miércoles 8 de julio de 2009

Poemas (Emily Dickinson)


La primera vez que leí a Emily Dickinson (tendría unos dieciséis años más o menos) no me gustó. No comprendí ni capté la grandeza de sus versos. Mucho tiempo después volví a leerla sin demasiado éxito tampoco. Y hace sólo un par de semanas me animé a comprar este volumen, cuyos poemas han sido seleccionados y traducidos por Silvina Ocampo. Descubrí entonces a una Emily Dickinson distinta, llena de referencias a la naturaleza que la rodeaba como manera de explicarse, alusiones a la Biblia, a pérdidas… Hay en ellos un mundo completamente hacia adentro, quizás porque vivió gran parte de su vida recluida primero en su casa y más tarde en su cuarto, sin salir de él. Bien porque no comprendiera el mundo, bien porque se sentía incomprendida por quienes la rodeaban, lo cierto es que de forma caótica, desorganizada y sin correcciones, dejó un gran número de poemas inéditos que fueron publicados después de su muerte. La mayoría de sus versos me parecen el reflejo de la sensación de un instante, de un recuerdo, de un dolor que resquema tanto tiempo después de sufrido. Me han parecido, en realidad, poemas enigmáticos, herméticos, propios de alguien que vivió volcada hacia adentro y que escribió sólo para sí misma, sin la intención de ser leída ni comprendida por nadie.

viernes 3 de julio de 2009

Diario de Nueva York (Julie Doucet)


Julie Doucet nació en Quebec en 1965, estudió en la Facultad de Bellas Artes de Montreal y se trasladó primero a Nueva York y más tarde a Seattle y Berlín. Finalmente regresó a Montreal. Ganó en 1991 el Harvey Award al talento revelación de ese año.

Diario de Nueva York (nominada como mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona, en 2002) es autobiográfica, cruda y tierna a la vez, una obra donde la autora nos cuenta su vida de adolescente rara en la universidad, sus relaciones sexuales, su primera vez, sus ataques de epilepsia, su relación con las drogas y su traslado a Nueva York donde vive en un apartamento diminuto con un novio que está loco.
Sus dibujos, sus trazos, son caóticos, oscuros, llenos de detallismo. Es una autora emparentada con la estética y la dinámica a la hora de escribir historias de gente como Chester Brown y Dupuy & Berberian.

Es una maravilla de cómic editada por Inrevés con el buen gusto y el cuidado que caracteriza todo lo que hacen.

lunes 22 de junio de 2009

Un poema de Silvia Ugidos

CIRCE ESGRIME UN ARGUMENTO
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Si regresas, Ulises,
encontrarás allí en Ítaca una mujer cobarde:
Penélope ojerosa
que afanosa y sin saberlo
le teje y le desteje una mortaja
al amor. Ella pretende
aferrarse y aferrarnos a lo eterno.
Si regresas
hacia un destino más infame aún
que éste que yo te ofrezco
avanzas si vuelves a su encuentro.
Más enemigo del amor y de la vida
que mis venenos
es vuestro matrimonio, vil encierro.
Quédate, Ulises: sé un cerdo.
-
(Las pruebas del delito, 1997)

miércoles 17 de junio de 2009

Quédate donde estás (Miguel Ángel Muñoz)


Miguel Ángel Muñoz me ha descubierto a través de su blog a muchos autores. Me ha despertado las ganas de leer muchos libros. Me ha hecho reflexionar sobre cuestiones que tienen que ver con el relato. Por eso hoy estoy encantada de hablar de su libro.

Me encantó Quédate donde estás, tejido a base de relatos largos unas veces y muy breves otras. Destacaría esa mezcla de realidad y ficción que suponen todas esas historias que tienen como protagonistas a escritores admirados por el autor: Kafka, Ford, Onetti, Carver, Salinger… Relatos que no son relatos en el estricto sentido de la palabra y, sin embargo, sí lo son. Reflexiones sobre el oficio del escritor y el mundo que lo rodea. En realidad, casi todos los relatos, incluso aquellos en los que no se habla de escritores explícitamente, son un cuestionamiento acerca de la escritura. Se adivina al autor esforzado y concienzudo que hay detrás de cada línea.

