26 agosto 2008

Entrevista: Natalia Menéndez


Natalia Menéndez (Avilés, 1973), es poeta, ensayista y Doctora en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo, donde trabajó como profesora y también como traductora y coordinadora de la revista digital Uno. Tiene diversas publicaciones, no sólo sus libros de poemas: artículos en revistas, libros de inglés y de literatura. Ha ganado varios concursos literarios y forma parte de Creactiva, una asociación cultural que promueve diversas e interesantes actividades.


1. Se puede decir que cada uno de tus libros de poemas va con un pan debajo del brazo, un premio literario: el Nené Losada, el Ana de Valle, el Asturias Joven. Dinos qué supone para una joven escritora (mejor dicho: poeta, con lo que esto supone de complicación añadida) los premios literarios en una región como la nuestra, Asturias, tan esquinada y con tan poco lector de poesía.

Los premios tienen una función clara para la gente que está empezando, que es servir de plataforma para darse a conocer. Además, es una forma de llegar a publicar, algo realmente difícil en cualquier género, pero aún más en poesía. No todos los premios tienen la misma difusión, pero en general hacen que te conozcan (gracias a las apariciones en prensa, participación en actos) y sobre todo que te lean, que es lo más importante, aunque he de reconocer que en muchas ocasiones es más fácil difundir tus textos a través de internet que con las publicaciones que surgen de los premios institucionales (muchas de ellas con escasa o nula distribución). El hecho del ser premiado, por otro lado, sirve de motivación para seguir escribiendo.

2. Si tuvieras que buscar un hilo de unión entre todos tus poemarios (una temática, unas obsesiones, una estética), ¿cuál sería?

Pienso que tal vez se pueda trazar una línea más estética que temática, ya que aspectos como el desamor, la amistad, el pasado, la escritura, la infancia, que aparecen en mis poemas son temas que abordan muchos poetas en sus textos. En una ocasión un poeta asturiano me dijo que mis poemas no se podían explicar, pero se podrían pintar. Pienso que están bastante conectados con lo visual a través de la metáfora, combinado con cierta sensualidad.

3. Las virtudes cardinales (Premio Ana de Valle, 2006), ¿hace referencia en su título a la prudencia, la templanza, la justicia y la fortaleza, las cuatro virtudes cardinales que ya se pueden encontrar en la cultura grecorromana? Al leer cada uno de los poemas, pareces hacer referencia a esas virtudes para superar las dificultades de la vida, las rupturas, ¿es así?

Las cuatro partes en las que se divide el poemario se refieren, efectivamente, a las cuatro virtudes cardinales (prudencia, templanza, justicia y fortaleza). En algunos de los poemas de cada parte se muestra tanto la debilidad por carecer de esa virtud, como la presencia de ellas en nuestros actos, en situaciones de ruptura con estadios anteriores de nuestra vida. Es muy complicado poder ser justo, fu erte, templado, prudente en todos los aspectos del día a día, por eso algunos poemas muestran valores opuestos: vulnerabilidad, reacciones extremas, egoísmo, irracionalidad.

4. En unos versos de este poemario dices que “la musa es una viuda negra/ que teje su tela sobre el amante/ y huye entre sombras”. Me pareció muy interesante esa idea porque parecía hacer referencia a la parte de “culpa” que tienen los otros (y no sólo el poeta) en la composición de los versos. El sujeto amado es también hacedor, en cierta mediada, de los poemas. Creo que era Petrarca el que hacía referencia a esta idea.

La idea es que la poesía no surge de donde tú quieres ni cuando tú quieres, la musa te atrapa a ti, tú no la dominas, eso crea sombras y tal vez confiera cierta “culpabilidad” a las personas o situaciones que lo provocan. Lo cierto es que en poesía hay varias partes implicadas, y en poesía amorosa, el sujeto amado juega un papel fundamental en la creación. Esto también se puede aplicar a los poemas que muchas veces surgen de la lectura de otros poetas, cada uno toma a sus poetas de referencia y entre todos se va creando una red de influencias y vínculos similar a una tela de araña.


