Alguien me dijo, no recuerdo quién, que los cómics y la ciencia ficción no era lecturas "serias". Yo tendría unos diez o doce años y ese alguien no era ni mi padre, ni mi madre, que siempre me compraban libros sin rechistar y dejaron que me fuera formando el gusto. Es curioso: no sé quién me lo dijo. Es por eso que yo leía cómics y ciencia ficción con cierta culpa, no sacaba los libros de casa, sino que los leía al amparo de la lámpara de mi mesita de noche. Eran lecturas poco serias y una niña tan lectora como yo debía aspirar a leer otro tipo de cosas. Eso también me lo dijo alguien, creo que una profesora que me daba clase de literatura siguiendo el fantástico método de dictarnos la vida de los autores y la lista interminable de obras sin leer ni un pequeño fragmento de ninguna. Había que leer cosas serias. Esa profesora no hizo referencia a la ciencia ficción ni a los cómics porque no creo que supiera que existía ni lo uno ni lo otro. Me lo había dicho porque yo estaba leyendo Moby Dick cuando, en realidad, un lector serio debía leer cosas como Las novelas ejemplares o Fuenteovejuna. Y es que para ella la literatura seria era la que habían escrito autores que llevaban muertos más de cien años.
Pero llegó el instituto y con él llegó también un profesor de Literatura que nos cambió la vida a aquellos alumnos del Bachillerato de Letras. Un profesor que nos enseñó a ahondar en las obras, a interesarnos por autores y movimientos literarios, que nos enseñó que no había géneros mayores y menores, sino grandes obras y obras mediocres, independientemente de su género literario. Él nos habló de Solaris.
Es difícil hablar de Solaris sin desvelar su argumento. Difícil. Por eso sólo diré que trata sobre la dificultad de comunicarse con una inteligencia extraterrestre y sobre los límites de la ciencia. Pero trata también sobre el ser humano, lo que eso significa, qué es lo que nos hace humanos. Está narrada en primera persona y su protagonista, el psicólogo Kris Kelvin, llega a la estación de observación de Solaris para tratar una serie de problemas que ha tenido la tripulación. Cuando llega, comienza a darse cuenta de las cosas extrañas que han ocurrido y cómo afectó eso a los tripulantes.