25 julio 2009

La rosa (Robert Walser)

Este no es, ni de lejos, el libro más interesante de Walser, pero aun así, es interesante. Se trata de un conjunto de escritos que recogen acontecimientos cotidianos, recuerdos de personas que ha conocido, reseñas de libros con cierto tono satírico. Quizás lo mejor del libro es la capacidad que tiene Walser para darle vueltas a las cosas más aparentemente triviales. Me ha gustado La rosa en especial porque muchos de los temas que trata en estos escritos aparecen después en sus novelas y podemos comprobar cómo evoluciona la idea desde una observación casual a un argumento profundo y conmovedor sobre las relaciones humanas.
He leído en alguna parte que la literatura de Walser trata de buscar sentido a una existencia que él no comprende. No sé si es cierto o no. La obra de Walser (La rosa, por ejemplo, que es el libro que nos ocupa) no me parece fruto de alguien que se mueve en un mundo al que no le encuentra sentido, más bien me parece la mirada de un escritor que no da nada por supuesto y todavía es capaz de asombrarse durante un paseo y de relacionar ese hecho puntual con una visión, digamos, más universal. Lo que más destacaría de Walser es la capacidad de trascender, de huir de los tópicos, de crear historias y personajes que superan cualquier arquetipo y se convierten en algo vivo, lleno de peculiaridades y rareazas que no los alejan del lector, sólo los humanizan más. Puede que en ocasiones el mundo sea un lugar extraño para Walser, pero a mí no me parece ese hombre perdido en un universo incomprensible, tal y como lo han descrito a veces algunos críticos.

19 julio 2009

Alejandra Pizarnik

Me pregunto si de tanto hablar de los problemas psicológicos de Alejandra Pizarnik, de su internamiento, su suicidio, no estamos dejando en segundo término su envergadura intelectual. No digo que no influyera la que era en lo que escribía. Tampoco sé hasta dónde llegaba del personaje Pizarnik y a partir de dónde empezaba Alejandra. Lo que sé es que me impactó desde el primer poema. Así la conocí, a través de un poema que tenía copiado en unos folios sueltos un compañero de la facultad. No era fácil entonces dar con un libro de poemas de ella, pero un argentino me dejó La última inocencia, publicado en 1956 por Ediciones Poesía Buenos Aires. Recuerdo haber leído y releído sin parar a lo largo de toda una tarde el poema “Sueño”.

Estallará la isla del recuerdo
La vida será un acto de candor
Prisión
para los días sin retorno
Mañana
los monstruos del bosque destruirán la playa
sobre el vidrio del misterio
Mañana
la carta desconocida encontrará las manos del alma


A partir de ese momento comencé a leer todo lo que pude sobre la autora, que no era mucho. Después, durante años, me olvidé de ella, hasta que en el año 2003 me topé con la edición de su poesía completa publicada por Lumen. Volví a leerla de una forma renovada. No recordaba la mayoría de los poemas y aquellos que no había olvidado me parecían ahora más desoladores que en aquella primera lectura. No he encontrado ningún rayo de luz en la poesía de Pizarnik, sólo oscuridad vital y sus versos me parecen de una hondura que obliga a cuestionárselo todo, a no usar el lenguaje, como decía ella, para escondernos, para no ver la destrucción que nos rodea. "Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo. La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”, escribe ella y éstas, probablemente, sean las palabras que más me ha costado olvidar.

Es interesante leer sus Diarios, publicados también por Lumen, pero teniendo en cuenta que están sesgados, que se han eliminado muchos textos (especialmente los referentes al sexo, a su vida privada y sus relaciones lésbicas) y que hay años casi inexistentes, que se han borrado por completo. Puede, es cierto, que en esta edición se echen de menos unas buenas notas a pie de página que expliquen determinados nombres que aparecen, instituciones o lecturas a las que hace referencia, pero aun así son interesantes.

03 julio 2009

Diario de Nueva York (Julie Doucet)

Julie Doucet nació en Quebec en 1965, estudió en la Facultad de Bellas Artes de Montreal y se trasladó primero a Nueva York y más tarde a Seattle y Berlín. Finalmente regresó a Montreal. Ganó en 1991 el Harvey Award al talento revelación de ese año.


Diario de Nueva York (nominada como mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona, en 2002) es autobiográfica, cruda y tierna a la vez, una obra donde la autora nos cuenta su vida de adolescente rara en la universidad, sus relaciones sexuales, su primera vez, sus ataques de epilepsia, su relación con las drogas y su traslado a Nueva York donde vive en un apartamento diminuto con un novio que está loco.


Sus dibujos, sus trazos, son caóticos, oscuros, llenos de detallismo. Es una autora emparentada con la estética y la dinámica a la hora de escribir historias de gente como Chester Brown y Dupuy & Berberian.

Es una maravilla de cómic editada por Inrevés con el buen gusto y el cuidado que caracteriza todo lo que hacen.