Dicen que el antecedente remoto de lo que hoy conocemos como corrida de toros habría que buscarlo en la Edad de Bronce, nada más y nada menos. Dicen que nació como un acto ritual en el que los jóvenes demostraban su hombría y su valor. Dicen también que hay que tener en cuenta el culto al toro que se llevó a cabo en las civilizaciones mediterráneas desde antiguo (no hay más que fijarse en el mito del Minotauro, por ejemplo). Y todo esto nos indica que, por muy antiguas que sean ciertas tradiciones, muchas veces acaban involucionando y hay que terminar con ellas porque son bárbaras y violentas y hacen sufrir a un ser vivo. Los que están a favor de los toros, sin embargo, pocas veces utilizan más argumentos que los puramente viscerales: es una tradición antigua (como si eso lo justificase todo, como si fuese legítimo seguir haciendo algo por el simple hecho de que hace muchísimo que se hace) y el torero crea arte ¿? Algunos defienden la civilización para lo que les conviene y la barbarie para lo que les alegra algunas tardes de domingo.
No sé para quiénes serán divertidos los toros. Desde luego, los toros no son divertidos para los toros, que no salen ganando nada y lo pierden todo: la vida y la dignidad, convertidos en meros accesorios sufrientes en manos de tipos embutidos en trajes de luces que tratan de demostrar no se sabe qué al grito de “el torero ama al toro”. ¿Amar es destruir, matar, sangrar a un animal? Las terribles y sangrientas peleas de perros están prohibidas en muchísimos países y (casi) todo el mundo lo ve normal, quizás porque se asocia con una actividad oscura, ilegal, barriobajera y marginal. Incluso muchos taurinos piensan así. Ahora bien, si se trata de los toros o la caza del zorro en Inglaterra, como se reviste a esta actividad sangrienta de los oropeles de la nobleza, el poderío económico, el Farias y el traje de los domingos, todo es mucho más digno, más elevado, más aristocrático. Se sienten como señorones y señoronas cuando van a una corrida, pero si va hasta la duquesa de Tal y el marqués de Cual, si incluso la infanta Elena es una amante de los toros, fíjate, cómo no van a ser "refinadas y elegantes" las corridas de toros. Pues no. La brutalidad contra los animales es uno de los mayores indicativos de lo despreciable que puede llegar a ser un ser humano. Convertir eso en fiesta nacional y mantenerlo como tal hasta nuestros días es también indicativo del atraso de nuestra sociedad, de la mentalidad de “charanga y pandereta” que reina aún hoy en España. Y no me sirve que digan eso de “si no te gusta, no vayas”. Los toros no tienen opción, no eligen y si pudiesen elegir, a buen seguro no optarían por morir en un ruedo en completa desigualdad de opciones. Y además, ¿qué me dicen de todos esos toros que salen “reventaos” a la plaza porque les han tirado sacos de arena encima para cansarlos y facilitarles las cosas a los toreros? Son cada vez más las voces que, desde dentro del mundo del toro, denuncian las barbaridades que se les hacen a los animales para que no salgan a la plaza en condiciones óptimas. La tortura, por lo tanto, comienza fuera de la plaza y después sigue dentro de ella entre vítores y pañuelos blancos de la afición, tan semejante al Coliseo romano. Tan primitivo, tan salvaje, tan brutal.
15 comentarios:
Para diarréicos cerebrales, nada más. Y viene de España.
Pobres animales, ojalá cornearan a todos los toreros.
Tampoco es eso, Manuel. Si me parece terrible que un hombre mate de esa manera a un animal, imagínate lo que me puede parecer que un toro mate a un torero: terrible. Yo no deseo eso, deseo que los toros se acaben, así de sencillo.
Estoy contigo...un horror lo mires por donde lo mires.la muerte, nunca debería ser un espectáculo.Precioso artículo.besazos
Totalmente de acuerdo, Marta. Martirizar a los animales me parece innoble. Y jugarse la vida por conseguir un movimiento presuntamente estético de un animal tras un paño, una irracionalidad, habiendo como hay otros modos de hacer arte o de ganarse la vida. Alguien del N.O. dijo de una función de toros que era "diversión para mí de las más exquisitas y gustosas, por lo mucho que se me cae la baba de placer siempre que veo matar hombres y caballos". Aunque se haya reducido mucho el número de esas muertes. Esa sarcástica valoración me parece plenamente válida.
Un cordial saludo. A.
La verdad es que la foto hace daño a la vista. Tanto, que cuesta comprender cómo algunos a semejante barbarie lo asocian con el arte y la cultura.¡Qué barbaridad¡
Un saludo
Muy bien escrito. El dolor rezuma como esa sangre de la foto. Mira que son hermosos los toros y mira que este país sigue empeñado en rebozarse en la barbarie y el atraso, las bocanadas malolientes de los puros y el alboroto de la sangre.
Esperemos que el reducto sea cada vez más pequeño.
Totalmente de acuerdo con tu opinión, no es una tradición, es una mala costumbre. Aunque reconozco que los toros han tenido una vida de la leche hasta que entran en la plaza de toros, pero tengo entendido que su calvario empieza mucho antes de la tarde de domingo, desde gotas en los ojos para que no vean bien, hasta golpes para que salgan medio atontados y sean menos peligrosos. Todo forma parte de la barbarie.
