10 febrero 2009

La soledad de los ventrílocuos (Matías Candeira)

La soledad de los ventrílocuos es un fantástico libro de relatos, de esos que conviene disfrutar leyéndolo con calma. Yo lo leí en medio de un temporal de nieve que tuvo Asturias medio incomunicada. Me encerré en casa con la calefacción a tope, echada en el sofá y tapada con una manta hasta las cejas y asistí al desfile de neveras que se mueren, de ciudades bombardeadas por el enemigo con toneladas de flores, de un cazador/marioneta que se deshace de sus cuerdas y sale a la selva deseando que haya leones agazapados esperándole, una mujer que tiene un enorme agujero al lado del ombligo que le canta boleros y todo un largo etcétera de personajes y situaciones que –sí, señor– nos hacen pensar. Esa es una de las cosas que más me interesan de los relatos de Matías Candeira.

Me han gustado todos los relatos sin excepción. Destacaré, por ejemplo, Cuando se muere la nevera, que abre el libro. En él, la nevera es más que un objeto, es el centro de la vida familiar y cuando muere, el matrimonio y sus dos hijos la despiden con todos los honores. Es un relato lleno de poesía, de pequeñas grandes metáforas, de imágenes preciosas como la de los escarabajos, al final. Como en todos los relatos del autor, hay mucha más historia detrás. Uno piensa, al leerlo, en los apegos, en el desconcierto ante las pérdidas, en la familia y sus engranajes.

Al final de Sara es uno de los mejores cuentos del libro, en mi opinión. Un hombre se enfrenta al hecho insólito de que su mujer tenga un agujero al lado del ombligo que le canta boleros. Se trata, en realidad, de un relato sobre la cuerda floja de las relaciones, el instante en el que comenzamos a darnos cuenta de que ya no llegamos a la persona amada, que algo invisible nos separa, que no la comprendemos y, por lo tanto, la vemos como un ser indescifrable con infinitos mundos interiores a los que ya no tenemos acceso.

Un trozo de otra mujer es un relato precioso. Me recuerda en cierto sentido (meramente anecdótico) a La princesa manca de Gustavo Martín Garzo. Un forense que ha perdido a la mujer amada descubre en un cadáver una mano hermosísima. No puede evitarlo: la corta, se la lleva a casa y comienza la convivencia con ella. Lo mejor de este relato es su lirismo, el modo en el que se describe la relación del protagonista con la mano, lo visual que resultan estas descripciones, hasta el punto de que la imaginamos moviéndose por la casa, correteando por los pasillos con los dedos o escondida en el bolsillo de la chaqueta.

Estos son sólo algunos, por no hablar de todos, pero cada relato del libro es una pequeña joya que merecería un comentario a fondo. La fuerza de Matías Candeira radica en saber elegir muy bien las voces de sus narradores, en contar historias llenas de elementos sorpresivos que son en realidad símbolos que nos hablan del mundo, de la gente, y en tener unos finales estupendos, redondos.

3 comentarios:

Cable Hogue dijo...

Marta, eres una máquina! No hay manera de seguirte el ritmo de lectura, yo aún estoy en pañales, en el segundo relato de este libro que pinta genial (M. es amigo, pero creo ser objetivo)

Marta María López dijo...

Creo que lo encargué a Tres rosas amarillas el primer día que les llegó. La verdad es que me ha dado tiempo incluso a releerlo :) Me ha encantado. Es brillante.

Delia dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Este es uno de los mejores libros de relatos que he leído. Asombroso.