
“Los raros” (según palabras del crítico Ángel Rama) son un grupo de autores uruguayos con una trayectoria novelística tan particular que resulta imposible encajarlos en ninguna generación ni estilo desarrollado en la época, de manera que se les aunó bajo ese marbete de “Los raros” en parte porque la crítica no sabía dónde encajarlos y en parte porque todos ellos están influenciados por el surrealismo. Podemos destacar a Felisberto Hernández, Armonía Somers y Mario Levrero. Todos ellos están entre mis favoritos, entre los autores cuyos libros releo cada cierto tiempo. Hoy nos ocupa Levrero y su novela La ciudad.
A Levrero lo descubrí a través de esta novela que, si no es la mejor del autor, si es el mejor de los inicios (si aún no hemos leído nada de Levrero) para introducirnos en su obra. Es una novela que a mí me fascinó desde que un librero tinerfeño me la recomendó, allá por 1999. Recuerdo que llevaba un tiempo dando vueltas por una librería cercana al Puerto de la Cruz y el librero se me acercó para decirme que si no sabía qué comprar, podía optar por La ciudad, porque él acababa de leerla y no se la quitaba de la cabeza.
Efectivamente esa es la sensación que me quedó al comenzar a leerla, porque es de esas novelas que te transmiten desasosiego y te impiden cerrar las páginas porque estás ante ellas estupefacta tratando de saber qué le va a ocurrir al protagonista y qué significa ese mundo extraño en el que está inmerso. Es una novela oscura, muy influenciada por la literatura de Kafka (comienza con una cita del autor checo), narrada en primera persona como todas las de Levrero y que tiene como tema central el aislamiento. El protagonista llega a una casa que no había sido habitada por nadie en muchos años y sale a comprar algo de comida en medio de la noche, pero se pierde. No contaré nada más, porque es el lector quien tiene que sumergirse junto al personaje en la pesadilla. La novela es metafórica, como lo es la literatura de Kafka. La ciudad es mucho más que una ciudad y la casa a la que llega en el primer capítulo es mucho más que una casa. Lo mismo podemos decir de ese camino oscuro y lluvioso que emprende en busca de comida y de la gente que se va encontrando. La descripción de lugares es lo más destacado de la novela, precisamente por ese componente metafórico del que antes hablaba. Tenemos constantemente la sensación de estar dentro de una de esas pesadillas en las que tratando de llegar a un sitio aparecemos en otro y escaparnos de ese lugar nos resulta complicado, casi imposible. Esta novela es una especie de laberinto cuya salida debe encontrar el protagonista para regresar a un lugar del que había huido previamente.
Si queréis leer la novela online y el prólogo que escribe Antonio Muñoz Molina, podéis pinchar AQUÍ.
3 comentarios:
Hola:
Leí esta novela, de plena juventud creativa de Levrero, y me gustó, aunque me pareció bastante deudora de Kafka.
De la trilogía involuntaria (La ciudad, París, EL lugar), me quedo con la tercera. Una de las obras maestras del absurdo sudamericano. Muy divertida y más original que La ciudad.
Me gusta también bastante "Dejen todo en mis manos".
Tengo que leer, proyecto de Año Nuevo, La novela luminosa.
Saludos
Sí, David, muy, muy Kafka. Yo también me quedo con El lugar, aunque prefiero La novela luminosa. A propósito de esta entrada en el blog también me recomendaron un relato suyo titulado Caza de conejos, que me pareció estupendo.
Un saludo.
Hola Marta:
De Levrero, además de los 4 comentados, he leído "El discurso vacío", que me resultó interesante, y creo que es una obra parecida, aunque a escala menor, de La novela luminosa, que he de leer en enero o febrero.
No he leído nada de cuentos de Levrero. En la librería iberoamericana tenían una novela corta editada en Uruguay (80 páginas a 33 euros), pero creo que Mondadori está por la labor de editar en España lo que falta de Levrero.
EL libro de Márquez está bastante bien. Estuve el jueves pasado en la presentación. Él en persona es agradable.
No he leído lo anterior, o sólo un relato en la antología Siglo XXI. Tal vez me anime.
Saludos
Publicar un comentario en la entrada