5. La nostalgia del caníbal (Premio Asturias Joven de poesía, 2007) está confeccionado a la manera de un menú, con títulos como “Labios sellados con limón exprimido” o “Tobillo en fuga aderezado con remolacha y piñones”. Me gustaron mucho las imágenes de estos poemas, esa sensación que se plasma en cada verso de que, de una forma metafórica y exagerada, devoramos aquello que amamos (o querríamos devorarlo), que los caníbales son, en realidad, los enamorados. ¿Cómo te surgió la idea del poemario?

La nostalgia del caníbal es el título de un cuadro de Salvador Dalí, a partir de ese título surgió la idea del poemario y en él se mezclan algunos aspectos que han sido y son relevantes en mi vida académica y poética, como la visión freudiana de las relaciones amorosas (algo que estudié durante años para mi tesis doctoral), el surrealismo, lo visual y el erotismo, que siempre me ha atraído en poesía. Se trata de ingredientes mezclados con mi personal visión de las relaciones en la distancia, y me pareció una idea original, aunque arriesgada, de presentarlo. La relación entre el sexo y los alimentos viene ya desde el Génesis (la manzana que Eva ofrece a Adán) y muestra esa vinculación metafórica del canibalismo y las pasiones, una forma vehemente de enfrentarse no sólo al amor sino a la vida en todas sus facetas.

6. Restos de un naufragio (Premio Nené Losada Rico, 2006) permanece aún inédito. ¿será publicado próximamente? Háblanos un poco de estos poemas.

Restos de un naufragio está ahora mismo en prensa, será publicado por la editorial asturiana Universos, que prepara la publicación de los poemarios premiados en las 5 ediciones que se han celebrado de este certamen. Se trata de un poemario bastante breve que contiene poemas escritos en diversos momentos de mi trayectoria creativa. Algunos de ellos, los más recientes, formaron parte inicialmente de Las Virtudes Cardinales, aunque luego los eliminé de la versión final, pero comparten temática y estética con ese poemario. Finalmente decidí reunirlos junto a otros poemas escritos cuando tenía entre 22 y 25 años, así que existe una gran diferencia temporal entre ellos. Son precisamente poemas que fui guardando tras la “criba” de poemas que una hace de vez en cuando. Por eso el título muestra precisamente que son los que “sobrevivieron al naufragio”. Además, el tema que más se repite es el de la ruptura del amor vista con cierta distancia en el tiempo, la supervivencia tras el naufragio amoroso.


7. Algunos de tus poemas acaban de ser traducidos al italiano y otros aparecen en antologías como Voces nuevas y Luz ilesa. Si tomas como referencia a los autores que te acompañan en esas antologías, ¿crees que hay algún rasgo común que os identifique o que os caracterice?

En ambos casos existe una unidad entre los autores que formamos parte de ambas antologías, aunque no desde el punto de vista estético, donde se muestran claras diferencias de estilo. En el primer caso, Voces nuevas, de la editorial madrileña Torremozas, es una antología de mujeres inéditas en libro, se trata por tanto de voces femeninas nuevas, Fueron los primeros 4 poemas que publiqué y de uno de los versos además, tomé el título Restos de un naufragio para el segundo poemario.
En Luz ilesa, publicado por el Círculo Cultural de Valdediós y prologado por José Luis García Martín, comparto publicación con autores de estilos también muy distintos, pero con una trayectoria común: la actividad poética paralela a la labor profesional docente. Los cuatro (Rosario Neira, Javier García, Hilario Barrero y yo) somos profesores, aunque de disciplinas y niveles distintos, además de poetas.

8. Formas parte de la asociación cultural Creactiva que promueve muchas actividades en Asturias y no sé si también fuera. En ella encontramos a poetas de la talla de Aurelio González Ovies o la gran Marian Suárez (nunca olvidaré el impacto que me causaron los primeros versos que leí de ella). Me gustaría que comentaras cómo surge la idea de Creactiva y qué tipo de actividades lleváis a cabo.