Se abre este volumen con Quiero ser Salinger. Lo leí en la propia librería, de pie entre las estanterías, antes de haber comprado el libro, y me enganchó, me ganó como futura lectora atenta.

He leído en algunos blogs los comentarios hechos a este libro y parecen valorar más sus relatos largos (el maravilloso Vitruvio, por ejemplo, o los estupendos El reino químico y Los niños hundidos (incluido este último en la antología de relato fantástico Perturbaciones)), sin embargo yo encuentro maravillosos también sus relatos más breves: Ácaros, sin ir más lejos, con ese alérgico que tiene que ir desprendiéndose de sus libros, o Jabón de Marsella y esa mujer olorosa del autobús. Y Vaivén, sobre todo Vaivén, que narra un día de caza compartido entre Richard Ford y Raymond Carver, donde el gran ciervo derribado de un disparo es mucho más que un ciervo.

Comentario especial merece Hacer feliz a Franz, un estupendo relato en el que se le cumple a Kafka ese deseo de soledad y aislamiento, de dedicación plena a la escritura. Un relato con insecto incluido.

Después de leer todos los relatos me quedé donde estaba, tal y como indica el título: con el libro entre las manos y unas ganas enormes de releerlo.
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Entrevistas al autor en:

lunes 1 de junio de 2009

Cuentos completos (Flannery O'Connor)


Siempre he sentido debilidad por los autores norteamericanos en general y los sureños muy en particular. De un territorio con tantas heridas abiertas, que ha saboreado la derrota tan de cerca y aún trata de levantarse, tenían que surgir a la fuerza autores con una visión terrible de la vida y del ser humano. Entre mis favoritos están Faulkner, Twain, Capote, Tennessee Williams, aunque sobre todo, destacaría a cuatro mujeres: Zora Neale Hurston, Carson McCullers, Flannery O’Connor y Harper Lee, con su única y maravillosa novela Matar a un ruiseñor.

Pero hoy sólo quiero hablar de Flannery, la chica de clase acomodada, nacida en Georgia (como Scarlett O’Hara), la chica enfermiza que murió joven y escribía sobre la maldad del alma humana, la chica que criaba pavos reales. Dicen de ella que cultivaba el llamado “gótico sureño”, que seguía los pasos estilísticos y temáticos de Faulker, pero yo creo que era mucho más que todo eso. Los escenarios despoblados del sur, los personajes grotescos, el tema racial, la religiosidad extrema, la maldad, la ironía que imprimía en el desenlace de sus historias, la amargura y la mirada tan particular hacen de ella una escritora única. En mi opinión, la más destacada del siglo XX norteamericano. El horror en los relatos de esta autora surge de mirarse a uno mismo en profundidad y también de mirar a los otros, a quienes nunca llegamos a comprender. El ser humano no es perfecto, y así aparece reflejado en estos relatos. El ser humano es malo, está enfermo o es débil. Algo le falta, algo que lo condena a una existencia coja y arrastra en esa cojera vital a sí mismo y a los demás.

Los personajes de Flannery se agarran, pequeños como son, a los últimos vestigios de pretendida superioridad con la fiereza con la que los imperios caídos se agarran a su último territorio o las familias venidas a menos tratan de no vender la casa solariega con escudo. Son personajes que quieren no saberse tan pequeños, que quieren tener constancia de que pueden mirar a alguien por encima del hombro, tal y como le ocurre al viejo Dudley, el protagonista de El geranio, el relato que abre este libro. Llega a una ciudad norteña para vivir con su hija, pero la ciudad es un caos que lo descoloca y le muestra un mundo que rompe con el orden que él conocía y consideraba “decente”. “No t’han educao para vivir apretujada con estos negros del norte que se creen que valen lo mismo que tú”, le dice a su hija.

Son muchos los relatos que querría destacar: El tren, La buena gente del campo, Un hombre bueno es difícil de encontrar… Relatos donde la humillación, la maldad, la sensación de pérdida y la angustia son tan poderosos que se nos instalan en el cuerpo casi como si nosotros mismos fuésemos personajes de esos relatos.

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