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El espectáculo de la muerte del toro no deja de ser dantesco como ese machismo que lo rodea, aquí todo es cuestión de "marcar paquete". Queda la belleza de las verónicas,las chicuelinas y otros adornos que realmente pueden emocionar. Le quitaría la muerte, el pujazo, el estoque y las banderillas, torear, dar unos cuantos pases y ale, al campo otra vez.
Hay otra parte que es PEOR que es esa animadversión por ser una tradición española. Eliminaría los dos fondos y me quedaría con una fiesta taurina digna para todos y apta para todos. Pues tal vez los antitaurinos-anti-españoles consigan más muertes de toros con la desaparición de la mal llamada fiesta nacional.
Deberíamos centrarnos más en nuestra propia violencia, la de nuestros semejantes, la de sexo, la de los campos de fútbol, la del terrorismo y las guerras.
La paz es algo más que una paloma, es el respeto a los toros, las focas, los perros, las ballenas, el esquilmado contínuo de los mares... también una forma de propuestas positivas... porque desear que el toro mate al torero, no sé si eso ayuda mucho. Me gustaría saber la opinión de los toros.
Un saludo cordial.
tambien los autos de fe, con sus hogueras y demas,formaban parte de los festejos que conmemoraban bodas y nacimientos reales, asi que ... ¡ole!
Tus argumentos son por lo menos tan viscerales como los de quienes apoyan la tauromaquia. Igual de tercos ambos, incapaces de encontrar un punto medio. ¿Por qué nadie propone, por ejemplo, que continúe la lidia de toros con corridas incruentas, donde el toro y el torero muestren la belleza natural de la tauromaquia, reconocida por artistas que no es menester mencionar aquí pero seguramente conoces, entre los que apenas me haría falta mencionar a tu venerado Bolaño o a Mario Vargas Llosa, sin hacerse daño?
Sí soy visceral en este (y otros) temas, Federico. Tampoco soy de esas personas que defienden la vida de un animal por encima de la de una persona. Pero reconozco que no me gusta usar a los animales para disfrute de las personas. Ya es bastante cruel y dolorosa la forma en la que son sacrificados en los mataderos (yo NO soy vegetariana, que conste), pero hacer escarnio de ellos para pasar un buen rato, por más artístico que les parezca a algunos, no me parece bien. La salvajada que es para mí el toreo tan y como se lleva a cabo en España no es comparable con lo que tú propones, por supuesto, pero un animal no "comprende" lo que ese toreo que propones significa: el toro se pone nervioso y tenso y hasta tiene miedo (no hay más que ver cómo tratan de escapar de la plaza si ven un hueco abierto) y creo que no hace falta hacer pasar a un animal por un trance así para pasar un buen rato o "crear" arte, como dice algunos.
Nunca olvidaré a aquel colegio que llevó a sus infantes al zoo de Madrid el día del cumpleaños del oso panda para que le cantara el cumpleaños feliz. Los niños se pusieron a gritar la canción y el panda, que ni pajolera idea tenía de lo que esos cánticos significaban, se asustó y se escondió durante días porque no estaba acostumbrado a semejantes gritos.
Matamos a los animales para comerlos con brutalidad, los usamos a lo bestia en investigaciones médicas, científicas y hasta para probar productos cosméticos, los encerramos en zoos para poder verlos cuando nos dé la gana, los usamos en fiestas de pueblo para torearlos, sangrarlos o lanzarlos desde el campanario... No creo que si un animal pudiese elegir, decidiese entrar a una plaza a que lo toreen, aunque ese toreo no acabe en sangre.
Me cuesta trabajo entender cómo justificar la crueldad contra los animales a la hora de comer, y por otro lado compadecerlos en la lidia de toros. Por otro lado, reconozco que mi propuesta es totalmente utópica ya que, para los taurinos, si el toro no muere no hay "arte" ni "misterio", así que tampoco lo aceptarían. En fin, llegué a tu blog gracias a otras espléndidas notas que has escrito y la única que no me gustó fue esta sobre los toros. El alegato antitaurino, expresado por una persona carnívora, me parece gazmoño.
No, si yo no digo que tenga razón, y compadecer, la verdad es que compadezco a cualquier animal al que maten cruelmente (imagino que hay modos más y menos dolorosos de matar a un animal) sea con el fin que sea, lo que pasa es que no me parece igual que un animal muera para que alguien lo coma que hacerle daño y matarlo para que alguien disfrute viéndolo en una plaza. O la caza del zorro, las peleas de perros y gallos. Creo que no es lo mismo. La diferencia está en la finalidad. Quizás porque no entiendo que alguien pueda disfrutar viendo sufrir a un animal, viendo sufrir a cualquiera. Y también porque no todos los cuerpos admiten el vegetarianismo, incluso atiborrándose de complejos vitamínicos, sin ponerse enfermos.
Pero aunque yo no entienda tu postura ni tú la mía, hemos podido hablar de esto civilizadamente, que ya es mucho.
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