
Leer a determinados autores acaba siendo una especie de vuelta a casa, de regreso a lo que a uno de verdad le gusta después de haberse paseado por otros autores y obras que también le gustan, pero no del mismo modo.
Sigo a Juan Carlos Márquez desde Oficios y Norteamérica Profunda. Le hice una entrevista en este blog hace tiempo a propósito de estos primeros libros que había publicado. Casi todo lo dicho en mis anteriores reseñas puede aplicarse ahora a Llenad la Tierra y no voy a repetirlo para no caer en la pesadez. Puedo aplicar casi las mismas palabras a este libro, sí, pero hay que añadir algo nuevo que tiene Llenad la Tierra: es un libro más maduro. No repite fórmulas que le habían salido bien con anterioridad ni va a lo seguro: se arriesga. Ya desde el primer relato suyo que leí, Juan Carlos Márquez me pareció un autor interesantísimo. Cuida el lenguaje hasta el extremo, regala imágenes que no se nos olvidan y, además, en esta obra da un giro hacia una cierta denuncia social. No es la suya una denuncia social al uso, tal y como vemos en su relato Restos, pues si así fuera, sólo nos encontraríamos con una historia de un pobre hombre muerto de hambre que rebusca en la basura para poder comer un mendrugo de pan, y un relato tan simplón y predecible carecería totalmente de interés. No, no hace eso, sino que le da una vuelta de tuerca y los apetitos del protagonista se vuelven más repulsivos y menos esperables. Quizás sea El orden social el relato que mejor muestra esta crítica social de la que hablo, que no se refiere al paro o a lo difícil que es llegar a fin de mes (odio este tipo de relatos, muchas veces copia burda del Realismo sucio, pero sin llegar a la grandeza de este). La suya es una crítica en contra de lo establecido, del inmovilismo de la gente, de la forma anestesiada que tenemos de movernos por el mundo, haciendo las cosas porque sí, porque siempre se han hecho así, sin plantearnos si hay otra manera. Esta crítica me recuerda mucho a algunos relatos de Ángel Zapata.
En el libro se van intercalando relatos extensos con otros más breves e, incluso, con microrrelatos. Si los más breves me impresionaron por su fuerza y por, como ya dije, toda la carga de crítica social que hay en ellos contra el hombre moderno y el mundo en el que se mueve, los relatos más extensos me han impresionado por su historia y su estructura. Creo que el autor ha crecido desde que publicó sus dos primeras obras, ha ahondado más en su concepción del relato para forzar los límites impuestos y sigue siendo tan pejiguero como siempre, lo que hace que sus relatos sean piezas muy trabajadas donde la forma en la que se desarrollan y las palabras usadas no son fruto del azar. Hay un tipo de narrador en alguno de ellos que se eleva en ocasiones por encima de la historia y nos regala sentencias de esas que son para subrayar y reflexionar (estoy recordando ahora al narrador de Papá, mírame). No quiero destripar los relatos y por eso no entro en el argumento de ninguno de ellos, pero sí me gustaría decir que, además de los ya nombrados, son estupendo El corazón de mi padre, Belgrado 1976 y La eternidad, por nombrar sólo algunos.
----------------------------
10 comentarios:
El libro es ESTUPENDO. Quien no lo tenga ya, que corra a la librería AHORA!
Yo ya corrí y no quedaban. Al final tendré que ir al Corte inglés, que me da una rabia...
Siempre los mismos autores, las mismas tendencias, bla bla bla. Jo, macho, con lo que hay por ahí publicado...
CARMEN:
No sé si te refieres a que yo hablo de los autores de los que habla todo el mundo (creo que no todo el mundo habla de estos autores, ojalá fuese así) o que yo hablo siempre de los mismos autores. En este último caso te diré que Juan Carlos Márquez, Jon BIlbao o Matías Candeira (publicaré próximamente una reseña de su último libro) están entre mis autores favoritos, de ahí que haya hablado de varios libros de cada uno de ellos, por poner un ejemplo. No quiere decir esto que no lea a otros. Leo muchos otros, pero no reseño los libros que no me gustan.
De todos modos, Carmen, tal vez deberías decirme algunos autores y títulos que, en tu opinión, merecerían ser leídos y reseñados. Y en cuanto a las tendencias, mi preferida es claramente la que tiene ciertos tintes surrealistas, aunque hay muchos libros aquí que son totalmente opuestos, como Stoner o Sukkwan Islanda, por nombrar sólo algunas reseñas recientes.
