27 enero 2009

Otros demonios (Sergio C. Fanjul)

Otros demonios, ganador del Asturias Joven de Poesía 2008, es uno de eso libros de poemas que yo disfruto verso a verso. Me gustan sus imágenes, la literatura que fluye por debajo de cada palabra, la música también como referencia.

Los poemas que conforman este libro son un posicionamiento ante el mundo, un grito de “aquí estoy”. Está escrito a ráfagas de mala leche, brutalidad, ternura y rebeldía. Es un libro de versos despeinados, somnolientos, resacosos, doloridos, lascivos, dulces y melancólicos. Es un hermoso libro de versos.

El primer poema, una especie de manifiesto, se pasea por las aspiraciones de tanta gente de la generación del autor y de la mía: esa vida libre y salvaje que les atribuíamos a ciertos poetas, revolucionarios o músicos: desde la Comuna de París hasta Johnny Rotten, pasado por Rimbaud. La juventud desenfrenada como reclamo, la inconsciencia de creerse eternos y no tenerle miedo a ningún exceso.

tú querías ser Arthur Rimbaud.
poner color a las vocales.
recibir la bala de Verlaine. arañar con tus dulces zarpas
las almas de la burguesía. y huir con toda la gloria.
a los diecinueve años. la carne aún blanca
y blanda. y la sensibilidad extenuada.
cagándote en Dios, ciego de absenta y láudano.

tú querías ser Guy Debord.
derrumbar la sociedad como objetivo. destruir
el Espectáculo y hacer de la vida cotidiana una revuelta.
buscar, debajo de cada adoquín, una playa. al final
sentir el hierro negro y frío contra tu paladar,
apretar entonces el gatillo. a los sesenta y tantos.
arruinado por el alcohol, ya casi muerto.

tú querías ser Johnny Rotten.
Dios Salve a la Reina. en los escenarios
de toda Inglaterra, manifestaciones puritanas
a las puertas de los bares.
me importa un cojón: Sid y Nancy consumidos por la droga
y ningún futuro para nadie. los dientes verdes
y un lugar de honor en la historia del (punk) rock.

querías agarrar la Tierra con los dedos.
contra el Cielo hacerla retumbar.

Destaca en los versos de este libro un lenguaje libre de pretensiones, pero lleno de lirismo, un erotismo al mismo tiempo brutal y tierno, febril, desenfrenado.

Tú sí que eres sucia,
tu cuerpo huele a cuerpo
y a caverna,
y tu sucio aliento
—quimérico y caliente—
susurra cosas sucias
en mi oreja.

Eres sucia
porque tienes sucio
el centro del cerebro,
porque sucio está tu pecho,
tu vientre,
lo que piensas,
lo que sueñas,
lo que escarbas
en la tierra.

Animal de noche y brea
a cuatro patas,
mirando hacia detrás
cuando te embisto,
me ensucias de sudor,
de veneno
y alquitrán.

Son también frecuentes los paisaje urbanos, grises, plagados de tráfico y tristeza; las noches de alcohol y sexo sucio o de emoción contenida en el cuerpo que duerme acurrucado en la cama; del día a día cotidiano con esos platos sin fregar que nos hacen descender del limbo de los versos y los silogismos; los recuerdos doloridos de la niñez.

Me han gustado estos versos por lo que tienen de cercanos, de reales, de rítmicos dentro de su aparente sencillez, de musicales. Por la limpieza y la brutalidad con la que se enfrenta a la vida en unos momentos y la debilidad y el temblor con el que se enfrenta en otros.

(…)
Pero a veces me hacía creer que yo era bueno,
que había algo en mí que era valioso,
para luego mostrarme la verdad obscena:
que ella era sucesivamente el mundo
y yo era cada vez menos,
nada más que mugre entre sus dedos.

25 enero 2009

Otro zoo (Rodrigo Rey Rosa)

Fue la reseña que hace Guillermo Barquero en su blog la que me llevó hasta Rodrigo Rey Rosa. Otro zoo es un libro de cuentos que se me apareció en los estantes de una librería cuando buscaba otra cosa. Lo compré recordando dicha reseña en la que el costarricense Guillermo Barquero, también cuentista, muestra su asombro por la escritura del autor guatemalteco.

Tengo que decir que no me han gustado demasiado ninguno de los cinco cuentos que conforman este volumen. Tienen, eso sí, momentos de gran lucidez narrativa y hermosísimas imágenes (aunque pocas, pues es bastante lacónico).