Cuando Esperanza Medina y yo ganamos el Premio Ana de Valle ex -aequo conocimos a la poeta Marian Suárez, y de conversaciones sobre las actividades literarias en Avilés y sobre su experiencia pasada con el grupo “Jueves literario” surgió la idea de contactar con otras personas como ella, vinculadas a la literatura desde hacía muchos años y con una trayectoria importante, para apoyar un nuevo proyecto grupal en Avilés (Aurelio G. Ovies, Herme G. Donis, Santiago García-Castañón o Saúl Fernández).
Por otro lado fuimos contactando con gente que, como nosotras, estaba empezando en el mundo de la escritura y tenía ganas de intercambiar opiniones, experiencias y participar en un proyecto común. Desde el principio se habló de vincular la palabra con otras disciplinas artísticas (algo que Elisa Torreira, por ejemplo, ya estaba haciendo en su obra) y apoyarnos unos a otros en nuestra trayectoria literaria. Hasta ahora hemos colaborado en dos ocasiones con la fotógrafa Nuria Pozas en una
exposición de fotografía y poesía (una en Avilés y otra en Gijón), y hemos organizado varios actos en el Club de Prensa de la Nueva España de Avilés (una lectura poética, charlas y presentaciones de libros). Además, cada uno de nosotros ha participado en diferentes actividades literarias individuales, contando con la presencia y el apoyo de otros miembros del grupo. Tenemos varios proyectos conjuntos en mente, pero como suele ocurrir, esperamos el apoyo económico de las instituciones para poder llevarlos a cabo, así que hay cosas que van despacio. Entre otras ideas queremos elaborar una publicación literaria que esperamos presentar dentro de unos meses.


9. ¿Cómo crees que está actualmente el panorama poético de España (y también de Asturias)? ¿Goza de buena salud?

Yo pienso que sí, a pesar de que el número de lectores no sea muy elevado. Tal vez aún haya una tendencia demasiado acusada a poner etiquetas y formar grupos estéticos, y creo que eso coarta de alguna manera la libertad creativa de un poeta. De todas formas, creo que se están llevando a cabo muchas actividades para llevar la poesía a muchos contextos donde antes no se encontraba, a través de recitales poéticos, combinando la poesía con lo visual o con la música. Tal vez ese sea el futuro, la ruptura entre el lenguaje poético y el audiovisual, de esta manera la poesía llega a personas que nunca comprarían un libro de poesía, pero que disfrutan de un acto cultural de estas características. En Asturias se está organizando cosas en este sentido, hay grupos de poetas muy jóvenes que vienen pisando fuerte.

10. Por último, Natalia, ¿podrías decirnos que poetas te marcaron y qué libros de poemas has leído últimamente y te han impresionado? ¿Qué influencias tiene tu poesía?

Hay varias lecturas que me marcaron profundamente durante mi adolescencia, cuando empezaba a escribir, como Las flores del mal de Baudalaire, la poesía erótica de Ana Rossetti, el primer premio Asturias Joven, de Javier Lasheras, cosas muy distintas pero que por diferentes motivos influyeron de alguna manera en mis primeros textos. Posteriormente leí mucha poesía y de todas mis lecturas me quedo con muchos nombres (Ángel González, Luis García Montero, Gil de Biedma), es imposible citarlos a todos.
Hay poemarios que releo en muchas ocasiones, y que probablemente sean la influencia más acentuada en mi poesía, como Usted de Almudena Guzmán (un poemario que leí por primera vez a los 19 años y que me marcó especialmente) o toda la obra de Cristina Peri Rossi, y muchas otros títulos. Es difícil elegir entre todo lo que he leído últimamente, pero hace meses leí un poemario que me causó un gran impacto, Metástasis de Eva Vaz, la poesía de la fuerza y el desagarro, y también la poesía completa de Idea Vilariño, publicada este año por Lumen, por poner dos ejemplos.

25 agosto 2008

RELEYENDO: Rock Springs (Richard Ford)


Estos últimos días he estado releyendo Rock Springs, un grupo de diez relatos donde la mala suerte, la desilusión, la derrota y la desesperanza campan a sus anchas en cada una de sus páginas. Lo releí porque me gusta releer, de vez en cuando, las obras que me impactaron. Tiendo a pensar que al leerlas por segunda vez el deslumbramiento será menor, pero casi siempre me equivoco.

