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08 noviembre 2009
02 noviembre 2009
La historia de tu vida (Ted Chiang)
Conocí a Ted Chiang gracias a la generosidad de José Luis Rendules. Chiang, considerado por muchos como el gran maestro actual de la ciencia ficción, escribe (según sus propias palabras) sólo a ratos, vamos, que no vive de la literatura. De vez en cuando, se le ilumina una bombilla sobre la cabeza, como ocurre en los cómics, y se encierra para dar forma a un relato.
De pequeña era una amante de la ciencia ficción, del mismo modo que hoy soy una amante de la literatura fantástica. En La historia de tu vida aparecen relatos que me recuerdan a la ciencia ficción hard, la más apegada a las leyes físicas y donde predomina el carácter científico de las obras tratando de ser lo más realistas posibles. La influencia podría estar, creo yo, en las obras de autores como Gregory Bendford y Robert J. Sawyer. Hay otros relatos más centrados en profundizar en los conocimientos del ser humano y los límites de dichos conocimientos.
El primer relato del libro, La torre de Babilonia, es una pequeña joya en cuando al desarrollo temático. Un artesano debe subir hasta la parte superior de la torre de Babilonia para descubrir qué hay al otro lado de la bóveda celeste. A través del relato se van desgranando los conocimientos babilónicos acerca del mundo y cómo esos conocimientos, equivocados o no, les sirvieron para recrear el universo.
Otro de los grandes relatos del libro es El Infierno es la ausencia de Dios donde se reflexiona sobre las religiones y las creencias en un mundo donde diariamente Dios, los ángeles y las fuerzas infernales hacen acto de presencia en la vida de los humanos para demostrar su existencia.
Dividido entre cero es un relato que me ha interesado muy especialmente por su temática. Las Matemáticas no son fiables, y ¿cómo reaccionamos cuando aquello que es la base de nuestro mundo no es fiable? ¿Cómo nos enfrentaos a conclusiones que ponen en tela de juicio todo aquello en lo que habíamos creído?
Dejo para el final, precisamente porque es mi favorito, Setenta y dos letras. Se trata de un relato steampunk (me ha hecho pensar mucho en El mapa del tiempo de Félix J. Palma, más por la estética que por otro cosa). El relato tiene claras influencias cabalísticas ya que en él se apunta la posibilidad de dar forma, gracias a la palabra, a la sustancia del universo. Partiendo de los antiguos golems, crea unos personajes, los autómatas, cuya función es que nuestra vida sea menos complicada. Al igual que al golem se le daba vida o muerte escribiendo en su mano con letras hebreas las palabras vida o muerte, otro de los personajes del relato, el nomenclátor, estudia de qué manera hay que disponer las letras para crear las palabras que impriman vida a lo inorgánico. El nomenclátor acaba descubriendo el modo de hacer que un autómata tenga la capacidad de animar la materia sin la intervención humana.
Repito que es un libro deslumbrante. Muchos de los relatos han ganado, de forma independiente, varios premios literarios, como el Hugo o el Nebula, y la colección completa de estos cuentos, bajo el título de La historia de tu vida, ha ganado el Locus 2003.
De pequeña era una amante de la ciencia ficción, del mismo modo que hoy soy una amante de la literatura fantástica. En La historia de tu vida aparecen relatos que me recuerdan a la ciencia ficción hard, la más apegada a las leyes físicas y donde predomina el carácter científico de las obras tratando de ser lo más realistas posibles. La influencia podría estar, creo yo, en las obras de autores como Gregory Bendford y Robert J. Sawyer. Hay otros relatos más centrados en profundizar en los conocimientos del ser humano y los límites de dichos conocimientos.
El primer relato del libro, La torre de Babilonia, es una pequeña joya en cuando al desarrollo temático. Un artesano debe subir hasta la parte superior de la torre de Babilonia para descubrir qué hay al otro lado de la bóveda celeste. A través del relato se van desgranando los conocimientos babilónicos acerca del mundo y cómo esos conocimientos, equivocados o no, les sirvieron para recrear el universo.
Otro de los grandes relatos del libro es El Infierno es la ausencia de Dios donde se reflexiona sobre las religiones y las creencias en un mundo donde diariamente Dios, los ángeles y las fuerzas infernales hacen acto de presencia en la vida de los humanos para demostrar su existencia.
Dividido entre cero es un relato que me ha interesado muy especialmente por su temática. Las Matemáticas no son fiables, y ¿cómo reaccionamos cuando aquello que es la base de nuestro mundo no es fiable? ¿Cómo nos enfrentaos a conclusiones que ponen en tela de juicio todo aquello en lo que habíamos creído?
