25 julio 2011

El otro fuego, Inés Mendoza


Es difícil hablar de un libro sin destriparlo y yo me he dado cuenta de que muchas veces, al hablar de libros de relatos, digo demasiado. Por eso, en esta ocasión, he decidido limitarme a hablar de las sensaciones que me produjo su lectura.

El otro fuego, de Inés Mendoza, trata sobre la otra vida –o la vida otra– esa que deseamos unas veces y no nos atrevemos a agarrar o que, otras veces, ni siquiera sabemos que existe. ¿Por qué? Porque estamos ahogados en convencionalismos, inmersos en la vida que todo el mundo lleva y parece ser la única manera de vivir que existe: claudicando, adaptándose camaleónicamente a lo que se supone que debemos ser. Al leer estos relatos pensaba en Bartleby, el escribiente de Melville que ante cualquier petición de los demás respondía: “Preferiría no hacerlo”. Si en su momento Bartleby me pareció una crítica brutal al artista que se pliega a las exigencias del sistema, ahora los personajes de Inés Mendoza me parecen otra crítica brutal, esta vez a la trayectoria vital que también nos impone el sistema, a ese camino marcado con migas de pan que se pretende que sigamos sin rechistar y sin salirnos de lo establecido. Y para mí, que soy como Mendoza, huir de lo que se supone que debemos ser para ser exclusivamente lo que queremos ser es una máxima en la vida.

El fuego, que da título a uno de los relatos y a todo el libro, es evocador no sólo de la pulsión que nos empuja a dar un giro radical en nuestro camino, sino de ese resquicio íntimo y secreto de rebeldía que anida incluso en los corazones más complacidos y acomodados. Pero, sobre todo, el fuego evoca en mí, que he crecido rodeada de bosques, la ceniza que queda tras un incendio, ceniza necesaria en que debe convertirse el ser humano que quiere llevar otra vida para poder construirse desde la casi-nada como una persona nueva, desnuda ya de convencionalismos. "Te quiero pura, libre,/ irreductible", decía Salinas en uno de los poemas de La voz a ti debida. Pues eso.

Inés Mendoza es elegante cuando escribe. La suya es una palabra poética y bella, romántica en el sentido más “real” del término: sus expresiones denotan el deseo de desconexión con un mundo que no satisface a los personajes ni a nadie que no esté drogado de conformismo para acceder a una realidad superior y más verdadera. Leerla es un placer y deja también un aguijón clavado. Ese aguijón de inconformismo. Tanto, tanto me gustó leerla que aún tengo el libro sobre la mesita de noche, como si me resistiera a esa pequeña muerte que sufren todos los libros cuando, una vez leídos, son colocados en la estantería. Porque todo buen libro, no lo olvidemos, es un organismo vivo que respira y nos ayuda a respirar y a ampliar nuestra capacidad pulmonar.

7 comentarios:

Lina dijo...

Qué linda reseña, de seguro que leeré el libro después de esta recomendación. Esta tarde iré a Fnac, espero que allí lo tengan. La editorial es Páginas de Espuma, ¿no? ¿Tú lo compraste en Fnac?

Marta María López dijo...

Yo lo compré online en Tres Rosas Amarillas, Lina, pero imagino que lo tienen en Fnac. Espero que te guste.

Marta María López dijo...

Por cierto: sí, la editorial es Páginas de Espuma.

Anónimo dijo...

Leí el relato que enlazaste en una de tis entradas, el que se titula El otro fuego. No me gustó nada. la literatura que a mí me gusta es la realista. No sé por qué la gente tiene que inventarse batallitas en mundos paralelos en vez de afrontar la realidad que es muy dura y que por sí misma nos ofrece materia literaria para el que sepa verla. ¿Qué os pasa? Siempre dándole la espalda a la realidad para no afrontar los problemas.

Marta María López dijo...

Anónimo, entiendo que te guste la literatura realista, la estética realista y todo lo realista que tú quieras, pero eso sí: no te equivoques, que la literatura no sea realista no significa que no afronte los problemas. Las vanguardias son un grito desesperado de oposición a lo establecido. Es mucho más que literatura, es una concepción vital y un posicionamiento político ante el mundo.

Anónimo dijo...

Soy el anónimo de antes. Qué raro que publiques un comentario mío. Te escribo muchos y como no opino como tú, me los censuras.
No estoy de acuerdo con lo que dices de enfrentar la realidad. Primo Levi enfrentaba la realidad. Los vanguardistas son nenazas culturetas sin criterio.

Marta María López dijo...

Te equivocas: cuando no publico un comentario no es porque no opine como yo (de hecho te publiqué el anterior en el que decías que no te gustó el relato de Inés Mendoza), sino porque, en vez de exponer por qué te gusta o no te gusta, te dedicas a insultar. Parece que no sabes hacer otra cosa que insultar: llamas a los vanguardistas "nenazas culturetas sin criterio" en vez de exponer claramente por qué crees que ellos no son críticos con la realidad. Yo creo que sí lo son, pero no voy a perder el tiempo exponiéndote por qué lo creo cuando tú lo único que haces es insultar.