Rodrigo Rey Rosa escribe cuentos con un lenguaje lavado de excesos, pero no limpiado de adjetivos hasta la exageración como hacía en sus cuentos anteriores a este volumen, de manera que su prosa ya no es tan impersonal, pero sigue faltándole esa suerte de imágenes que hacen de un cuento algo inolvidable. Echo en falta que dé más vida a los personajes, que nos los haga reales. Se centra especialmente en la historia y la cuenta de una forma esquemática de manera que casi tenemos la impresión de estar leyendo el esqueleto del cuento y nos quedamos con las ganas de cubrirlo de carne, de piel. Así todo, algo muy especial tiene la prosa de este autor porque en ningún momento me apeteció dejar de leer el cuento, todo lo contrario, me apetecía seguir la historia, aunque aquí no debe buscarse un final redondo porque no lo hay. Hay simplemente finales –finales apresurados, diría yo–. Pero como dijo Ramón Buenaventura en El corazón antiguo (cito de memoria): no importaba llegar, importaba ir viviendo. En los cuentos de Rey Rosa no importa el final, importa el paso a paso de la historia.

Los niños son los protagonistas indiscutibles de estas historias. No sólo los niños, sino la complejidad de la infancia, del crecimiento, de vivir en un mundo donde las normas las imponen los adultos y a ellos sólo les queda obedecer y no comprender el porqué de las cosas.

Creo que los mejores relatos son Gracia y El hijo de Ash. Ambos de ambiente rural guatemalteco. El primero nos narra la capacidad que tiene una niña, tan sólo con el poder de su deseo y su esperanza, para salvar la vida del cordero que ha criado y que su hermano acaba de vender para ser sacrificado. En el segundo, el hijo de un delincuente americano queda solo con el capataz de la hacienda, en una tierra plagada de cocodrilos, cuando su padre es encarcelado.

El relato con el que se comienza el libro (y que le da título) tiene un planteamiento interesante, pero no así su desenlace, forzado y totalmente inverosímil. Una niña y su padre van a pasar la mañana al zoo, pero ella se pierde, se esfuma delante de sus narices. El trasfondo de la historia es la dificultad para admitir que los hijos creen y no necesitan a sus padres del mismo modo, que se convierten en personas libres e independientes. Si no fuera por el final extraño, narrado de manera que resulta totalmente inverosímil al lector, este podría ser un cuento verdaderamente original porque la idea es estupenda.

Siempre juntos es una fábula protagonizada por dos escorpiones, madre e hijo, y está narrada con gran ternura. Los conflictos de los escorpiones son los conflictos normales de una madre que desea que su hijo asuma responsabilidades y un hijo al que nunca se le han exigido esas responsabilidades y cuando llega el momento no sabe cómo asumirlas.

En el más extenso de los cinco relatos, Finca familiar, una pareja arruinada y su hijo dejan su casa de la capital y se instala en la finca que había pertenecido al abuelo. En ese ambiente de miseria, el niño descubre que aun creyendo que no se posee nada, siempre hay alguien que desea algo de lo que tenemos.

No digo, ni muchísimo menos, que no merezca la pena leer estos cuentos de Rodrigo Rey Rosa. Lo que digo es que me parecen flojos para alguien del talento que se le atribuye a este autor y que quizás sea el resultado de un cambio de estética que aún se le resiste (ha abandonado el laconismo extremo que lo caracterizaba).
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23 enero 2009

Vidas imaginarias (Marcel Schwob)

Marcel Schwob es un autor asombroso y cultísimo que publicó la totalidad de su obra entre los veinticuatro y los veintinueve años. Admirado por Bolaño y reconocido por Borges como el culpable de su manera de entender la literatura, Schwob ha dejado como herencia una serie de obras inclasificables, inmensas.

En 1896 publica Vidas imaginarias, una especie de historia fabulada de la vida de personajes que existieron, pero a los que él añade un plus de fantasía. No se centra en lo general, sino en lo particular de cada uno de sus personajes, lo que los hace ser ellos mismos y no uno más en ese mundo en el que se mueven, por eso en los relatos/biografías de este libro hace una ambientación de la época, el país y las circunstancias del individuo, pero incide sobre todo en quién es ese individuo, lo que es, lo que anhela y por qué hace lo que hace.

Schwob elige a varios personajes y los estudia a fondo, su época, sus costumbres, su vida. Después narra aquello que se ha dicho de ellos y que se acepta como real, pero añade anécdotas inventadas, cosas que podrían haberles ocurrido, pero no les ocurrieron. Desde filósofos griegos hasta piratas, pasando por princesas indias y prostitutas, todos los personajes son desnudados en estos relatos y mostrados en su época y en su contexto: Pocahontas, el capitán Kid, Paolo Uccello, Empédocles o Crates son algunas de las vidas que encontramos en este libro.

Pinchando sobre el título podréis leer la vida de Crates: cínico, uno de mis relatos favoritos de Schwob.

19 enero 2009

Crímenes ejemplares (Max Aub)

Max Aub es un autor muy singular, como muestra esta obra. Un autor injustamente olvidado en muchos casos. Crímenes ejemplares aparece publicado por primera vez en México, en el año 1957, y el propio autor dice en el prólogo que estos cuentecillos, estas sentencias, son en realidad confesiones de asesinos y suicidas mexicanos, franceses y españoles, “material de primera mano”.

