprano sentirá la necesidad de sacarlo a la luz porque eso le hará feliz, le hará sentir pleno. Esto parece ser lo que nos quiere contar Isak Dinesen en este relato.Babette es una mujer francesa, una communard que se ve obligada a huir de París, después de que hayan asesinado de su marido y a su hijo, y se refugia en Berlevaag, un pequeño pueblo noruego cercano a un fiordo. Babette trabajará como criada para unas hermanas, hijas de un deán luterano (creador de una pequeña secta que repudia los bienes materiales). En este lugar gris, cerrado, tan lejos de todo lo que ella había conocido y lleno de gente obsesionada con el pecado, se adapta a la vida del pueblo y acaba siendo un ejemplo de austeridad para todos. Pero un día, cuando se cumple el centenario del nacimiento del fundador de la secta luterana, ella (que ha ganado mucho dinero con un billete de lotería) decide invertirlo todo en comprar las mejores materias primas en París y hacer un banquete inolvidable. Las hermanas piensan que es un lujo innecesario, pero la dejan hacer. El banquete consigue llenar de felicidad los corazones de los habitantes de Berlevaag, pero ni ellos mismos creen que se debe a la comida, de hecho la han comido como el que come sus alimentos más insulsos y habituales y ni siquiera le han dado las gracias por todo el trabajo. A Babette le da igual: no lo ha hecho realmente por esa gente, sino por ella misma. En París había sido la mejor chef del momento. Su capacidad genial para prepa
rar platos había estado dormida durante mucho tiempo, pero había vuelto a salir a la luz. Y no lo había hecho por nadie más que por sí misma. Había habido un tiempo en el que los paladares más exquisitos de Francia la aplaudían, y a pesar de que esto enorgullecía a Babette, era la felicidad de cocinar lo que la movía a hacerlo, y no el aplauso de nadie.Este relato me recuerda en cierto sentido a Bartleby el escribiente. Ambos tienen una segunda lectura relacionada con el arte. Si en la obra de Melville parecía defenderse la absoluta libertad del creador sin claudicar ante las imposiciones de nadie (“Preferiría no hacerlo”, dice por toda respuesta el escribiente cada vez que se le ordena algo), en esta obra Isak Dinesen parece querer transmitirnos la idea de que la felicidad del artista, toda su concentración, debe estar en el hecho de crear, de perfeccionar su obra, y no en el deseo de que le aplaudan o le comprendan.
Nórdica Libros nos regala, además, esta versión ilustrada maravillosamente por Noemí Villamuza, con la que ha ganado el Premio Junceda 2007 al mejor libro ilustrado para adultos.







En esta novela no pasa gran cosa. Un grupo de jóvenes japoneses que viven en un mismo apartamento, cerca de una base norteamericana, se dedican a drogarse con todo lo que pillan (de algunas de las drogas ni siquiera había oído hablar), a pegarse entre ellos y pegar a la gente que se van encontrando y a acostarse los unos con los otros y también con todo el que se encuentran. Es una novela que va transcurriendo entre orgías y chutes. ¿Qué tiene de interesante entonces? A mí me ha encantado la lejanía con la que se narran las mayores barbaridades y algún que otro acto más sosegado, en ambos casos el tono es el mismo: libre de prejuicios y de condenas. Las descripciones son maravillosas. O mejor dicho: están maravillosamente hechas, con un estilo sencillo y limpio, centrándose en los detalles que harán que el lector se meta dentro de la historia que lee y huela y casi toque aquello de lo que se habla. Pero aquello que se describe es putrefacto, sucio e infecto. Ya desde el principio de la novela vemos a esos jóvenes drogados, tirados por los suelos del apartamento y rodeados de cucarachas. Eso es lo más suave que vamos a leer.