La primera vez que llegó este libro a mis manos, hace ya muchos años y en una edición antigua que me dejó un amigo, yo pensaba que en los relatos tenía que pasar algo, pero algo inmenso como un cataclismo al que se tenían que enfrentar los personajes. Mi amigo me dejó este libro de relatos y me encontré con varias historias donde, desde mi punto de vista de ese momento, no pasaba nada, porque lo que pasaba era tan aparentemente insignificante que yo, acostumbrada a una literatura menos sutil, no lograba captarlo. Tenía diecisiete años y estos relatos cambiaron mi concepción de la literatura en general y del relato en particular. Después vinieron Carver, Salinger, Cheever y tantos otros, pero Ford fue el primero que me mostró que los pequeños incidentes del día pueden cambiarnos tanto la vida como un desastre natural o la muerte de un ser querido.

Estos relatos, que transcurren en su mayoría en Montana, nos cuentan las historias de parejas y ex parejas, de hombres que están a punto de entrar a la cárcel y, antes de eso, quieren ver a la mujer que amaron y que ya no les ama, u hombres que, para evitar ir a la cárcel, suben a toda su familia a un coche y se van a otro estado. Personajes, todos ellos, sin un sitio al que ir, sin una esperanza para continuar adelante o con ilusiones que la mala suerte se encarga de destrozar.

Si tuviera que quedarme con un relato de este libro, a pesar de que todos ellos me parecen estupendos, elegiría Niños. Cuando lo leí por primera vez, tenía la misma edad que los protagonistas y fue un verdadero shock encontrarme frente a frente con esos muchachos sin ilusiones, sin posibilidad de salir de ese mundo gris en el que viven. Lucy es una adolescente que huye de su casa buscando quién sabe qué y acaba acostándose con un hombre que conoce en un bar. El hijo de ese hombre y su amigo, de la misma edad que la chica, la llevan a pasar el día cerca del río. Los tres son personajes heridos, bien porque desean lo que nunca podrán tener (o porque ni siquiera saben lo que desean y eso les genera dolor), bien porque están completamente solos, y esa soledad, esa incapacidad para comunicarse con los demás y decirles lo que verdaderamente les ocurre, la muestra Ford como ningún otro autor que yo haya leído. Quizás esto es lo que más me gusta de él: la capacidad para hacerte sentir la soledad de sus personajes como si fuera un abismo que se aloja en tu propio estómago.

21 agosto 2008

Las virtudes cardinales (Natalia Menéndez)


Las virtudes cardinales (Premio Ana de Valle, 2006) es un libro de poemas para enfrenarse a los reveses del amor, para sacar fuerzas de alguna parte (e indagar de dónde se pueden sacar esas fuerzas) que nos ayuden a continuar. Los versos -limpios, sencillos, candorosos y con un punto de melancolía- nos descubren a una poeta replegada sobre su mundo y sus vivencias para tratar de buscar dentro aquello que puede ayudarla a comprender lo de afuera. El amor y la distancia, la desorientación ante las pérdidas, los finales civilizados que nos dejan con la resaca del porqué y con el dolor prendido en alguna parte de la memoria o los finales que son paréntesis para posteriores caídas, esto es lo que vamos a encontrarnos en este poemario que se divide en cuatro partes, tomando como elementos unificadores las cuatros virtudes cardinales: fortaleza, templanza, prudencia y justicia.

Son constantes de estos versos la memoria como algo doloroso y el olvido como algo no deseado. Me recuerda un poco a aquel poema de Aleixandre: “Recordar es obsceno./ Peor: es triste./ Olvidar es morir”. Muy frecuentes son también las exaltaciones del momento amoroso. Los poemas finales me gustan especialmente. Están escritos desde una mayor distancia que todos los anteriores y con una visión menos cegada por la pasión y el amor. Muestran la fortaleza y la debilidad del yo poético frente a esa imagen empequeñecida y derrotada del ser que había amado, y aun así, todavía perviven destellos de deseo. No hay concesiones ni siquiera hacia sí misma en estos versos. “No te demores y dime un no/ que me aniquile lentamente”, dice. Dejo aquí, para que lo leáis, mi poema favorito del libro (los tres últimos versos me parecen fabulosos).