Dejo para el final, precisamente porque es mi favorito, Setenta y dos letras. Se trata de un relato steampunk (me ha hecho pensar mucho en El mapa del tiempo de Félix J. Palma, más por la estética que por otro cosa). El relato tiene claras influencias cabalísticas ya que en él se apunta la posibilidad de dar forma, gracias a la palabra, a la sustancia del universo. Partiendo de los antiguos golems, crea unos personajes, los autómatas, cuya función es que nuestra vida sea menos complicada. Al igual que al golem se le daba vida o muerte escribiendo en su mano con letras hebreas las palabras vida o muerte, otro de los personajes del relato, el nomenclátor, estudia de qué manera hay que disponer las letras para crear las palabras que impriman vida a lo inorgánico. El nomenclátor acaba descubriendo el modo de hacer que un autómata tenga la capacidad de animar la materia sin la intervención humana.
Repito que es un libro deslumbrante. Muchos de los relatos han ganado, de forma independiente, varios premios literarios, como el Hugo o el Nebula, y la colección completa de estos cuentos, bajo el título de La historia de tu vida, ha ganado el Locus 2003.
Publicado por Marta María López 7 comentarios
28 octubre 2009
Novedad: Esbozos de soledad (Emilio Muñoz Gómez)
Emilio Muñoz Gómez (La Mojonera, Almería, 1985) acaba de publicar en la editorial Círculo Rojo su primer libro de poemas, Esbozos de soledad, en el que reúne lo que ha ido escribiendo a lo largo de los años. En sus versos trata el tema del desamor, de la melancolía por todo lo perdido, hace estampas de su pueblo, del mundo que le rodea.
Publicado por Marta María López 0 comentarios
10 octubre 2009
Mexicanas (I): Nahui Olin
“Ninfómana”, ese es el calificativo que ha acompañado desde siempre a esta mujer. Ninfómana por ser libre, imagino, por hacer lo que le daba la gana en un México, en un mundo, en el que las mujeres no tenían derecho a casi nada. Ninfómana por creativa, por culta, por inconformista. La llamaban ninfómana por no saber cómo designar a las mujeres que no se resignaban a ser simplemente esposas o m
onjas, los dos únicos destinos a los que parecían estar abocadas.
El primer nombre que se le impuso a Nahui Olin fue el de Carmen Mondragón. Nació en Ciudad de México en 1893, hija de un militar que había ostentado altos cargos durante el gobierno de Victoriano Huerta. Siendo aún muy niña, fue enviada a estudiar a Francia. Se casó muy joven, con 19 años. Su marido, un militar del que se decía que era homosexual, la llevó a París y allí conocieron a Picasso y Diego Rivera. En 1921 regresa a México y quiere divorciarse, pero sus padres lo impiden.
Su vida da un giro cuando conoce en una fiesta al pintor y escritor Gerardo Murillo. Él describiría después ese momento:
“Entre el vaivén de la multitud que llenaba los salones se abrió ante mí un abismo verde como el mar, profundo como el mar: los ojos de una mujer. Yo caí en ese abismo instantáneamente”.
La relación, al principio, sólo es epistolar, pero finalmente se hacen amantes. Todo el mundo rechaza a Carmen en estos momentos porque está en boca de media ciudad. Gerardo Murillo se hace llamar Doctor Atl (Doctor Agua en nahualt) por un incidente que tuvo cuando viajaba en un barco. Parece que ese seudónimo se lo debe a Leopoldo Lugones. Es el Dr. Atl el que comienza a llamarla Nahui Olin (fecha del calendario azteca que hace referencia a la renovación de los ciclos). Juntos llevan a cabo una intensa actividad cultural: escriben y pintan, son los protagonistas de todas las veladas intelectuales del México del momento. Sin embargo, pasado el tiempo, la relación se vuelve agria y violenta y terminan definitivamente.
El gran amor de su vida sería Eugenio Agacino, capitán de un barco de la Compañía Transatlántica Española. En esta época pinta retratos de ambos en diversas ciudades, a veces de temática erótica. Cuando él muere por culpa de una intoxicación, ella cae en un estado depresivo. Pinta el retrato de él en una sábana y se cubre con ella por las noches. Su situación económica se agrava y se ve obligada a dar clases de pintura para poder malvivir. Dicen que sus últimos años fueron terribles y que aquellos que la habían admirado y deseado, aquellos que la habían perseguido, se alejaron definitivamente de ella. Murió en 1978 en la misma habitación en la que había nacido.

La enorme belleza de Nahui Olin y sus grandes ojos verdes hacen que sean varios los fotógrafos que se la disputen como modelo. Aparece retratada en una serie de desnudos realizados por Edward Weston que causaron gran escándalo en la época. Rex Ingram, el director de Greta Garbo, queda tan impactado al conocerla que le propone participar en una de sus películas, pero ella lo rechaza. Son su cuerpo y su rostro los que aparecen en el mural del Anfiteatro Bolívar realizado por Diego Rivera que se titulaba La poesía erótica.
