Gracias a Bolaño y su decálogo del perfecto cuentista escuché por primera vez el nombre de Gérard de Nerval, uno de los grandes autores del Romanticismo francés. Nerval tiene una obra más bien escasa (poesía y narrativa) entre la que destaca Las hijas del fuego (1854), un conjunto de relatos donde cobra gran importancia el amor y los retratos femeninos. Uno de estos retratos es Sylvie, que ha sido publicado por la editorial Acantilado y traducido por Luis María Todó.Sylvie tiene como tema principal una lucha de contrarios en lo que al sentimiento amoroso se refiere: la lucha típicamente romántica entre la realidad y la ilusión. El narrador-protagonista (que recuerda un poco al propio Nerval ya que como éste es un gran viajero y también fue criado por un tío en la campiña de Valois y más tarde enviado a París) conoce a Sylvie cuendo es un niño. Cree estar locamente enamorado de ella (y es correspondido), pero en una fiesta se cruza ante sus ojos la figura hermosa y casi espectral de Adrienne, una joven noble a la que solamente han dejado salir esa noche y que de inmediato es enviada a un convento. Todo el amor del protagonista se aleja de Sylvie, causándole gran dolor a la joven, y se focaliza en Adrienne, la mujer imposible, el espectro idealizado de un amor que jamás se consumará. Pasados los años, el protagonista busca una sustituta para esta ilusión. Sobre el escenario cree reconocer en Aurélie, una actriz, lo mismo que un día lo había enloquecido de Adrienne. Consigue que la actriz le haga caso y en un arranque de sinceridad le cuenta toda la historia y lo mucho que ella le recuerda a su amor de juventud, de modo que la actriz lo abandona porque se da cuenta de que no la quiere a ella, sino que a través de ella sigue amando una ilusión.
Entretanto, Sylvie va creciendo y convirtiéndose en una mujer cada vez más hermosa. El protagonista sigue frecuentándola, va a visitarla cada cierto tiempo, pero ya ha dejado escapar la oportunidad que una vez tuvo de ser feliz con ella y Sylvie, aunque lo quiere, ya no está enamorada.
Esta novela corta (dicen que es la obra cumbre de Nerval) está escrita haciendo un uso complejo de los tiempos verbales, de manera que todos los momentos del pasado son narrados en presente, en el mismo plano temporal, haciendo que todo confluya en un punto, como si memoria y escritura trajeran al “ahora” todo lo que se narra y el protagonista, más que rememorar, volviera a vivirlo de nuevo.