Eso que ves en el espejo es tu propio rostro
que muda su gesto vanidoso igual que las hojas
se desprenden de la escarcha.
Hasta tú mismo, que te creías torre férrea,
dejas tras de ti un rastro amargo
de héroe derrotado.
La realidad que no muere se transforma.
Te sorprendería la flor carnívora
en la que me he convertido.



20 agosto 2008

Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll)


Marisa me ha comentado que le gustaría que un grupo de amigos que tenemos blogs dedicados a libros hiciéramos un repaso sobre los veinte que nos han marcado. Yo quiero empezar por éste porque, cronológicamente, es el primero que recuerdo que me hubiera sacado de la realidad y metido ente sus páginas. Como Marisa también ha querido imponer una condición para hacer estas reseñas (que se hable del libro de una manera emotiva, no crítica) me gustaría recordar cómo llegó hasta mis manos.

La primera vez que me leyeron el cuento de Alicia en el País de las Maravillas era tan pequeña que mi padre me tenía sentada en sus rodillas y los pies me colgaban, veía el suelo muy lejos. Me lo leyó una tarde de verano, probablemente en agosto, en la cocina de la casa de mi abuela, que es una de esas casas viejas asturianas de aldea que tiene la cocina como primera estancia (entras a ella directamente desde la calle) y es enorme y oscura, con una ventana pequeña por la que penetra la luz a duras penas. Sentados cerca de esa ventana, me leyó mi padre el cuento de Alicia. Era un librito pequeñísimo, con unas diez hojas llenas de dibujos y donde las aventuras se contaban resumidas al máximo, pero me encantó. Solía jugar después en la parte trasera de la casa, cerca de una figal (higuera) enorme y viejísima que fue testigo de todas mis roturas de brazo y mis esguinces (me encantaba escalar). Pensaba que si de algún lado iba a salir el conejo blanco que me llevara al mundo en el que había estado Alicia, era de debajo de esa figal, de entre las raíces que se levantaban del prado, oscuras y retorcidas como los dedos de una bruja. Esa figal estuvo en pie hasta hace unos seis años, cuando un vendaval logró tumbarla. Me pareció gracioso que, al enterarme de lo que le había pasado a la figal, me vinieran a la cabeza el conejo blanco y el gato de Cheshire (a quien siempre imaginé descansando sobre sus ramas, desde la primera vez que me leyeron el cuento).

Es especial para mí este libro porque es el primero que me compré yo. A mí siempre me regalaron muchísimos libros desde pequeña. De hecho, siempre me regalaban libros y muñecas, que no me gustaban demasiado. Y una vez me regalaron un camión estupendo y enorme que tenía un botoncito en la parte delantera para poder cargarlo y descargarlo de piedras. Aun así, seguía prefiriendo los libros. Asunción, una tía de mi padre que era tacañísima y que pensaba que las cosas eran como en sus tiempos, que costaban una perrona, solía darme dinero por Reyes y por el cumpleaños. Una vez se estiró y me dio cien pesetas. Yo metía las monedas en una caja metálica de galletas suizas, junto con cromos y las postales que me enviaba mi tía Lola desde América. Lo que más me ilusionó de aprender a leer fue poder leer yo sola esas postales.

A mí me enseñó a leer mi madre en casa porque no empecé al colegio hasta los seis años (en mi época los niños hacía parvulario, pero no era obligatorio). Como me gustaba tanto que me leyeran, puse mucho interés en aprender porque me imaginaba que iba a disfrutar el doble leyendo yo los cuentos (desde pequeña he llevado a cabo ese lema punk de make yourself). Y en cuanto supe leer bien, quise comprarme el libro de Alicia en el País de las Maravillas, pero el de verdad, no esos cuentos abreviados que me habían leído. No consentí que me lo regalaran mis padres, quería comprarlo yo con el dinero que me había ido dando la tacaña tía Asunción. Recuerdo que el libro costó cuatrocientas pesetas y que mi madre tuvo que poner cinco duros porque no me llegaba.

