05 abril 2009

Submáquina (Esther García Llovet)

Submáquina, en su totalidad, tiene gusto a novela a pesar de que cada parte que lo forma (relatos que podrían ser tomados como capítulos) tiene sentido por sí misma, desgajada del libro. De todos modos, cada relato suma información al anterior y nos regala fogonazos de la vida y la personalidad de Tiffani Figueroa, protagonista de todas estas historias. Todo el libro es en realidad una construcción profunda de este personaje, una selección acertada de los instantes que más nos van a decir de ella.

El propio título del libro, Submáquina, es una traducción literal del inglés “submachine”, arma relativamente ligera que combina el fuego automático con el cargador de pistola, y cada uno de los relatos lleva por título una parte del arma (Cargador, Resorte, Seguro, Recámara, Gatillo, Cañón). Tiffani Figueroa es realmente esa submáquina y cada relato es una parte imprescindible para comprender su funcionamiento, su manera de reaccionar.

En el primero de los relatos, Cargador, la actual pareja de Tiffani Figueroa denuncia su desaparición y en el último, Cañón, asistimos a la boda de su hijo y a su coqueteo con uno de los camareros de la celebración, que es el hijo de uno de sus ex maridos. Sabemos, por lo tanto, que se ha casado varias veces, que tiene hijos, que ha desaparecido, que se cuenta que ha sido policía y que en la actualidad se dedica a investigar por su cuenta. Precisamente un encargo, la búsqueda de una mujer, la lleva hasta la frontera. También asistimos a dos momentos de su pasado que explican la mujer que es: el abandono de su madre y su encuentro con un taxista cuando era una adolescente.

Esther García Llovet utiliza un estilo cortante y duro para contar la historia de una mujer también dura, acostumbrada al dolor y a caminar por el filo de la navaja, una mujer que parece dispuesta a ponerse constantemente a prueba y hacerse daño. Los relatos están plagados de alusiones a la cultura popular, marcas de comida y bebida, cantantes de salsa y reggaetón y guiños a Bolaño, Ford y David Lynch. Es una prosa desolada y sangrante que muestra el mundo como un desierto de soledad. Un libro que da gusto leer, paladear, pasearse por sus páginas y por el instinto suicida de su protagonista, Tiffani Figueroa. La editorial Salto de Página ha acertado de nuevo en su apuesta por una de las autoras más interesantes del panorama literario actual.


“La Federal. Los taxis suicidas de La Federal. La luz estroboscópica de La Federal y la gente caminando a una velocidad extraña, como en una crisis de pánico a cámara lenta bajo las palmeras muertas y sobre los terremotos. La tarde estaba cayendo. Los perros cruzaban a ciegas los semáforos y parecían carne cruda entre las ruedas de los carros ambulantes: imágenes de santos, pollos teñidos, viagras, cámaras digitales. Casinos eléctricos, tiendas de decomisos, santerías, compradores de oro al peso en la plaza de adoquines. La gente caminaba como si no durmiera nunca o como si quisiera dormirse mientras caminaba. Saltaban alarmas. Silbaban los camotes. Parecía el último puesto de abastecimiento antes del fin del mundo”.

(Seguro)

2 comentarios:

El Viajero Solitario dijo...

Tomo buena nota de la recomendación. Me atrae la propuesta de esta novela en forma de cuentos.
Saludos.

J. J. Murillo dijo...

Me pareció un excelente libro de relatos. Tenía pensado hablar de él en el blog, pero últimamente ando hasta arriba de trabajo y no tengo tiempo de nada. Llovet es una narradora muy recomendable.
Un saludo.
J.J.