Este no es, ni de lejos, el libro más interesante de Walser, pero aun así, es interesante. Se trata de un conjunto de escritos que recogen acontecimientos cotidianos, recuerdos de personas que ha conocido, reseñas de libros con cierto tono satírico. Quizás lo mejor del libro es la capacidad que tiene Walser para darle vueltas a las cosas más aparentemente triviales. Me ha gustado La rosa en especial porque muchos de los temas que trata en estos escritos aparecen después en sus novelas y podemos comprobar cómo evoluciona la idea desde una observación casual a un argumento profundo y conmovedor sobre las relaciones humanas.He leído en alguna parte que la literatura de Walser trata de buscar sentido a una existencia que él no comprende. No sé si es cierto o no. La obra de Walser (La rosa, por ejemplo, que es el libro que nos ocupa) no me parece fruto de alguien que se mueve en un mundo al que no le encuentra sentido, más bien me parece la mirada de un escritor que no da nada por supuesto y todavía es capaz de asombrarse durante un paseo y de relacionar ese hecho puntual con una visión, digamos, más universal. Lo que más destacaría de Walser es la capacidad de trascender, de huir de los tópicos, de crear historias y personajes que superan cualquier arquetipo y se convierten en algo vivo, lleno de peculiaridades y rareazas que no los alejan del lector, sólo los humanizan más. Puede que en ocasiones el mundo sea un lugar extraño para Walser, pero a mí no me parece ese hombre perdido en un universo incomprensible, tal y como lo han descrito a veces algunos críticos.


Julie Doucet nació en Quebec en 1965, estudió en la Facultad de Bellas Artes de Montreal y se trasladó primero a Nueva York y más tarde a Seattle y Berlín. Finalmente regresó a Montreal. Ganó en 1991 el Harvey Award al talento revelación de ese año.