Leí las aventuras de Alicia en el sótano de casa de mi abuela, un cuartucho al que se accedía por la parte de atrás y al que los adultos sólo podían entrar a gatas de lo pequeña que era la puerta, así que me sentía bastante metida en el País de las Maravillas. Ese sótano, tan pequeño que sólo había servido para que los hermanos de mi abuela se escondieran durante la Guerra Civil, fue el lugar en el que leí tantos libros y tantas veces me escondí jugando, porque había telas de araña y ninguno de mis primos se atrevía a entrar. Era el lugar donde guardaba mis libros, mis tesoros, en una caja de madera que había servido antes para guardar botellas de vino. Pero cuando tenía siete años, los libros desaparecieron del sótano. Nunca tuvimos constancia de quién había sido, pero siempre creímos que la culpable era una vecina de mi edad a la que me negué a dejar más libros después de que me devolviera El flautista de Hamelin todo manchado de chocolate.

Hace un par de años, paseando por Oviedo, vi en el escaparate de una librería este libro de Alicia cuya imagen aparece en este post. Me lo compré y volví a leerlo. Me pareció tan mágico como la primera vez.

Alicia en el País de las Maravillas no sólo es un libro para niños, sino para todas aquellas personas con imaginación y ganas de desafiar la lógica. Es un libro sobre la libertad y la valentía. Y para mí es muy especial porque, de pequeña, al ver por primera vez las ilustraciones de Alicia, yo creí que el dibujante me estaba retratando a mí y que, en realidad, Alicia era yo.

12 agosto 2008

Cuentos completos (John Cheever)

Picnic, de Joshua Logan, es una de mis películas favoritas. En ella, William Holden -un trotamundos, un perdedor con un pasado familiar muy triste- llega a un pueblecito de Kansas para que un amigo rico le dé un puesto de trabajo. La contraposición entre éste personaje y la gente del lugar, insatisfecha y fácilmente “escandalizable” por la forma de ser y de comportarse del protagonista, es lo más interesante del film. En todo momento, mientras leía los cuentos de Cheever, pensaba en el personaje de William Holden en esta película y, sobre todo, en los personajes secundarios de ese pueblecito de Kansas.

Emecé Editores publica estos cuentos de Cheever en dos volúmenes. Por más que se denominen “cuentos completos”, no lo son. Hay muchos otros que el autor fue publicando en diversas revistas y que nadie ha recopilado aún, en parte por la reticencia de la familia, que los considera obras menores que fueron escritas por encargo y para poder comer.

Siempre he oído decir que la gente de los cuentos de Cheever es gente normal y corriente. Que sus historias son del día a día. Pero también he leído en alguna parte, que mirada desde cerca, ninguna persona es normal. Eso es lo que hace Cheever: mirar a sus personajes tan de cerca que la aparente normalidad de sus vidas y sus actitudes cae por su propio peso y muestra lo extraordinario, ese pequeño destello de asombro que hace que un texto deje de ser una estampa para convertirse en un cuento. La clase media norteamericana es puesta por el autor bajo un microscopio para conseguir hacer un retrato de la manera que tiene de entender la vida y cuáles son sus vicios, sus miserias.

Entre el amplio número de relatos, nos encontramos un poco de todo: piezas brillantes como El ladrón de Shady Hill, El nadador, Metamorfosis o Adiós, hermano mío y otras piezas no tanto. A pesar de eso (que, por otra parte, es normal; es imposible que todo lo que se escribe sea genial), es recomendable y hasta necesario leer a Cheever. Nadie como él convierte un pequeño detalle en metáfora de la forma de vivir y en la infelicidad de toda una nación. Nadie como él crea personajes aparentemente anodinos para descubrirnos unas páginas más tarde su vida y su pasado cargados de secretos.

Las historias de estos relatos nos llevan por la geografía americana de la mano de personajes infelices. En algunos cuentos, el autor introduce una nota de esperanza que redime a los protagonistas y al propio lector. En otros relatos ni siquiera eso: asistimos a la existencia desoladora de personajes que han perdido la fe en sí mismos y en el mundo que les rodea.