Saludos.
Calcedo, Esquivias, Bonilla, Pámies... Calidad. No, no me refería a que siempre reseñes a los mismos (no frecuento tu blog), sino que últimamente se ve mucho a los del mismo circulito madrileño, y la gente está ya un poco harta, porque no cumplen (salvo la honrosa excepción de Bilbao) los mínimos de calidad exigibles a un libro de cuentos. Son copias de maestros rancios y mediocres de taller y hacen que la calidad del cuento español palidezca cada vez más respecto a Argentina, México o Chile, por hablar del ámbito hispano. Por lo demás, tus reseñas me parecen bastante bien construidas. Un saludo.
De Esquivias sólo he leído La marca de Creta, que me gustó. A Bonilla no lo he leído, así que me lo apunto. Calcedo me gusta. El último libro de Pámies que leí no me gustó nada, pero reconozco que es un autor con grandes obras publicadas. En cuanto al círculo de Madrid (Bilbao no pertenecería porque es asturiano y residente en Euskadi) imagino que te refieres a los que son profesores de Escuela de Escritores. Me llama la atención que de un tiempo a esta parte se arremeta tanto contra ellos precisamente por este hecho. ¿La gente opinaría igual de sus relatos si no supieran que son profesores de taller literario? No entiendo que eso pueda ser un inconveniente para nada. Yo he sido alumna de Juan Carlos Márquez, que es un gran profesor, me ha enseñado mucho y siempre ha respetado mi estilo sin imponer sus criterios, orientándome en errores de principiante que todos cometemos. Lo considero, además, un gran cuentista. Dios mío, Carmen, si él o Candeira no cumplen los mínimos exigibles en un libro de relatos, la mayoría de los libros de este país habría que quemarlos en la plaza del pueblo.
No los considero copias de nadie, otra cosa es que puedan tener influencias. ¿Ese maestro rancio de taller al que te refieres como principal influencia de ellos no será Zapata, verdad? Porque de rancio nada. En mi opinión es uno de los grandes cuentistas que tenemos en este país. Su libro La vida ausente es un libro de referencia.
Bueno, es una opinión. De sobra sé que los afines al círculo sois adeptos a La vida ausente. Para otros (no pocos) es un librito que clona logros de hace casi cien años, dígase Benjamín Peret o Antonin Artaud, ídolos literarios de Ángel Zapata. En fin, supongo que hay que haber leído mucho para ver estas cosas. Pero ya te digo, son gustos personales, yo a estos chicos no los conozco, y además desconocía que habías sido alumna de Márquez. Un saludo.
Que Márquez haya sido mi profesor no quiere decir que yo pertenezca a ningún círculo (porque voy a lo mío, eso lo primero) ni mucho menos que sea adepta. No soy incondicional de nadie.
La expresión "supongo que hay que haber leído mucho para ver estas cosas" es pretenciosa, porque das por supuesto que yo no he leído a esos autores (Artaud y Péret) o que no he leído lo suficiente o que he leído menos que tú. A Artaud y Péret los leí con 18 ó 19 años por primera vez. Pero no hace falta haber leído a la mayoría de los vanguardistas europeos (cosa que, por cierto, sí he hecho) para saber las querencias e influencias de Zapata, ya que él mismo los nombra en varias entrevistas, no lo oculta.
Los autores que tú nombras (Esquivias, Pámies,...) tampoco han descubierto precisamente la pólvora y deben mucho a corrientes y autores anteriores, pero yo no uso ningún tono de suficiencia para decírtelo y no doy por supuesto que tú no lo sabes.
Siento que te hayas sentido ofendida, te pido disculpas. No era mi intención, y menos en tu blog. Mantengo, eso sí, la esencia de lo dicho, que no es una crítica a ti, ni mucho menos, sino a cierta inercia generacional e inevitable en los gustos y querencias por ciertos autores, un latiguillo irritante que a veces parece incluso producto de alguna estrategia, o a mí me lo parece. El tiempo podrá cada obra en su lugar. Lamento la tensión causada. Tampoco mi opinión es dogma, pues solo soy una lectora, no escritora. De nuevo, mis disculpas.
Las críticas hacia mí no me importan, Carmen, es más: creo que es muy sano hacer críticas y que nos las hagan, contemplar otros puntos de vista. Lo malo es dar por supuesto que el otro sabe menos que nosotros porque no le gusta lo mismo.
En una cosa tienes razón: el tiempo pondrá cada obra en su lugar.
Publicar un comentario en la entrada