25 julio 2008

La casa de las bellas durmientes (Yasunari Kawabata)

Yoshio Eguchi es un anciano de casi setenta años, casado y padre de varias hijas, al que un día un amigo recomienda un local a las afueras de Tokio. Este lugar tan exclusivo es frecuentado por un pequeño número de ancianos acaudalados y sólo se puede entrar con invitación (un anciano habla con la dueña para recomendarle a un amigo). Lo que ocurre en este extraordinario lugar es que los hombres pagan por dormir junto a bellas vírgenes narcotizadas. En ningún momento se despiertan a lo largo de la noche (ellos siempre las ven dormidas y ellas nunca llegan a saber quiénes fueron sus compañeros de cama). La regla de oro es que jamás deben tratar de despertarlas ni hacer el amor con ellas. Sólo dormir y mirarlas.

Eguchi va al local en cinco ocasiones diferentes y comparte habitación y cama (siempre la misma habitación y la misma cama) con cinco jóvenes distintas. Puede contemplar (sin la vergüenza de que vean su cuerpo viejo y destrozado por el paso del tiempo) el esplendor de la belleza y juventud de estas vírgenes. Y al mirarlas, rememora los cuerpos de las mujeres que amó. Rememora sentimientos y emociones.

Se trata de una historia llena de misterio y de sensualidad que oscila entre contrarios: juventud y belleza, vida y muerte, hermosura y fealdad. Es una historia en la que el hombre (despierto, consciente y decrépito) se encuentra ante ese mito de la mujer eternamente joven, bella e indescifrable. El protagonista va a ese lugar para dormir con una joven y recuperar algo de la juventud perdida, para sentirse menos solo y espantar la muerte, pero la soledad se hace allí insoportable. Trata de despertar a alguna que otra joven para poder comunicarse con ella, pero es imposible.

La novela parece una metáfora del concepto que tienen los hombres de la mujer (como ya vemos en otras obras de Kawabata, por ejemplo Lo bello y lo triste). Los hombres son incapaces de descubrir el misterio de lo femenino. Cuando tratan de saber lo que hay en el interior de la mujer (no de una mujer concreta, sino de la mujer como noción abstracta) se desencadena la desgracia final: la muerte del misterio. La mujer, parece decirnos Kawabata, debe seguir en ese universo misterioso que habita: incomprensible y lejana.

23 julio 2008

Botchan (Natsume Soseki)

Botchan es un joven de Tokio rebelde e irreflexivo. Considerado como la oveja negra de su familia, sólo Kiyo, una mujer que trabaja en su casa, es capaz de ver los verdaderos valores que hay en él: integridad, respeto, honor a la palabra dada, sinceridad..., cualidades todas ellas que parecen haber desaparecido del ideario japonés de la época, tal y como comprueba el joven Botchan cuando, tras finalizar sus estudios, consiguen un trabajo como profesor de Matemáticas en la lejana isla de Shikoku. Allí descubre que los alumnos no respetan a los profesores y los propios profesores no se respetan entre sí: mienten, llaman a cualquier cosa indecencia cuando son ellos mismos los que cometen más actos indignos… Botchan descubre, a lo largo de las semanas que trabaja en el instituto, que no debe dejarse llevar por primeras impresiones, sino reflexionar y aprender a conocer a los demás por sus actos más que por sus palabras.

Esta novela de Natsume Soseki fue publicada en 1906 y está considerada un clásico japonés. Se la compara incluso con El guardián entre el centeno, quizás porque también Botchan muestra el proceso de crecimiento de su protagonista. Es una novela de aprendizaje, divertida y sencilla, que encierra una enseñanza básica para la relación con los demás: nadie es lo que parece ser.

21 julio 2008

Guerra de identidad (Déborah Vukusic)

Guerra de identidad (Ediciones Baile del Sol) es un libro de poemas valiente y desgarrador. Se dice en la contraportada que está a medio camino entre el testimonio poético y el monólogo teatral. Es cierto.

La autora, Déborah Vukusic, afronta y rememora su pasado para comprender su presente. Rasca todo lo superfluo de la niñez y la adolescencia para quedarse con lo esencial y averiguar de dónde sale la mujer que es, el porqué de vicios y virtudes, tristezas y alegrías. El juego hermoso de su lenguaje nos lleva por momentos de gran ternura y otros de angustia. La abuela que prepara comidas y es nexo de unión de la familia, el recuerdo del abuelo fallecido con el que compartía cigarrillos, la madre que trabaja de sol a sol y es norte y referente de su hija, su padre presente/ausente y fantasma doloroso, un hombre cuyos ojos “no tienen fondo/ salvo para la mentira”. Y dos mundos: Galicia y la ex Yugoslavia o nueva Croacia. Su madre es gallega y su padre croata, soldado durante la guerra. Y eso, precisamente la guerra, es una constante en estos versos que tienen mucho de testimonio, tienen mucho de discurso en el que se dice: “Mirad, esto he vivido, esto he oído, todo esto perdí y también esto gané. Esta, por lo tanto, soy yo”.

