
Se trata de una novela donde escuchamos varias voces, a varios narradores regalándonos sus historias. Una amiga mía dice que son relatos que tienen un marco común: los narradores-protagonistas viven en el mismo edificio. Qué más da si se trata de relatos o novela, lo importante es la historia en conjunto que se nos narra y cada una de las intrahistorias, a modo de strep-tease emocional. La historia global que se nos cuenta (o que yo creo que se nos cuenta) es que la vida está plagada de carencias y eso precisamente, justo lo que no tenemos, es lo que condiciona nuestra vida y nos define, lo que nos mueve o nos para. Las intrahistorias son muy diversas… Hay personajes enfadados, cínicos, impotentes ante el hecho de no poder plasmar en palabras lo que quieren decir. Si nos definen nuestras imperfecciones, todo lo que queremos ocultar y sólo sale a la luz en la intimidad que nuestra parte oscura comparte con el demonio, estas historias son nuestras historias, las de cada lector. Historias de la carencia, del miedo, de la incertidumbre, de la impotencia, porque en la vida no basta con querer para poder.
La prosa de Oscar Sipán es tal y como siempre ha sido (me encantaron sus libros de relatos). Uno lo lee con un lápiz en la mano para subrayar sus destellos, esas expresiones que, en pocas palabras, alumbran la página como una bombilla un cuarto oscuro. Leo y releo esas expresiones y me quedan en la memoria tiempo después de haberlas leído.
Me ha gustado este libro porque hay en él emoción, amor a las palabras y a las historias que nos cuenta, hay melancolía, de esa melancolía dulce y tierna que hiere y gusta al mismo tiempo. Cuando alguien escribe como lo hace Sipán, no sólo nos cuenta sus historias, sino que nos recuerda las nuestras, nos trae a la memoria todo lo que una vez nos marcó, así todos somos el relojero, la mujer del ciclista o ese pobre escritor que no escribe. Porque eso hace la buena literatura, enseñarnos que no somos tan diferentes del resto de los mortales, que somos una carencia con corazón esperando a que ese sueño se nos cumpla.