05 agosto 2008

Entrevista: Déborah Vukusic

Déborah Vukusic, mitad gallega y mitad croata, escritora y actriz, ha publicado uno de los libros de poemas estéticamente más originales y temáticamente más desgarradores de los últimos tiempos: Guerra de identidad (Ediciones Baile del Sol. Colección DelEste), donde recuerda su infancia y adolescencia, su relación con sus padres y sus abuelos, los efectos que ha tenido en ella la guerra en la ex Yugoslavia y donde parece preguntarse quién es y qué debe a todo lo vivido.

1. La sensación tras la lectura de Guerra de identidad no se olvida fácilmente: desolación, dolor, pero también esperanza y mucho espíritu de lucha. ¿Fueron estos poemas una manera de enfrentarte a los fantasmas, una manera de sacarlos de debajo de la cama para que dieran menos miedo?

Sí (a veces pienso que si digo un "sí" tan rotundamente lograré que de una vez y para todas desaparezcan) pero has dado en la clave. Se trata de una manera de enfrentarme a ellos y se ha convertido en una guerra que todavía no he vencido y de la que me parece que no saldré ilesa. Ahora se me repite constantemente esta batalla, cada vez que alguien me pregunta o me dice que ha comprado mi "bebé". Uno no puede evitar lo que es y, sobre todo, cuando esta identidad es una derivación y fruto de unas circunstancias.

2. En algunos versos, aparecen breves comparaciones entre lugares (las playas de Galicia y de Croacia), personas (tu padrastro, que te salva del frío y del fuego, y tu padre, que genera fuego y frío; también se ven contrapuestos los sentimientos por tu padre ausente y por tu madre o tus abuelos, presentes y cercanos). ¿Has sentido que esas dos mitades de tu vida eran una suma positiva o que eran una línea divisoria dolorosa?


Me considero una mezcla, una fusión de razas y culturas, una sangre suma-da-mente impura y positiva pero también una persona dividida, fuertemente divida y en busca constante de equilibrio y plenitud. Con la suma de nuestra estructura genética (la unión de cromosomas) y nuestras experiencias vitales, resultamos una entidad, no sé si mejor o peor, ni tampoco si a salvo o herida pero sí, sentida.

3. Los versos sobre la guerra son hermosísimos y de una crudeza que deja al lector conmocionado. ¿Cómo te ha afectado la guerra de la ex Yugoslavia y el hecho de que tu padre hubiera participado en ella?

Guerra de identidad valora positiva y negativamente la crudeza de la niñez y la adolescencia. Sin embargo, esta crudeza está filtrada por el paso del tiempo y la perspectiva que me dieron los 26 años, MI perspectiva. Si lo volviera a escribir hoy te aseguro que cambiaría muchas cosas para no herir sentimientos ajenos pero uno no puede negar de dónde viene, las cosas que más cicatrices le dejaron, ni los altos en el camino que no se borran jamás. Mi padre y yo no nos hablamos a raíz de la publicación del libro, aunque considero que, en cierta medida, es un personaje redimido. Ya sabes que el conflicto en los Balcanes aún no ha terminado, porque se siguen viendo en las noticias que hay juicios pendientes y que la sociedad intenta avanzar pero acarrea el lastre del pasado, ese subconsciente colectivo. Mi sensación es que he tenido la guerra en casa pero la he visto con los ojos de una niña, que no entiende, y que la estructura desde los 26 para intentar explicarme quién soy.

4. Se dice en la contraportada de tu libro que éste está a medio camino entre el testimonio poético y el monólogo teatral. Yo también tuve esa sensación al leerlo. ¿Has enfocado este libro de poemas así, como un testimonio/monólogo? ¿El hecho de ser actriz ha influido en la manera de escribir estos versos?

Sí, surgió a partir de un taller teatral. Soy "escritriz" (escritora y actriz) así que ineludiblemente combino ambos mundos e influída por Brecht, poeta y dramaturgo al que admiro con devoción. Creo, que él me perdone, que se trata de un poema testimonio a su uso.