Déborah se presenta como una niña “sola/ aburrida/ crecida entre adultos”, una niña cuyos padres se divorcian cuando ella es muy pequeña. Nos habla de su casa, sus abuelos, su madre, su complejo de “Electra, Edipo femenino” con esa constante de “tú no eres mi padre” a los hombres que se acercaban a su madre. Se nos muestra como una niña que guarda con lacito azul las cartas que su padre le envía, un padre que no está cuando hace falta, pero que regresa cuando a ella se le ha olvidado recordarle, vuelve como un fantasma. Déborah pisa, después de años, otra vez Croacia y huele el horror de la guerra, de la desaparición de dos amiguitas con las que jugaba de niña y que nadie le quiere contar qué les ha ocurrido. Comprende y sufre por el valor de cada víctima. En un fragmento de un poema escribe, refiriéndose a su padre:

(…) atravesando montañas de cartón piedra dice:
“este pueblo lo tomé con mis hombres en 2 días
¡cabrones, hijos de puta! me costó 3 vida”
¿y él?
niño con pelota mujer joven imberbe
viejo niña con su muñeca un bracito
¿de niña o de muñeca?

No se le puede contar a una niña
16 años 17
que su padre es un asesino
no puede enorgullecerse de asesinar
no
delante de su hija

Pero al mismo tiempo la autora no es víctima de las circunstancias: se revuelve, patalea, quiere saber y sabe, y le duele lo que sabe pero lo asume, deja sangrar las heridas y las cura. La autora es hacedora de sí misma, tal y como dice en estos versos hermosos:

(…) me cuento el mismo cuento cada noche
para decirle al futuro
cómo tiene que ser

Este es un libro de versos valientes escritos por una autora que asume todas sus esquinas y sus miedos para comprender quién es ella y quiénes son los que la rodean, y sobre todo para saber qué debe a cada cual en el camino hacia la madurez.

11 julio 2008

Enciclopedia de los muertos (Danilo Kiš)

Los relatos de este autor serbio son profundos y metafísicos. Hay en ellos un concepto del ser humano y del mundo que nos hace reflexionar sobre qué es un ser humano y qué significa serlo. El concepto de Kiš sobre las personas es democrático en el más amplio sentido de la palabra. Parece decirnos en cada una de sus historias que somos únicos e irrepetibles y que cada acontecimiento de nuestra vida, aun repitiéndose en muchos casos en todas y cada una de las vidas de los seres humanos desde el principio de los tiempos, es también único porque son las circunstancias las que lo hacen diferente. Todos nos equivocamos, amamos, sufrimos, nacemos, enfermamos, morimos, traicionamos…, pero en cada caso concreto estas acciones se transforman en únicas por nuestra manera de percibirlas y afrontarlas. Todas las personas tienen el mismo valor como tales y merecen la misma consideración, y sólo cuestiones de puro azar consiguen que unas personas tengan un status diferente. Esto es lo que parece decirnos en estos cuentos.

Se abre el libro con una historia maravillosa titulada Simón, el mago, donde un hombre que vive en la misma época de Jesucristo y que lleva una existencia casi paralela (tiene sus seguidores, su propia María Magdalena…) cree que los milagros del Mesías son trucos de magia que él mismo, como mago que es, podría realizar, pero que los discípulos se han encargado de engrandecer para poder manipular a la gente. De hecho, sobre el propio Simón, el mago, corren también cientos de versiones.

Honras fúnebres narra el entierro más numeroso y con más cantidad de flores que se ha visto en Hamburgo: el entierro de una prostituta llevado a cabo por los marineros a los que ofreció mucho más que sexo: consuelo, apoyo y cariño. Ninguna mujer ha sido más llorada que ella, dice uno de los marineros. Se saquearon los jardines de los ricos y también el jardín botánico para llevarle a la tumba toneladas de flores. Todos los marineros y proletarios de Hamburgo, todos los hombres pobres, la lloraron porque podría haber sido una prostituta de lujo que cobrara más de lo que ellos ganaban al mes, podría haber desempeñado un papel ante su escaparate del barrio de las putas y, en cambio, siempre fue ella misma, sin hipocresías, y aceptaba en su cama con cariño y comprensión a todos los hombres, sin importarle raza, nacionalidad, ni poder adquisitivo. Respetaba a los hombres por el hecho de serlo y ellos la veneraban por ser única y hacerlos sentirse valiosos por sí mismos.

