Otros demonios, ganador del Asturias Joven de Poesía 2008, es uno de eso libros de poemas que yo disfruto verso a verso. Me gustan sus imágenes, la literatura que fluye por debajo de cada palabra, la música también como referencia.
Los poemas que conforman este libro son un posicionamiento ante el mundo, un grito de “aquí estoy”. Está escrito a ráfagas de mala leche, brutalidad, ternura y rebeldía. Es un libro de versos despeinados, somnolientos, resacosos, doloridos, lascivos, dulces y melancólicos. Es un hermoso libro de versos.
El primer poema, una especie de manifiesto, se pasea por las aspiraciones de tanta gente de la generación del autor y de la mía: esa vida libre y salvaje que les atribuíamos a ciertos poetas, revolucionarios o músicos: desde la Comuna de París hasta Johnny Rotten, pasado por Rimbaud. La juventud desenfrenada como reclamo, la inconsciencia de creerse eternos y no tenerle miedo a ningún exceso.
tú querías ser Arthur Rimbaud.
poner color a las vocales.
recibir la bala de Verlaine. arañar con tus dulces zarpas
las almas de la burguesía. y huir con toda la gloria.
a los diecinueve años. la carne aún blanca
y blanda. y la sensibilidad extenuada.
cagándote en Dios, ciego de absenta y láudano.
tú querías ser Guy Debord.
derrumbar la sociedad como objetivo. destruir
el Espectáculo y hacer de la vida cotidiana una revuelta.
buscar, debajo de cada adoquín, una playa. al final
sentir el hierro negro y frío contra tu paladar,
apretar entonces el gatillo. a los sesenta y tantos.
arruinado por el alcohol, ya casi muerto.
tú querías ser Johnny Rotten.
Dios Salve a la Reina. en los escenarios
de toda Inglaterra, manifestaciones puritanas
a las puertas de los bares.
me importa un cojón: Sid y Nancy consumidos por la droga
y ningún futuro para nadie. los dientes verdes
y un lugar de honor en la historia del (punk) rock.
querías agarrar la Tierra con los dedos.
contra el Cielo hacerla retumbar.
Destaca en los versos de este libro un lenguaje libre de pretensiones, pero lleno de lirismo, un erotismo al mismo tiempo brutal y tierno, febril, desenfrenado.
tú querías ser Arthur Rimbaud.
poner color a las vocales.
recibir la bala de Verlaine. arañar con tus dulces zarpas
las almas de la burguesía. y huir con toda la gloria.
a los diecinueve años. la carne aún blanca
y blanda. y la sensibilidad extenuada.
cagándote en Dios, ciego de absenta y láudano.
tú querías ser Guy Debord.
derrumbar la sociedad como objetivo. destruir
el Espectáculo y hacer de la vida cotidiana una revuelta.
buscar, debajo de cada adoquín, una playa. al final
sentir el hierro negro y frío contra tu paladar,
apretar entonces el gatillo. a los sesenta y tantos.
arruinado por el alcohol, ya casi muerto.
tú querías ser Johnny Rotten.
Dios Salve a la Reina. en los escenarios
de toda Inglaterra, manifestaciones puritanas
a las puertas de los bares.
me importa un cojón: Sid y Nancy consumidos por la droga
y ningún futuro para nadie. los dientes verdes
y un lugar de honor en la historia del (punk) rock.
querías agarrar la Tierra con los dedos.
contra el Cielo hacerla retumbar.
Destaca en los versos de este libro un lenguaje libre de pretensiones, pero lleno de lirismo, un erotismo al mismo tiempo brutal y tierno, febril, desenfrenado.
Tú sí que eres sucia,
tu cuerpo huele a cuerpo
y a caverna,
y tu sucio aliento
—quimérico y caliente—
susurra cosas sucias
en mi oreja.
Eres sucia
porque tienes sucio
el centro del cerebro,
porque sucio está tu pecho,
tu vientre,
lo que piensas,
lo que sueñas,
lo que escarbas
en la tierra.
Animal de noche y brea
a cuatro patas,
mirando hacia detrás
cuando te embisto,
me ensucias de sudor,
de veneno
y alquitrán.
Son también frecuentes los paisaje urbanos, grises, plagados de tráfico y tristeza; las noches de alcohol y sexo sucio o de emoción contenida en el cuerpo que duerme acurrucado en la cama; del día a día cotidiano con esos platos sin fregar que nos hacen descender del limbo de los versos y los silogismos; los recuerdos doloridos de la niñez.
tu cuerpo huele a cuerpo
y a caverna,
y tu sucio aliento
—quimérico y caliente—
susurra cosas sucias
en mi oreja.
Eres sucia
porque tienes sucio
el centro del cerebro,
porque sucio está tu pecho,
tu vientre,
lo que piensas,
lo que sueñas,
lo que escarbas
en la tierra.
Animal de noche y brea
a cuatro patas,
mirando hacia detrás
cuando te embisto,
me ensucias de sudor,
de veneno
y alquitrán.
Son también frecuentes los paisaje urbanos, grises, plagados de tráfico y tristeza; las noches de alcohol y sexo sucio o de emoción contenida en el cuerpo que duerme acurrucado en la cama; del día a día cotidiano con esos platos sin fregar que nos hacen descender del limbo de los versos y los silogismos; los recuerdos doloridos de la niñez.
Me han gustado estos versos por lo que tienen de cercanos, de reales, de rítmicos dentro de su aparente sencillez, de musicales. Por la limpieza y la brutalidad con la que se enfrenta a la vida en unos momentos y la debilidad y el temblor con el que se enfrenta en otros.
(…)
Pero a veces me hacía creer que yo era bueno,
que había algo en mí que era valioso,
para luego mostrarme la verdad obscena:
que ella era sucesivamente el mundo
y yo era cada vez menos,
nada más que mugre entre sus dedos.





