
Este librito de menos de sesenta páginas nos narra la historia de Jakob Mendel, inmigrante judío ruso que reside en la Viena de principios de siglo. Mendel es un librero de viejo con una extraordinaria memoria que hace que no olvide ningún dato de los libros que pasan por sus manos. Descrito como "pequeño, comprimido, envuelto en su barba y además jorobado" (pág. 18), se pasa la mayor parte del día en el café Gluck dedicado a estudiar sus libros, esperando a gente que quiera venderle alguna rareza y dispuesto a ayudar a cualquiera que le plantee una duda sobre una edición o un dato que nadie más conoce. Mendel vive ajeno al mundo que le rodea, incluso logra ignorar la guerra y todos esos cambios que ello conlleva. Su vida es, única y exclusivamente, el terreno de los libros. Pero debido a un malentendido, acaba en la cárcel por mantener correspondencia con un país enemigo y aunque su estancia no es larga, este hecho demuestra que la vida se impone con toda su crudeza a aquellos que han elegido vivir al margen de ella, incluso a los inocentes, a quienes se les culpa de delitos que no han cometido.
A Mendel lo conocemos desde fuera, gracias a un narrador externo que termina, años después, en el que había sido el café Gluck, ahora en manos de nuevos dueños y con un grupo de camareros también nuevo, y que decide investigar qué había sido de aquel hombre de memoria extraordinaria, aquel librero irrepetible: Jakob Mendel, para descubrir con gran decepción que incluso un hombre tan singular puede ser totalmente olvidado en poco tiempo.
"Sentí un regusto amargo en los labios. El regusto de la fugacidad. ¿Para qué vivimos, si el viento bajo nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?" (pág. 31).
Esta novelita (utilizo el diminutivo por el número de páginas, no por la calidad de las mismas) es un alegato antibelicista, una historia desoladora, sencilla, tremendamente humana, de cómo ante la destrucción irracional que supone una guerra nadie puede salvarse: ni los que eligen vivir entre libros y no involucrarse, ni los inocentes que no han hecho nada para merecer la persecución y la cárcel. Está escrita con una sencillez que conmueve y un gran detallismo a la hora de mostrarnos los ambientes, sobre todo el del café Gluck. Fue escrita en la plena madurez de su autor, Stefan Zweig, y creo que en ella trata de mostrarse, de una manera desnuda de artificios, el horror de un mundo que, como se dice en la novela, se estaba desmoronando.
6 comentarios:
Me ha gustado tu reseña, la historia me ha cautivado: En mi próxima "caza de libros" estará entre la lista de pendientes. ¡Saludos!
Tengo ganas de leer a Zweig, me apuntaré éste, ¿o me recomiendas algún otro?
MAYA: No te arrepentirás, es un librito que se lee en un par de horas y te deja en las nubes. La historia es conmovedora.
VERO: Es el único libro que he leído de Zweig, por eso es el único que te puedo recomendar, pero desde luego leeré más porque me cautivó su manera de narrar y de acercarnos las historias.
Vero, yo justo no he leído este, que me han recomendado en otros sitios. Pero soy fan de Zweig y los relatos cortos que más me han gustado son "24 horas en la vida de una mujer" y "Carta de una desconocida"
Susana, justo esta mañana me recomendaron leer ese relato, "Carta de una desconocida".
Por lo general, los textos de esa editorial son realmente buenísimos.
Lástima que para los argentinos resulta muy cara por estar a precio euro. A mí me encantaría tener "La vida de Samuel Johnson" de Boswell.. pero es carísima para mí.
Buen blog che, felicitaciones.
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