24 febrero 2012

Concesiones al demonio (Oscar Sipán)



Se trata de una novela donde escuchamos varias voces, a varios narradores regalándonos sus historias. Una amiga mía dice que son relatos que tienen un marco común: los narradores-protagonistas viven en el mismo edificio. Qué más da si se trata de relatos o novela, lo importante es la historia en conjunto que se nos narra y cada una de las intrahistorias, a modo de strep-tease emocional. La historia global que se nos cuenta (o que yo creo que se nos cuenta) es que la vida está plagada de carencias y eso precisamente, justo lo que no tenemos, es lo que condiciona nuestra vida y nos define, lo que nos mueve o nos para. Las intrahistorias son muy diversas… Hay personajes enfadados, cínicos, impotentes ante el hecho de no poder plasmar en palabras lo que quieren decir. Si nos definen nuestras imperfecciones, todo lo que queremos ocultar y sólo sale a la luz en la intimidad que nuestra parte oscura comparte con el demonio, estas historias son nuestras historias, las de cada lector. Historias de la carencia, del miedo, de la incertidumbre, de la impotencia, porque en la vida no basta con querer para poder.

La prosa de Oscar Sipán es tal y como siempre ha sido (me encantaron sus libros de relatos). Uno lo lee con un lápiz en la mano para subrayar sus destellos, esas expresiones que, en pocas palabras, alumbran la página como una bombilla un cuarto oscuro. Leo y releo esas expresiones y me quedan en la memoria tiempo después de haberlas leído.

Me ha gustado este libro porque hay en él emoción, amor a las palabras y a las historias que nos cuenta, hay melancolía, de esa melancolía dulce y tierna que hiere y gusta al mismo tiempo. Cuando alguien escribe como lo hace Sipán, no sólo nos cuenta sus historias, sino que nos recuerda las nuestras, nos trae a la memoria todo lo que una vez nos marcó, así todos somos el relojero, la mujer del ciclista o ese pobre escritor que no escribe. Porque eso hace la buena literatura, enseñarnos que no somos tan diferentes del resto de los mortales, que somos una carencia con corazón esperando a que ese sueño se nos cumpla.

7 comentarios:

Bandolera dijo...

Mire, ya no es que no sabe uno cómo decirlo: la novela es novela y el cuento es cuento. No da igual, señorita.
¿Sería lógico decir: "no sabemos si es un libro de poemas o una novela histórica, pero, bueno, da igual"? Pues aquí, tres cuartos de ídem.
Mire, le doy una receta fácil, para dummies: si un capítulo cualquiera de ese libro puede leerse de forma absolutamente independiente del resto, hay dos opciones: es un libro de cuentos o una novela mal construida. Así de fácil.
Se empeñan en criticar sin haber leído y en sacar siempre a los amigos y pasa lo que pasa...
¿Es que cuando van a la librería lo hacen con las orejeras puestas y siempre le asaltan los libros de los mismo o qué?
Bah.

Marta María López dijo...

Lo que usted diga, pero a mí me da igual porque no voy a reflexionar sobre esa cuestión en este blog. Ahora bien, si quiere que me moje, me mojo: creo que son relatos que tratan de buscar un hilo conductor. Lo mismo puedo decir de Tangram, la novela (o no) de Juan Carlos Márquez, de la que hablaré próximamente. Sí es cierto que noto que muchos cuentistas, cuando se lanzan a escribir una novela, escriben un híbrido que consiste en una idea global dividida en capítulos con vida independiente (relatos, vamos), ¿y qué? Si nos vamos al pasado remoto de la novela y vemos las numerosas críticas que recibió el género y los múltiples debates hasta definirla como “un cajón donde todo cabe” (lo cual suene bastante despectivo), se le quitan a uno las ganas de ponerle puertas al campo. No sé si me explico. Tanto me da que sea novela como que sea un libro de relatos que pretende ser novela. Busco que, sea lo que sea, me guste y me ha gustado. Ya sé que ahora me dirá eso de “le ha gustado en comparación con qué” y ahí debo decirle que en comparación con otras obras de autores españoles contemporáneos que he leído, que es con lo que lo comparo, porque si comparamos todos los libros que se publican en España con Chéjov, por ejemplo, ninguno saldría bien parado. Ninguno.

Marta María López dijo...

Por cierto, el autor del libro no es amigo mío. No lo he visto en mi vida.

Anikaa dijo...

Sólo diré una cosa: me está urgiendo leerlo. Lo digo desde aquí, apoltronada en mi ignorancia (no conozco al autor!!) Hay que solucionarlo (¡gracias!)

IGNACIO dijo...

A palabras necias....Bueno Marta, me parece buenísimo tu blog, llegué a el por la entrevista a Marcelo Lillo. Entonces además de felicitarte por los contenidos del Blog, quisiera saber si tú me puedes ayudar a contactar a M. Lillo. Te lo agradecería infinitamente. Adiós y saludos desde Chile.

Vigo dijo...

Eh!! Concesiones!

Ná, por tocar las narices un poquito ;P

Un saludo.
V.

Marta María López dijo...

:D Sí, Vigo, gracias. Ahora lo cambio.