El relato que da título al libro nos cuenta la historia de una mujer que descubre en Suecia la enciclopedia de los muertos, una inmensa biblioteca donde cada sala alberga una letra del alfabeto y la biografía de todos los muertos anónimos cuya inicial sea esa letra. La única condición para que la biografía de un muerto esté en ella es que esa persona no haya sido famosa en vida. La protagonista del relato descubre allí la historia de su padre, recientemente fallecido. Se entera de cada pequeño detalle, incluso de qué árbol salió la madera del ataúd en el que lo enterraron, porque cada mínimo detalle de la vida de un hombre (parece decirnos Kiš) es importante ya que esa suma de detalles conforman lo que es la vida del individuo.

Los demás relatos tratan temas como que detrás de cada acontecimiento hay verdades evidentes y otras no tanto, que son las que precisamente mueven al ser humano. Pero también hay mentiras. Así se ve, por ejemplo, cómo refuta las verdades de la fe o de la política. Es un libro de relatos muy interesante por ese punto filosófico de cada una de sus páginas, por esa manera de plantearnos el valor de una vida humana en sí, al margen de otras concepciones económicas, sociales o políticas.

07 julio 2008

El fumador y otros relatos (Marcelo Lillo)

Marcelo Lillo es todo un descubrimiento. El fumador y otros relatos es su primer libro publicado, aunque guarda en el cajón de su casa un par de novelas y otro libro de cuentos. Este autor ha ganado, además, muchos premios literarios en su país, Chile.

Se le ha comparado con Carver, a quien él mismo denomina su maestro, y como Carver, Lillo también se fija en las historias pequeñas que él convierte en grandes a base de talento y trabajo. Sus personajes rondan siempre la miseria y la ruina, económica y moral. Abúlicos que ven pasar la vida echados en la cama mientras miran la televisión, así son la mayoría de los que se mueven por estas páginas. Un matrimonio que asiste con tristeza a la agonía y muerte de la madre de él, un escritor que edita sus propios libros y viaja por toco el país vendiéndolos de puerta en puerta, una pareja en paro y hambrienta que se cuela en la fiesta de cumpleaños de un niño para comer, un adolescente enamorado de su bella y coqueta tía, un chaval obsesionado por un boxeador o un moribundo que regresa a ver a la mujer que abandonó hace años son algunos de los personajes de estos relatos. Unos relatos escritos con una limpieza de lenguaje carente de artificios, que se fija en el detalle justo para nombrarlo con la palabra justa. Un verdadero gusto para los amantes del cuento.

02 julio 2008

Deseo (Elfriede Jelinek)

Este es uno de esos raros libros que escandalizó en su momento por el (supuesto) alto contenido erótico, dejando en un segundo plano lo más importante: la manera en la que Jelinek nos narra la historia y la crítica feroz de cada una de sus páginas.

Deseo nos cuenta la vida de Gerti, una mujer atrapada en un mundo y una relación que la esclaviza. Su marido (Hermann), director de una fábrica de papel, es adicto a los prostíbulos, pero abandona estos lugares por miedo al sida y comienza a dar rienda suelta a todas sus fantasías con su mujer sin importarle lo más mínimo ésta, que es un mero “objeto” para su propia satisfacción. Ella, alcohólica y desesperada, decide huir de casa, liberarse, pero en su viaje conoce a un joven (Michael) con el que mantiene relaciones sexuales. Él la devuelve a casa, pero ella quiere acostarse con él de nuevo, así que lo busca y cuando lo encuentra, Michael y sus amigos la someten a todo tipo de vejaciones. Su joven amante se convierte también en su verdugo.

La historia que se nos cuenta encierra una crítica profunda: critica nuestra patética existencia, manipulados por la televisión, con trabajos mal pagados y sin quejarnos; critica la destrucción del medioambiente en nombre del progreso, pero va mucho más allá aún: Jelinek hace sobre todo una crítica feroz a la sumisión y opresión de la mujer en la sociedad del supuesto bienestar burgués.

El estilo que utiliza es duro y complejo. Es una novela difícil de leer. El propio lenguaje la hace áspera al lector. No hay palabras bonitas ni devaneos poéticos en sus páginas, sino la dureza de quien utiliza las palabras con ánimo de no dejar indiferente, incluso de hacer daño, de despertar a quien lo lee de su letargo de autocomplacencia.

La deshumanización de los personajes es total, carentes de nombre (excepto los tres que nombré más arriba), de rostro y hasta de rasgos descriptivos. Sabemos que el marido es una bestia que la tiene sometida, que ella es alcohólica y poco más. Después de leerla, uno se da cuenta de que Jelinek no ha dejado a nadie sin criticar: el gobierno, la Iglesia, la situación de sometimiento de la mujer… Y sobre todo, después de leerla, uno se da cuenta de que ésta no es en absoluto una novela erótica, porque aquí el sexo se utiliza como arma de dominio y humillación contra la mujer. Es una novela de denuncia.