5. Nombras en un poema la película The velvet goldmine. Imagino que además de la literatura, el hecho de ser actriz hace que tus influencias a la hora de escribir proceden también del cine. ¿Qué películas o qué directores están más cercanos a tu forma de concebir el arte, tanto estética como temáticamente?

Degusto a Angelopoulos, viajo con Medem, me emociono con Coixet y Aristarain... Me chiflan la plástica de Carlos Saura y la fotografía e imaginería de Tim Burton. Lars Von Trier me parece un vanguardista, un investigador nato o Jim Jarmusch. Orson Welles, Billy Wilder, Won-Kar-Wai, Kusturica... tienen un lenguaje personal que me fascina. Scorsese... Podría decirte tantos...

6. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Cómo te enfrentas a la hoja en blanco cuando una idea te ronda la cabeza?

Los procesos creativos para mí suelen ser bastante obsesivos, tanto cuando interpreto como cuando escribo. Procuro llevar siempre conmigo el texto que estudio, algo con lo que escribir y una cámara para robar almas, como dicen de los indios... En teatro procuro bucear de otra forma y compongo a veces a partir de partituras físicas, de un perfume, un cuadro o unas palabras. En literatura, escribo cuando lo necesito, (siempre lo llamo vómito), y después lo reviso, lo reviso y lo reconstruyo hasta que estoy "medianamente" satisfecha. Tengo cuadernos en los que escribo atisbos de maravillas y otros en los que sólo hay porquerías. Ahora el ordenador me coloca frente a las palabras (con lo que el cambio evoluciona quizá más rápido), me acompaño de algo fresquito que beber, un paquete de cigarrillos y a escribir cuando un algo inexplicable me lo ordena. Alguien me dice ahora que hago algo extraño en mi proceso y de forma quizá diferente a otros autores? Se dice que la creación es un acto en soledad, pero yo siempre les entrego borradores a mis "mentores" o gente de la que quiero una opinión o perspectiva. Quizá esto provenga de los procesos creativos del teatro, puede ser. En todo caso, me gusta la comunión y la receptción personal del "objeto y del hecho artístico".

7. ¿Cuáles han sido los autores y los libros que más te han marcado?

Cortázar Rayuela, reconozco en mí la lectura de los poetas de la experiencia y ahora los de la conciencia, Bataille Lo imposible, Borges Ficciones, Pessoa Livro do desasosego, Poe Extraordinary Tales, Brecht (uff...), Shakespeare (otro uff de listado mayor)... Lorca... Sexton (recomendación total), Nin (los diarios), Miller con sus trópicos y también Arthur con su teatro... Sí, quizás demasiado clásicos.

8. Me gustaría que nos dijeras cuál ha sido el último libro y la última película que te han impresionado.

Quizás: "Caramel" de Nadine Labaki y En las tierras de Goliat de David González.

9. En la actualidad, ¿qué proyectos tienes a la vista como escritora y actriz?

Como actriz estoy con The Cardenio Project, una obra de Yelmo de Mambrino Teatro en cooperación con la Harvard University y a la espera de resultados de pruebas. Como escritora, acabo de terminar un poemario que llevaba a cuestas desde hace años y que es una revisión del amor cortés, una apuesta descontextualizada con referentes clásicos y universos oscuros en una línea totalmente distinta a Guerra de identidad (aunque me falta encotrarle el título definitivo, como siempre). Estoy rematando con una colección Poe+ des-colok2 de forma independiente, que también me está atareando, y con el guión de un largometraje que esperamos que vea la luz en un par de años. En cuanto a publicación, participo en una antología de 23 mujeres, una edición de Vicente Muñoz Álvarez para la editorial Baile del Sol, y que tiene previsto salir en el primer trimestre de 2009.

10. Para terminar, voy a hacerte una de las preguntas (en mi opinión) más difíciles de contestar para un escritor: ¿por qué escribes?

Escribo para denunciar y denunciarme vicios y obsesiones, para sublimarme a lo Herbert Marcuse, para vomitar y que no haga costra, como medio de comunicación y como combate contra mí misma.
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La autora hablando de este poemario aquí.