Los cuadros de Nahui Olin se caracterizan por retratar escenas típicas de la vida mexicana en un estilo naif. Sus versos son un canto a la libertad de ser al margen de las convenciones sociales. Gracias a ella y a otras mujeres brillantes de la época cuyas vidas no fueron en absoluto típicas, ni pacatas, ni mucho menos apegadas a las costumbres encorsetadas del momento, el México de los años 20, 30 y 40 fue un hervidero cultural. Hablo aquí de la vida de Nahui Olin como un homenaje a la libertad y a todas las mujeres que en años poco propicios para ello se atrevieron a vivir como les daba la gana y a crear una obra que era fiel reflejo de esa vida.
onjas, los dos únicos destinos a los que parecían estar abocadas.El primer nombre que se le impuso a Nahui Olin fue el de Carmen Mondragón. Nació en Ciudad de México en 1893, hija de un militar que había ostentado altos cargos durante el gobierno de Victoriano Huerta. Siendo aún muy niña, fue enviada a estudiar a Francia. Se casó muy joven, con 19 años. Su marido, un militar del que se decía que era homosexual, la llevó a París y allí conocieron a Picasso y Diego Rivera. En 1921 regresa a México y quiere divorciarse, pero sus padres lo impiden.
Su vida da un giro cuando conoce en una fiesta al pintor y escritor Gerardo Murillo. Él describiría después ese momento:
“Entre el vaivén de la multitud que llenaba los salones se abrió ante mí un abismo verde como el mar, profundo como el mar: los ojos de una mujer. Yo caí en ese abismo instantáneamente”.
La relación, al principio, sólo es epistolar, pero finalmente se hacen amantes. Todo el mundo rechaza a Carmen en estos momentos porque está en boca de media ciudad. Gerardo Murillo se hace llamar Doctor Atl (Doctor Agua en nahualt) por un incidente que tuvo cuando viajaba en un barco. Parece que ese seudónimo se lo debe a Leopoldo Lugones. Es el Dr. Atl el que comienza a llamarla Nahui Olin (fecha del calendario azteca que hace referencia a la renovación de los ciclos). Juntos llevan a cabo una intensa actividad cultural: escriben y pintan, son los protagonistas de todas las veladas intelectuales del México del momento. Sin embargo, pasado el tiempo, la relación se vuelve agria y violenta y terminan definitivamente.

El gran amor de su vida sería Eugenio Agacino, capitán de un barco de la Compañía Transatlántica Española. En esta época pinta retratos de ambos en diversas ciudades, a veces de temática erótica. Cuando él muere por culpa de una intoxicación, ella cae en un estado depresivo. Pinta el retrato de él en una sábana y se cubre con ella por las noches. Su situación económica se agrava y se ve obligada a dar clases de pintura para poder malvivir. Dicen que sus últimos años fueron terribles y que aquellos que la habían admirado y deseado, aquellos que la habían perseguido, se alejaron definitivamente de ella. Murió en 1978 en la misma habitación en la que había nacido.

La enorme belleza de Nahui Olin y sus grandes ojos verdes hacen que sean varios los fotógrafos que se la disputen como modelo. Aparece retratada en una serie de desnudos realizados por Edward Weston que causaron gran escándalo en la época. Rex Ingram, el director de Greta Garbo, queda tan impactado al conocerla que le propone participar en una de sus películas, pero ella lo rechaza. Son su cuerpo y su rostro los que aparecen en el mural del Anfiteatro Bolívar realizado por Diego Rivera que se titulaba La poesía erótica.
Los cuadros de Nahui Olin se caracterizan por retratar escenas típicas de la vida mexicana en un estilo naif. Sus versos son un canto a la libertad de ser al margen de las convenciones sociales. Gracias a ella y a otras mujeres brillantes de la época cuyas vidas no fueron en absoluto típicas, ni pacatas, ni mucho menos apegadas a las costumbres encorsetadas del momento, el México de los años 20, 30 y 40 fue un hervidero cultural. Hablo aquí de la vida de Nahui Olin como un homenaje a la libertad y a todas las mujeres que en años poco propicios para ello se atrevieron a vivir como les daba la gana y a crear una obra que era fiel reflejo de esa vida.
Independiente fui, para no permitir pudrirme sin renovarme;
hoy, independiente, pudriéndome me renuevo para vivir.
Los gusanos no me darán fin -son los grotescos destructivos
de materias sin savia, y vida dan, con devorar lo ya podrido
del último despojo de mi renovación-.
Y la madre tierra me parirá y naceré de nuevo,
de nuevo ya para no morir...
-
(Nahui Olin)
Publicado por Marta María López 7 comentarios
24 septiembre 2009
Carne (Eider Rodríguez)
Los relatos reunidos en Carne, de Eider Rodríguez, me han gustado. El primero de ellos, que da título al libro, es estupendo: un opositor que está en una playa nudista salva a un niño de ahogarse y comienza a sentirse dominado por la belleza de este niño y la voluptuosidad de la madre.También me interesaron especialmente los relatos Se vende (una búsqueda de piso un tanto chocante) y No vale un gato (cuya protagonista no puede –ni quiere- llegar puntual a su trabajo).
Si algo caracteriza a Eider Rodríguez es su estilo áspero e incómodo, también el tono irónico o paródico. Sus personajes resultan unas veces grimosos y otras, tristes. Merece la pena leer a Eider Rodríguez.
Publicado por Marta María López 4 comentarios




