
Hace dos años aproximadamente que conocí el blog de Olga Bernad, Caricias perplejas. Ya entonces me sorprendieron las prosas poéticas de Olga, recuerdo en especial sus descripciones de Los Monegros. No era difícil imaginar que en los poemas de este libro íbamos a encontrar una emoción similar, reflexiva, una emoción de palabras bien elegidas para quedarse en el punto justo, en la contención. Los versos de Olga tienen una continuidad y si bien cada poema en sí mismo es una reflexión del amor, sus victorias y sus daños, creo que es en la lectura global de todos ellos donde comprendemos la dimensión de ese mensaje, de esa historia contada en verso y en la que la autora busca quién es, quién era, lo que el amor ha hecho de ella y el camino que el desamor le descubre. Cobra así una especial importancia el primer poema, titulado “Todo”, que supone un resumen de lo que vamos a leer en los poemas que le siguen, como un flashback cinematográfico que trata de explicarnos el porqué del desenlace que se nos acaba de contar.
TODO
Sé desde hace algún tiempo
que ya nada sería suficiente,
salvo absolutamente todo.
Y no sé qué es todo,
no sabría pedirlo ni explicarlo,
no sabría tal vez reconocerlo.
Pero lo quiero todo.
Y no sé si sería suficiente.