03 enero 2011

Grandes esperanzas (Charles Dickens)


Casi siempre he leído a Dickens en Navidad. Desde que en el colegio me habían mandado leer Cuento de Navidad, asocio al autor con estas fechas. Dickens, a quien una de mis profesoras siempre consideró un autor “para niños”, es en cambio uno de los escritores más críticos con la sociedad en la que le tocó vivir, concretamente es crítico con la pobreza y la división de clases, así como con la familia burguesa y su aparente perfección.

Grandes esperanzas está narrada en primera persona por su protagonista, Phillip Pirrip, conocido como Pip, de un modo que a mí me recuerda lejanamente a la novela picaresca, aunque Pip no es en absoluto un pícaro, sino todo lo contrario.

Pip es huérfano y vive con su hermana y su cuñado. Sería feliz si su hermana no le pegara a él y a su cuñado, un hombre que siempre se comporta con él como un amigo leal, el padre que no conoció. Al igual que su cuñado, Pip será algún día herrero, o eso cree él. Pero entonces se interpone en su camino la rica, anciana y excéntrica señorita Harvisham, una mujer burlada por su enamorado poco antes de su boda y que detuvo el tiempo en ese mismo instante: paró los relojes de toda la casa, no se quitó el vestido de boda ni permitió que nadie echase a la basura las flores y el pastel de bodas que había en el salón. La señorita Harvisham se siente desgraciada y sola, además se aburre, por eso decide que Pip vaya una vez por semana a su casa para entretenerla, aunque su finalidad es muy distinta: Pip es un experimento. La señorita Harvisham ha adoptado a una niña huérfana bellísima para convertirla en el azote de los hombres, para que ella vengue su trágica historia de amor. Y Pip cae rendido ante los encantos de la joven, fría y desalmada Stella.

Hasta el momento en el que Stella lo llama vulgar o se mofa de su forma de hablar y comportarse, Pip estaba muy orgulloso de cómo era. Pero a partir de ese momento comienza a avergonzarse y desea más que nada en el mundo cambiar, porque cree que su cambio físico, una mejor educación, y una posición social más elevada lo harán un ser humano mejor, más digno. Y así comienza una nueva etapa en la vida de Pip donde todo estará orientado a hacerse digno del amor de Stella.

Esta ha sido siempre mi novela favorita de Dickens, porque me fascina la manera que tiene de mostrarnos a ese niño que de pronto descubre, porque se lo dicen, su vulgaridad y cómo eso le hace despertar de su largo sueño. No añoramos lo que desconocemos, parece decirnos Dickens, pero peor aún es medirnos a nosotros mismos por cómo nos ven los otros.

5 comentarios:

Estonetes dijo...

Qué maravilla de libro. Siempre nos quedarán los clásicos. Muy buen post :)

Marta María López dijo...

La verdad es que sí. Hay clásicos que nos dan alegrías y nos sorprenden por mucho que los releamos. Un saludo.

Marisa Peña dijo...

La mía también...aunque a veces en mi más recóndito escondite, la he llamado "Grandes decepciones" al aplicarla a mi propia vida.Un beso Marta.

Kericolo dijo...

Es una brutal crítica, este libro, de la sociedad de la época. Es un libro a mi forma de ver un poco triste, pero esta crítica en ciertos aspectos la podemos aplicar a nuestros días...y siempre nos lleva a la reflexión. Un clásico obligatorio a mi forma de ver. Un saludito

Javier Puche dijo...

Esta es una de mis novelas preferidas. Me alegra coincidir contigo. Feliz 2011.