Todos estos microrrelatos son divertidos y llenos de ironía, cargados de un enorme pesimismo ya que se enfrentan a las motivaciones para cometer un crimen o para suicidarse y las respuestas son absurdas, gratuitas y están cargadas de sinrazón (“Lo maté porque era de Vinaroz”). Utiliza magistralmente la elipsis para contarnos en poquísimas palabras una historia enorme que el lector va construyendo.

Dejo aquí dos microrrelatos que me gustaron especialmente:

"Estábamos al borde de la acera, esperando el paso. Los automóviles se seguían a toda marcha, el uno tras del otro, pegados por sus luces. No tuve más que empujar un poquito. Llevábamos doce años de casados. No valía nada".
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"Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella".

11 enero 2009

Las cosas (Georges Perec)

Las cosas fue publicada en 1965 y ganó el Premio Renaudot. Es una novela breve que se desarrolla en París, en los años 60. Sylvie y Jérôme son una pareja de treintañeros que tienen muy claro lo que creen merecer: dinero, una vida acomodada, objetos que les concedan un determinado status. De hecho, creen que si tuvieran el dinero necesario, podrían vestirse como los ricos, tener su porte y decorar un apartamento amplio y céntrico con mucho más gusto que la mayoría de la gente que conocen. Se recrean a menudo en la selección imaginaria de los objetos que colocarían en su casa, en los cuadros, las alfombras, los muebles… Mientras tanto, trabajan haciendo encuestan y viven en un piso minúsculo que no decoran porque consideran que están allí de paso.

La sociedad en la que viven fomenta esa eterna insatisfacción, ese deseo desmesurado de lujo como metáfora de la felicidad y del tener como característica fundamental para el ser.


La novela está narrada con distanciamiento. Es una novela descriptiva, no de acciones. Lo describe todo: a los personajes, los lugares por los que se mueven, aquello con lo que sueñan, sus fracasos y sus anhelos. Es una radiografía de una época y de una tipología de personajes que no están capacitados para vivir y disfrutar, sólo para desear siempre algo que no pueden tener.

03 enero 2009

La última noche (James Salter)

Siempre me ha gustado la manera en la que James Salter muestra las relaciones humanas. Las rupturas, la muerte, todo es enfrentado de la manera menos trágica y más serena porque la propia tragedia no proviene tanto de las acciones de los personajes como de todo aquello que silencian en su interior. Es cierto que este volumen de relatos no es exactamente la obra maestra que tantos críticos han asegurado. En parte la culpa es del autor y en parte también del traductor, que comete errores y cacofonías imperdonables. Aun así, es recomendable su lectura por la delicadeza y la sensibilidad con la que nos muestra un mundo que se desmorona, una vida que se apaga, una traición que se descubre o las decenas de renuncias diarias que tienen que hacer los personajes para mantener estable su pequeño universo doméstico.

El primero de los relatos, Cometa, nos muestra el fracaso de una vida en común a través de los reproches que una pareja se hace en una fiesta, delante de sus amigos. Él escucha a su esposa y descubre lo erróneo de la vida que lleva y la culpabilidad por todo lo que una vez abandonó. Éste relato es uno de mis favoritos del libro, junto con Cuánta diversión, en el que una mujer que se está muriendo de cáncer está con sus amigas (a quienes no ha dicho nada de su estado) y escucha sus quejas, sus pequeños fracasos y, al mismo tiempo, se arrepiente de las cosas que no hizo y ya no tendrá tiempo a hacer. El relato termina de una forma un tanto precipitada, pero las conversaciones entre las amigas, expresadas con una naturalidad y un desenfado estupendos, suplen esta carencia final.

En mi opinión, el mejor relato del libro es Contigo, mi señor. En él, un matrimonio destruido va a la fiesta de unos amigos y allí conocen a un escritor borracho que se propasa con la esposa. Ella se siente atraída por él y se acerca días después hasta su casa, donde se encuentra con su perro, que la sigue y se instala en su propio jardín. Este perro se convierte en catalizador de todo lo que le va mal, en el recuerdo de un gran amor del pasado (y de ese gran amor que intuye que puede ser el poeta para ella) y en el sinsentido de su vida.

Me cansa un poco, tengo que reconocerlo, el fresco costumbrista de la clase media o media-alta norteamericana, las fiestas de amigos, el aburrimiento existencial, el sinsentido de todo. Quizás se deba a que, de unas décadas a esta parte, los cuentistas norteamericanos se centran casi exclusivamente en este grupo social (y racial, ya que en su mayoría suelen ser personajes blancos). A pesar de lo maravillosamente bien que algunos narran, me gustaría leerles, de vez en cuando, algo distinto. No es sólo Salter, es también Cheever y otros autores coetáneos a ellos los que repiten una y otra vez esquemas, arquetipos y situaciones que aunque bien narradas, terminan por cansar un poco.